"Indignados" de Barcelona (EFE para 'El Mundo')
La organización política que rige los destinos de cada país es el resultado de un largo proceso evolutivo marcado por los avatares de su historia que fueron generando unas normas, unos acuerdos sociales, unos puntos de consenso generalizados en el conjunto de la población.
Toda organización política es imperfecta; puede y debe ser mejorada. Para ello existen dos caminos: la revolución y la evolución.
La experiencia de la Historia muestra que las revoluciones no son un buen camino. Producen fracturas en el sistema que conduce a la implantación de sistemas autoritarios, si no despóticos. La evolución, sin embargo, es mucho más estable, regenera, impulsa, favorece el desarrollo de estructuras nuevas sustentadas en las aspiraciones de la mayoría, que mejoran siempre el sistema.
Es posible que el movimiento 15M haya sido un brote entre ingenuo y voluntarista de corregir los defectos de nuestro sistema en su origen; pero los hombres y mujeres de buena voluntad que pretendieron cambiar su mundo en su momento, han sido sustituidos por los antisistema, pervirtiendo el objetivo inicial de la protesta.
Es muy grave lo que ha ocurrido estos días en la toma de posesión de los Consistorios y Gobiernos autonómicos; aunque no es más que una segunda edición de un desacato previo: la violación de la jornada de reflexión, bendecida por el Ministro del Interior, más preocupado por los resultados electorales que por el interés común.
El titular de la cartera de Interior ha seguido manteniendo la misma postura de dejación de funciones y eso es más grave que los disturbios; porque lo ocurrido en las tomas de posesión es delito y quien debe ser el primero en perseguir el delito se ha lavado las manos; pero la alarma máxima que entraña es trascendente; porque presagia un futuro inmediato muy oscuro en épocas convulsas, que lo último que necesitan es que el fenómeno kale borroka se contagie a toda España.
Será necesario tomar, con el nuevo Gobierno salido de las elecciones generales, un montón de medidas muy duras y restrictivas de la capacidad adquisitiva, de la seguridad laboral, incluso de las prestaciones sociales a las que estamos acostumbrados, para corregir los efectos de la combinación del derroche delirante, el desgobierno y la crisis interna y externa que nos ha azotado.
Necesitamos disciplina, capacidad de sacrificio y, sobre todo, sentido común y paz social, para atravesar la dura fase que nos espera para no entrar en quiebra y sentar las bases de una prosperidad sólida a medio y largo plazo.
Las kale borroka que nos ha invadido va a impedir que ese clima, necesario para la recuperación, resulte una quimera. Todos estos actos desarrollados ante la pasividad del Ministerio del Interior son la semilla de las movilizaciones, los excesos y barbarie que nos deja en herencia, para rematar la crisis total, de la que nada se escapa a estas alturas en nuestra sociedad el actual Gobierno y en especial, el Ministro del Interior.
Espero que los españoles encontremos un camino para hacer pagar a los responsables de esta locura la política de tierra quemada que adoptaron cuando vieron que perdían el poder sin remedio. Para ello, hace falta un segundo movimiento de ciudadanos comprometidos, más que respetuosos, vigilantes celosos de salvaguardia de la democracia, que exijan al nuevo Gobierno la jura de cuentas de sus antecesores y nos ayuden a impartir un castigo ejemplar a los responsables de la debacle, aunque sólo sea para sentar un precedente que disuada en el futuro a un Gobierno a practicar la ingeniería social que aplicó este, llevándonos al naufragio absoluto.