Estoy bastante confusa con la huelga de profesores de enseñanza pública. Por lo leído, las normas señalan un tope máximo de horas lectivas y el incremento aplicado por la Comunidad de Madrid es inferior en una hora semanal al establecido.
Decido llamar a una amiga, profesora en la enseñanza concertada, para cotillear con ella sobre el tema con una parte neutral.
En el plano ideológico es neutral por completo, con lo que tengo la certeza de que no mediatizará su impresión ninguna tendencia política.
Me cuenta que los profesores de colegios concertados trabajan más horas que los de la enseñanza pública, tienen más alumnos por aula, por lo general, porque sus centros tienen mayor demanda, aunque hay escuelas e institutos muy acreditados que les igualan y superan a los públicos (salvo esas excepciones) por cuerpos.
Asegura que la «revuelta» es cien por cien política y me plantea cifras del programa PISA. En Shangai o Singapur las jornadas lectivas empiezan a las siete y ocho de la mañana y finalizan en torno a las seis de la tarde, los profesores tienen más de cuarenta alumnos bajo su tutela, hay un mes o dos, como mucho, de vacaciones, no hay recursos informáticos a su servicio y esos dos países están en los primeros puestos del éxito escolar del informe.
No es que en España tengan muchos más recursos; pero tienen menos alumnos por aula y más medios. Pese a eso, los resultados son mucho más pobres.
La calidad de la enseñanza, me resume, se basa en los siguientes pilares: convencimiento del profesor de que su papel es clave en la vida de sus alumnos; su capacidad para hacer atractiva la explicación y facilitarles la comprensión de lo que les explican; la autoridad material y moral que detentan ante los discentes; el apoyo que les presta el centro y la sociedad frente a conductas agresivas u obstruccionistas de los alumnos.
Creo que me ha quedado claro y que sus explicaciones son tan reveladoras para ustedes como para mí.