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30/12/11

Tengo derecho



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Hoy hay muchas noticias para comentar: la imputación de Urdangarín, el encausamiento en el Suprepmo de Blanco, la candidatura de Rubalcaba; pero eso son noticias menores, irrelevantes.

Hoy tenía el propósito de introducir un texto de felicitación del año nuevo a mis seguidores, porque mañana inicio una vorágine de preparativos en mi condición tradicional de heredera de mi suegra que no ha tenido hijas y cumplo con un placer que entenderán si les cuento que puedo reunir catorce personas entre hermanos, suegra, cuñados, hijos y sobrinos, librándome de la maldición de los cuñados. Las risas son la tónica, la ternura el lazo, el amor el sustrato que nos une por encima de toda diferencia.

No hablaré de ninguno de esos temas estrella. Mi corazón de madre, esposa, hermana e hija me exigen rendir un tributo a esa familia granadina que vino a Gijón a disfrutar unas vacaciones y se vio mermada de modo dramático.

Quiero que conste mi más sentido pésame, mi absoluta consternación ante el drama que viven. Quiero que sepan que rezo (porque en estas circunstancias se necesita un milagro) porque el niño desaparecido se presente sano y salvo en cualquier momento.

Quiero que esas familias, aunque nunca lleguen a saber que hoy me sumé a su dolor, sean las protagonistas de mi entrada; porque todas las demás noticias no tienen un relieve digno de ser resaltado si se enfrentan al drama de un hombre muerto y un niño desaparecido. 

Ningún cargo político o administrativo es indispensable en ningún puesto. Siempre hay recambios que lo harían tan bien o mejor. No cabe esa flexibilidad en el puesto de padre o hijo. Son irreemplazables y, por eso, rindo tributo a esta familia, le envío la mayor compasión (en tanto soy capaz de captar su drama poniéndome en el lugar de cualquiera de los familiares de las víctimas) auténtica protagonista de la jornada, merecedora de que la arropemos con lo mejor de nuestros sentimientos, aunque eso me impida redactar el  «feliz salida y entrada de año» que había planeado.