19/5/11

Los culebrones de Teddy Bautista





Hay que reconocerle un mérito al antiguo líder de 'Los Canarios' para popularizar la Sociedad General de Autores y Editores de España. Hasta hace pocos años, esta entidad era una desconocida para el gran público. Había noticias vagas de que existía; pero solo la conocían bien sus socios; todos los demás vivíamos en la ignorancia.

Y seguimos en ese plano existencial. He accedido  a sus estatutos e informes; conozco bien la Ley de Propiedad Intelectual; pero estos datos, llamémoslos globales, no me permiten llegar al conocimiento necesario para comprender cómo un organismo de gestión de los derechos de sus socios (que, por su naturaleza, acoge a una inmensa mayoría de modestos autores y editores y a una minoría de grandes triunfadores que facturan grandes sumas en concepto de derechos de la propiedad intelectual) ha conseguido un patrimonio y una liquidez tan espectacular.

Se supone que, para cumplir el conjunto de objetivos, el importe del porcentaje que se le cobra al autor por la gestión de sus derechos debe ser el mínimo posible; puesto que si un autor modesto, pongamos por caso, deja la tajada del león del beneficio de su obra en el pago de los gastos de gestión, no le compensará asociarse a ella. Hemos visto, lo pueden rastrear en la prensa y al final del enlace del texto de la Wikipedia que he aportado, que la SGAE dispone de una amplia red de oficinas de gestión en la que se incluyen un grupo de inspectores que patea locales públicos, se cuela en bodas, bautizos, comuniones, fiestas privadas y todo tipo de eventos en los que la costumbre social incluya por tradición la divulgación de música o imágenes para exigir el pago. Para su desgracia, suelen perder los pleitos ante los tribunales.

Es en el reinado de Teddy cuando la SGAE se convierte en el terror de los ciudadanos. Si se casa un hijo (o hija) lo primero que tienes que hacer es pasar por la caja de la oficina local de la SGAE a abonar el diezmo (nada desdeñable) si no quieres correr peligro de que te arruine el evento la presencia de un inspector infiltrado.  Le da igual que se trate de conciertos benéficos que de locales que han contratado el Hilo Musical. Cuando cae sobre ti el azote de la SGAE, primero pagas y luego reclamas, como con Hacienda (caricaturizo, quiero que conste por si Teddy me demanda, el sentimiento que ha logrado imbuir su afán recaudatorio en la ciudadanía).

Toda esa gente tiene que suponer un coste en salarios, seguridad social y recursos muy importante, con lo que la gestión de los derechos tiene que arrojar, por lógica unos elevados ingresos para la SGAE. 

Lo que llama la atención es que, a esos gastos, sume la ingente inversión en patrimonio inmobiliario. Su sede desde los años cincuenta del siglo pasado es el Palacio Longoria. Al parecer, le queda pequeño y necesita otro espacio para albergar la sede de la Fundación Autor, parte de la compleja trama de los organismos de la sociedad y logra que el ayuntamiento de Boadilla del Monte le ceda el Palacio del Infante Don Luis. El respeto que exige a los ciudadanos no tiene su correlación con el que muestra la SGAE en sus actuaciones y la lucha de los ciudadanos contra el gran coloso alcanza el éxito de preservar el patrimonio histórico local, poco importante al parecer para los grandes defensores del arte de la SGAE. 

Son muchas las noticias de adquisiciones de edificios por parte de la sociedad, pero baste esta muestra. No faltan contestaciones por parte de los socios, descontentos con la gestión y deseosos de mayor transparencia y contención en el gasto. Más cuando se han conocido los datos de la dorada pensión de jubilación que recibirá Teddy en su momento.

El último episodio en este divertido culebrón (divertido porque los ciudadanos estamos hartos de la codicia de la SGAE que no respeta ni los conciertos benéficos), es reciente. La entidad había acometido un ambicioso proyecto teatral, en el que se combinaba la adquisición de edificios (Palacio del Infante don Luis, teatros Coliseum, Lope de Vega y Palacio de la Música en Madrid) con proyectos de nueva planta, como la Torre de la Música en Valencia o el Auditorio Arteria Al-Andalus de Sevilla. Ayer saltó a los medios el comunicado del arquitecto de cabecera que lleva trabajando veinte años con la SGAE, Santiago Fajardo, en el que presenta su dimisión en el proyecto Al-Andalus el pasado día once de los corrientes. Las espadas están en alto; porque Teddy lo ha despedido, según la versión oficial de la SGAE.

El problema de esta entidad es que su trayectoria en los últimos años la ha desacreditado por completo y los ciudadanos la perciben como una entidad que abusa de ellos, gravándolos con cánones abusivos, reconocidos por los Tribunales y sometiéndoles a una persecución inaceptable. 

Teddy Bautista, que obtuvo un gran éxito con su grupo y unos pocos más de entidad menor tras el gran bombazo, para desaparecer pronto del panorama musical, tiene una pésima imagen entre la ciudadanía y nos inclinamos a creer más al arquitecto que a la SGAE; porque nos ha demostrado que todo lo que tienen de estrictos en los derechos que salvaguardan, lo tienen de laxos en el respeto a los consumidores y al patrimonio histórico y artístico que cae en sus manos.

18/5/11

El ascenso al espacio y la caída del ídolo









No solo es obligado por mi parte, sino que me apetece mucho felicitar a Stormy Mondeys por su éxito al conseguir que su canción Sunrise Number 1 sea elegida para sonar en el transbordador Endeabour que realiza su último viaje espacial. Es obligado porque como española, asturiana y ovetense no deja de ser un orgullo su éxito; pero es que Jorge Otero es hijo de una compañera y excelente amiga. Mi más cordial felicitación al grupo.





Miles de personas protestan en Sol por la situación social y política
Manifestación en Sol (ABC)

La pasividad de los jóvenes, su conformismo, su pasotismo, han sido tema de debate en la sociedad todos estos años de zapaterismo. Sí, estos años; porque antes las movilizaciones, en especial en tiempos de Aznar, contaban con una participación activa de los jóvenes; pero ahora parecía que el espíritu combativo, el ansia de cambiar el mundo que se supone a la etapa vital comprendida entre los quince y los veinticinco-treinta años, había desaparecido de la generación actual. 

No era la educación, la ausencia de inquietudes políticas, la tecnología que se supone que les mantenía aislados en los mundos virtuales, la comodidad. No era nada de lo que tantos psicólogos, sociólogos, analistas de prensa y ciudadanos de a pie comentaban. La cuestión era más simple.

Los jóvenes vieron, al menos en la primera legislatura y por eso le otorgaron de nuevo su confianza en las pasadas elecciones, a uno de ellos en el gobierno. Era un perfecto adolescente, lleno de fantasías, ansioso de cambiar el mundo, seductor y cercano a su ideario. Creyeron en él y si con el paso del tiempo fueron apareciendo inquietudes, las descartaron; porque necesitaban creer en ese espíritu rompedor de moldes que se burla de lo establecido, que reparte con largueza ayudas a la emancipación, subvenciones generosas, cheques bebé, y sobre todo, promesas de un cambio radical en la sociedad 

Hace un año los indicios que no quisieron ver, porque necesitaban mantener intacta la figura del ídolo, les golpearon. Le habían creído a pies juntillas cuando juraba que no había crisis, que era un simple ajuste coyuntural de la economía. 

De repente no sólo reconoce que hay crisis, sino que anuncia unos recortes brutales que les desbordan. No opta por recortar gastos en los grandes sumideros de fondos que consumen fondos sin producir, como esa infinidad de empresas públicas fantasma que no producen nada, que solo sirven para pagar sueldos espléndidos a los afines o en otras partidas que apenas notaría el ciudadano medio, sino que sacrifica a los más vulnerables: jubilados, funcionarios, ayudas a los parados. Lucharon por mantener la fe; pero el sentimiento de traición e injusticia era inevitable y les exigía una lucha por sofocarlo.

Una vez que se abre la primera grieta, la fractura se precipita. Leen en la prensa con demasiada frecuencia que se les han dado subvenciones de seis cifras a los sindicatos, un dinero que, aplicado a las pensiones, al paro, a ayudar a los emprendedores, paliaría mucho los dramas que ven en su entorno directo o cercano. 

Aún queda un reducto que ayuda a luchar por proteger el culto al líder adolescente: su antibelicismo, la seguridad de que, aunque los mercados, los aborrecidos capitalistas le hayan obligado a sacrificar a los más débiles, bien a su pesar, sigue siendo el hombre de paz, diálogo y concordia que nunca nos llevará a una guerra, como lo hizo Aznar. Y de repente, estalló Libia y el mundo se les vino abajo.

Entendieron que todo era un engaño, que no era un idealista, sino un embaucador sin escrúpulos que vendía una mercancía falsa en todos los terrenos y muchos iniciaron la travesía del desierto

El pragmatismo de la derecha, ese amor por el orden, por la contabilidad, por la vulgaridad de preocuparse por el dinero, advertir que se está gastando demasiado en aventuras que no generan ningún retorno, por preguntar cómo vamos a pagar o cuánto nos va a costar esto o lo otro, es irreconciliable con una mentalidad en la que el ideal prima sobre lo material, en la que pedir lo imposible es un programa de vida y eso lo sabemos muchos que también tuvimos quince años y quisimos cambiar el mundo.

La derecha no representa ni puede representar esa mentalidad inquieta y aventurera de quien empieza a descubrir el mundo, sabe lo que no quiere; pero ignora cómo funciona el sistema y la izquierda les ha traicionado con un cinismo y una crueldad imperdonable. Han visto que el principal adalid de la deconstrucción de las instituciones es el gobierno, una vez que aceptaron el engaño. Han escudriñado los compadreos, las componendas de los grandes partidos y se han sentido asqueados.

Y han dicho: «¡Hasta aquí hemos llegado!» Son los putos amos de las redes (lo siento, se llama así técnicamente). Compartieron en ellas su malestar, maduraron su plan y se citaron en un punto concreto. 

Algunos políticos avispados, por ejemplo el PSOE, siempre dispuesto a pescar en río revuelto, intentó cortejarlos (con indecible torpeza) publicando por error en su web su manifiesto y tuvo que retirarlo a toda prisa ante la indignación añadida del movimiento 'Democracia Real Ya' que les ha dejado bien claro que no les representan. Los pobres no han comprendido que la madre y el padre de ese movimiento son ZP y Zapatero, que les ha traicionado

Así que la revolución por el cambio ha cruzado el Estrecho y ha reunido hoy cuatro mil personas, la mayoría jóvenes, en la plaza de Sol. No es posible predecir en qué terminará todo esto; pero como comparto la esencia de su movimiento, como quiero que se saneen las instituciones y se restaure la democracia asolada por Zapatero y sus cuates, es obligado y me apetece muchísimo felicitar a 'Democracia Real Ya' con todo mi corazón.

17/5/11

Altos niveles de toxicidad



Trozos de vida extraterrestre en la Tierra (ABC ciencia)

Si pinchan el enlace que pongo bajo la foto, se enterarán de que esas aguas de Río Tinto contaminadas con una gran cantidad de metales pesados muy tóxicos y escasez de oxígeno, en teoría letales, albergan una increíble diversidad de microorganismos.

Estas noticias animan mucho; porque las campañas electorales emponzoñan la vida de los ciudadanos tanto o más que los metales pesados, devoran el preciado oxígeno de la honestidad y la decencia, llevándonos a temer que moriremos envenenados y asfixiados por lo que hay que oír.

Sin embargo, si uno toma distancia, analiza el panorama y el significado real de los mensajes, la ponzoña se asimila con facilidad. Uno de los socialistas que aprecio y respeto mucho es Joaquín Leguina (aunque reconozco que mi favorito por excelencia es otro Joaquín: Almunia y aún no me he repuesto de las luchas fratricidas que impidieron que fuera Presidente del Gobierno de España). 

Como les decía, Joaquín Leguina participó en una tertulia de la 10 y uno de los tertulianos arrancó su intervención diciendo: «Seguro que a Joaquín Leguina, como republicano, le gustará que...». Joaquín Leguina le respondió: «¡Qué tendrá que ver eso. Antes que republicano soy demócrata».

Ser demócrata, por encima de todo, es respetar las reglas del juego de la democracia. En esas reglas de juego hay un escenario, el Congreso de los Diputados, en el que, entre otras cosas, el gobierno ha de rendir cuentas, someterse a la fiscalización y respetar el papel de los grupos de la oposición que tienen la obligación ineludible de oponerse a las medidas que proponga el gobierno si considera que no se ajustan al interés general. 

Observando el trabajo de la oposición, los ciudadanos podemos hacer crítica, condenar su postura si nos parece que en lugar de una postura constructiva de defensa de nuestros intereses, lo que está haciendo es vetar, por puro partidismo, proyectos beneficiosos para todos persiguiendo el desgaste del gobierno y tomar nota para mostrar nuestro descontento cuando nos llamen a las urnas; pero en ningún caso el gobierno puede criticar el trabajo de la oposición tachándola de obstructiva por el simple hecho de que no se pliega a cuanto proponga.

Todos hemos visto que desde el año 2004, nuestro gobierno ha hecho oposición a la oposición. No sólo es kafkiana la postura, sino que demuestra que ni conoce ni respeta los mecanismos básicos de la política parlamentaria. 

Hoy, en el mitin de Sevilla, José Luis Rodríguez Zapatero pide el voto para el PSOE. En una democracia real, lo haría exhibiendo sus logros, los avances, los aciertos, la política que ha seguido estos años; pero no ha mencionado nada de eso; porque no existe. Ha pedido el voto para que «las zancadillas del PP no tengan recompensa». Es decir; para que la crítica al despilfarro, la negativa a apoyar políticas que no eran más que parches sin ninguna capacidad para ayudar a resolver los problemas que afrontamos, no sea recompensada con el voto de los ciudadanos.

José Blanco, por su parte, está luchando por atraer votos indecisos ante la sangría que sufre su partido tras traicionar a sus electores recortando el estado de bienestar, entrando en una guerra, generando casi cinco millones de parados. Muchos de ellos van a optar por quedarse en casa y trata de motivarles al grito de que «la mayoría no quiere que el estado de bienestar retroceda». Dados los antecedentes, causa estupor este rebato.

Podría seguir; pero no terminaría en toda la noche. Remato con el mensaje fuerza del artículo de Almudena Grandes hoy en 'El País'. Esta figura señera del progresismo y el feminismo que aventuraba que las monjas violadas en la Guerra Civil debían disfrutar mucho con las penetraciones de los sudorosos milicianos, arrima el hombro en la ardua tarea de movilizar a los votantes socialistas. La razón por la que les anima a ir a votar al PSOE es el amor o el odio. 

Sé que parece increíble, que no cabe en cabeza medianamente amueblada que sea recomendable el voto emotivo en una democracia. La importancia de ese acto exige la máxima racionalidad y todos esos espantajos atentan contra la esencia de la democracia.

La cuestión es muy simple: ninguno de ellos es demócrata. Ninguno de ellos cree en la democracia ni siente ninguna estima por ella. Lo que quieren es que «los suyos» sigan mandando, aunque eso nos lleve a la ruina como país. Las encuestas dan un triunfo sin precedentes al PP en las elecciones locales y autonómicas y esas proclamas son el grito de desesperación de quien no acepta que la alternancia es la esencia de la democracia; porque considera que el poder es propiedad de «los suyos» por una suerte de norma de derecho natural.

Temo que ni siquiera se dan cuenta del desprecio y el asco que inspiran a los demócratas. Se revelan como genuinos microorganismos que se nutren y proliferan en medios tóxicos; pero carecen de todo atisbo de esa belleza que las algas y los hongos que pueblan el ecosistema del Río Tinto confieren a las aguas que habitan.

16/5/11

Strauss-Kahn, la noticia del día



Foto de archivo del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. | EFE
Foto de archivo de Strauss-Kahn (Agencia EFE, Libertad Digital)


Hoy ha saltado a la prensa la detención de Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional, en la tarde de ayer, por una presunta agresión sexual a una camarera en un lujoso hotel de Times Square. La información que nos ofrece la prensa relata que el mandatario huyó precipitadamente del hotel olvidando su teléfono móvil, junto con otros efectos personales, que induce a sospechar una huida precipitada, y tomó un vuelo que debía salir vía París a las 16:45 hora local. 

Los pasajeros que compartían vuelo, informaron a los medios de que la salida del avión se retrasó, al parecer, según informó la tripulación, por algún problema con la policía. La detención fue rápida y muchos pasajeros no se percataron de lo sucedido.

Las últimas noticias informan de que ya hay una imputación formal por parte de la Fiscalía del Estado de Nueva York contra el dirigente.

Hay quien sostiene que todo es una emboscada política y no seré yo quien ponga en duda la presunción de inocencia. Los jueces decidirán en su momento y hay tantos motivos para aceptar esa hipótesis como para desestimarla en este primer momento.

Lo que me he preguntado a la vista de estos hechos es lo que hubiera pasado si los hechos se hubieran desarrollado en Madrid. ¿Hubiera permitido el Ministerio del Interior que la policía española detuviera al todopoderoso director del FMI por intentar abusar sexualmente de una camarera de su hotel?

Me temo que no. En primer lugar, el respeto a la ley de nuestros gobernantes es nulo. En segundo lugar, Strauss-Kahn es un destacado dirigente socialista francés que planeaba presentarse a las próximas elecciones presidenciales y dudo, con toda sinceridad, que el socialismo español tolerara que una camarera de hotel pusiera en peligro su carrera política. Lo siento si soy malpensada; pero es lo que creo con toda honestidad.

La siguiente cuestión es si hubiera sido mejor para Strauss-Kahn enfrentarse a ese problema en EEUU o en España, suponiendo que le hubieran detenido y acusado.

La respuesta es favorable a nuestro país por una cuestión estructural. Pese a todo y aunque sostengo que hay que hacer un cambio radical en el sistema de acceso a la carrera judicial, fiscal y las jurídicas en general, nuestro sistema ofrece unas garantías para el acusado, más alguien tan famoso, que son más cuestionables en EEUU. Aquí los jueces no tienen que concurrir a las elecciones y eso es bueno; porque aunque no nos libra de la aparición ocasional de jueces mediáticos, ese fenómeno es la excepción, mientras en EEUU es mucho más frecuente.

Enviar a Strauss-Kahn a la cárcel puede ser muy beneficioso para el juez del distrito de Manhattan sur al que será conducido para la vista previa de la acusación formal, que ya ha formalizado la Fiscalía. Hasta donde yo sé, en el derecho procesal americano no se contemplan estatutos especiales, con lo que su juicio sería como el de cualquier otro ciudadano y ese es su gran problema. El tribunal que vea su causa transmitiría a los ciudadanos un mensaje de independencia e impermeabilidad absoluta ante eventuales presiones políticas y diplomáticas si le condena y consolidaría una ventaja ante sus votantes en las próximas elecciones.

Agradezco que nuestro sistema, con sus grandes imperfecciones, no contemple la elección de los jueces mediante sufragio. Sólo imaginar los dislates que podrían cometer nuestros jueces estrella para ganar popularidad, me pone los pelos de punta. Si han hecho lo que han hecho con el cargo seguro, ¿qué barbaridades podrían cometer si tuvieran que afrontar elecciones para seguir en la carrera judicial?

15/5/11

Los secretos del viejo templo















Hoy quiero brindarles, en lugar de un análisis de la actualidad, un fragmento de una novela mía, con la que me divertí, sufrí y fui muy feliz durante los meses que empleé en desarrollarla. Este es el contenido de un documento muy antiguo que se encuentra en la estancia de un templo enterrado bajo otro dos mil años antes del hallazgo. En la cabecera del rollo figura este título: «Fundamentos de la organización administrativa conforme a la Regla que rige el equilibrio universal». Sólo se lee un fragmento, hay más contenidos; pero esa parte revelada creo que es la más importante de la obra. A lo mejor, sirve para inspirar a algún político perdido que entre en este blog...



*********** 

El buen gobierno de un pueblo se basa en el equilibrio. Sólo se alcanza esta armonía cuando todos y cada uno de los miembros de la comunidad, desde el Rey al aguador, sirven al bienestar común.
Es preciso que se parta de un principio: No hay trabajo pequeño, ni acto que carezca de importancia cuando se integra en un movimiento que persigue el bien de todos.
¿Cómo considerar que el aguador es un elemento insignificante y su oficio carece de importancia? ¿Cómo construir un edificio magnífico, una extensa calzada, arar la tierra que se ha de sembrar, o recoger la cosecha, si el aguador no deambula infatigable, protegido por su amplio sombrero del castigo del sol, dando de beber a los trabajadores sedientos?
Por ello el principio básico del equilibrio del Reino descansa en la justa valoración de la importancia de los oficios, el reconocimiento general y la convicción personal, de que es de vital importancia hacer bien una tarea, sea cual sea, para que nuestro Reino prospere.
Todo gobernante sabio es consciente de que el celo en la realización de las tareas rutinarias es el puntal sobre el que se apoya su prosperidad. Por lo tanto, nunca desdeñará la ocasión de premiar con su aprobación al siervo que hace relucir sus sandalias, al campesino que traza surcos rectos, al alfarero que convierte en arte el modelado del humilde barro.
El gobernante sabio hará esto para involucrar a todos sus súbditos en la tarea de gobernar. Lo hará, si no por generosidad de espíritu, por cálculo.
Cuando un Rey organiza la Administración, su pueblo verá si le ha tocado en suerte un sabio o un necio. El Reino es como la casa que cobija a la familia. Ambos han de ser administrados y gobernados para un correcto funcionamiento; ha de haber alguien que gobierne, alguien que administre y alguien que dirija la labor de los sirvientes y jornaleros.
No habrá orden si son muchos los que gobiernan; no se avivará más la tarea si hay más capataces que braceros; no habrá prosperidad si son más abundantes, en la proporción, quienes organizan y controlan, que los que producen.
Todo Rey sabio ve con claridad que la riqueza de su reino está en la tierra, en las manos de los artesanos, en las cabezas que idean las mejoras y en los mercaderes que transforman en oro los productos excedentes con su tráfico en el mercado.
Por ello, la Administración de un Rey sabio se organizará con un cuidado exquisito, para que no haya un número mayor ni menor de funcionarios, del  necesario.
Todo funcionario es un ciudadano detraído al contingente de generadores de riqueza. La adscripción de ciudadanos instruidos a las labores de organización, control y recaudación, es una renuncia necesaria. Pero mientras el resto de los súbitos crea la riqueza que cubre sus necesidades, el funcionario cubre sus necesidades con la riqueza generada por el trabajo de los demás, detrayendo de ella su salario.
Es necesario y útil para el Reino este sacrificio; pero ha de estar bien ajustado. Un Rey no gobierna mejor por el hecho de tener doce dedos en las manos, cinco brazos y seis piernas.
Tampoco le servirá mejor a sus fines una legión de funcionarios pululando en desbandada por el Reino. Si son más de los necesarios, harán tres el trabajo que cubriría uno competente y lo usual es que sólo el diligente realice la tarea, mientras los otros se entregan a la molicie que fomenta la corrupción.
Esa realidad, constatada por el que trabaja con denuedo, causa frustración y desánimo, genera desorganización y pervierte el fin de la propia Administración.
Jamás aceptará un Rey sabio que el problema que plantea a una familia un individuo inútil, que no es hábil en ningún oficio, que es gandul e indolente, que esquiva el trabajo y no tiene ningún futuro, se resuelva integrándole en la Administración, manteniéndole con el oro que genera el sudor de los esforzados; premiando con la seguridad de un empleo vitalicio a quien no ha alcanzado ningún mérito para ser mantenido por el resto.
Eso fomentaría entre el pueblo la conciencia de que la Administración es el refugio de los inútiles y los idiotas, empañaría su prestigio y minaría el Real. Porque una Administración eficiente, disciplinada y ejemplar, es el reflejo, la imagen que tiene el pueblo llano, de la lejana figura de Rey y lo que sean sus funcionarios, las virtudes que les adornen y los defectos que presenten, serán la imagen del Rey ante sus súbditos.
Por ello, al abordar la creación o la reforma de una Administración, el Rey debe de estudiar con ahínco las características físicas, geográficas y económicas de su Reino. Ha de evaluar, sobre la base de éstas, la distribución de las Provincias y la pirámide orgánica que ha de regirlas, que irá en función de sus condiciones.
En ocasiones, la lejanía, el aislamiento y la dificultad en las comunicaciones de un área pequeña, hará aconsejable una estructura administrativa completa dedicada a ese territorio; mientras que áreas más extensas, homogéneas, mejor comunicadas, permiten destinar muchos menos funcionarios a su administración, sin que la eficiencia sufra.
Persiguiendo este equilibrio entre lo mínimo y lo adecuado, ha de estructurar con habilidad las funciones, de modo que cada funcionario tenga a su cargo todo el trabajo que debe hacer, que nunca será superior al que puede hacer.
Nunca diseñará una estructura generalizada; porque lo que en un distrito es suficiente, en otro es excesivo y en el tercero escaso. Cada zona es diferente al resto, como cada individuo es diferente a su vecino y ha de ser tratada como lo requiera su naturaleza. Eso hará que cada provincia constate que el Rey la conoce, la distingue de las otras, ve sus necesidades y provee con sabiduría su administración ni en más ni en menos, de lo que necesita.
Lo contrario hará ver a sus súbditos que, para su Rey, son como una mancha difusa de rebaño que pasta en la ladera y provee su cuidado sin averiguar su número, si son ovejas o cabras, indiferente a su naturaleza y necesidades, sin otro objetivo que ordeñar sus ubres ingenuas, extenuándolas, para que le den buena vida a él y a sus pastores.
El Rey sabio es el que logra que todos y cada uno de sus súbditos sientan que les tiene presentes en su corazón y que si necesitan su socorro, por humilde que sea su casta, pueden llamar a su puerta en la seguridad de que serán recibidos y alentados.
Sólo logrará imbuir esa conciencia por dos caminos: Gobernado de tal modo que la inteligencia y el esfuerzo sean gratificados; promoviendo a los más brillantes a los cargos que merezcan, en función de su valía, sea cual sea su cuna y la posición de su casta y que, del mismo modo, quede cerrado el paso para quienes carezcan de dotes, por brillante que sea la cuna que les meció o el poder de su linaje.
El segundo camino, complemento necesario, es que su Administración se distinga ante su pueblo por su prudencia, su eficiencia, la cercanía a los problemas de los súbditos de las provincias que gobiernan en nombre del Rey y su diligencia para enfrentarlos y resolverlos, respaldados siempre por el Rey.
Por ello, ha de seleccionar con escrupuloso cuidado a los funcionarios, se mostrará riguroso en la selección de los que han de ostentar mayores poderes, poniendo el primer lugar y, sobre todo, el espíritu de servicio y la abnegación. No elegirá nunca al soberbio, al que tiene un alto concepto de sí mismo, al que carece de sensibilidad y compasión. Entre este grupo elegirá a los más resueltos, más firmes para mandar y más flexibles para adaptarse a las circunstancias. Entre estos elegirá a los más trabajadores y celosos de su deber y entre éstos a los más agudos e inteligentes.
A este grupo le imbuirá en persona los principios que ya hemos reseñado y les enviará a las provincias para que estudien sus necesidades y, cuando conozcan bien las más urgentes, remitan un informe solicitando que se les provea de un número imprescindible de ayudantes.
Si ya existe una Administración y se persigue una reforma, esos Gobernadores añadirán al informe una relación de los funcionarios ya adscritos que consideran eficientes, trabajadores y capaces y si entre ellos alguno les merece la consideración de adecuado para servir en uno de los puestos que ha de ser cubierto, lo recomendará.
Respecto al resto de los funcionarios que ya prestan servicios, especificará quiénes, entre aquellos que hacen mal su trabajo, ponen empeño y dedicación, que quedan anuladas por su escasa inteligencia o la falta de idoneidad de su naturaleza para la tarea encomendada y, sin embargo, adscritos a la tarea adecuada, pueden prestar un buen servicio y quiénes no ofrecen posibilidad de realizar bien el servicio en ningún caso.
Lo óptimo es desembarazar a la Administración de la carga de los funcionarios inútiles, despidiéndoles del servicio y sustituyéndoles por buenos funcionarios. Sin embargo, esta solución óptima puede no ser la mejor en determinados casos. La tradición, condiciones particulares y mil factores más, pueden convertir en un grave conflicto el despido.
En estos casos, tras valorar la conveniencia de renunciar a la solución óptima, el Rey dará instrucciones al Gobernador para que, en primer lugar, remueva de sus puestos a esos funcionarios y los asigne a la categoría inferior, sea cual sea el puesto que ocupasen con anterioridad. Ordenará que se prescinda de ellos en la función administrativa, sin encargarles tarea alguna, como no sea la de actuar de recaderos u otra similar.
El Rey sabio sabe que es preferible el descontento de unos pocos al sufrimiento y la ignominia de quienes habitan una demarcación administrada por incompetentes que causa daños y ningún beneficio y optará por el bienestar de sus súbditos en toda circunstancia; porque su poder radica en la riqueza y la felicidad de su pueblo y proteger a los ineptos sólo servirá para deteriorar su autoridad y perjudicar su fama entre ellos.

13/5/11

Esto fue tu hogar



Castillo de Lorca1.jpg
Castillo de Lorca s. IX-X (Wikipedia)


Cuando se produjo el terremoto en Lorca, tenía preparada una entrada bien distinta a la que obligaron las circunstancias. Hoy, tras la recuperación del blog (agradezco a los ingenieros de Google sus esfuerzos por normalizar cuanto antes el servicio), tampoco puedo dedicar mi entrada a algo diferente a esta tragedia.

Lo primero. Quiero hacer una llamada a la solidaridad. En el enlace que encabeza este párrafo figuran varias opciones, que ya se han puesto en marcha, para ayudar a los damnificados. Sin duda, todos estamos sobrecogidos; pero a veces ocurre que nueve muertos, dos de ellos mujeres embarazadas, despiertan menos pavor que una catástrofe en Haití y la respuesta social es menor.

La prensa nos bombardea con noticias; todos hemos visto imágenes dramáticas. Sin embargo, el hecho de que aludan a las grandes cifras: «seis mil personas pasarán su segunda noche al raso» puede impresionar; pero diluye la realidad que está tras esa información.

Usted, yo, muchos otros conciudadanos tenemos una casa, una vida más o menos holgada, estamos pagando una hipoteca o no tenemos recursos para acceder a la propiedad y alquilamos una vivienda que guarda todo lo que tenemos. De repente tiembla la tierra y nuestro pequeño mundo se desploma.


Edificio derruido en Lorca.| Alberto Cuellar


Por eso quiero que miren bien esta imagen tomada por Alberto Cuellar y publicada en 'El Mundo'. Vamos a ser optimistas y pensar que, dada la hora, los habitantes de ese edificio estaban en el trabajo o en el colegio y salvaron la vida. Ese edificio puede ser el que nos aloja a cualquiera de nosotros. Estás en el trabajo, corres a tu casa y la ves convertida en un montón de escombros. 

Todos tus recuerdos, todo lo que tenías, poco o mucho, está enterrado ahí y las posibilidades de recuperarlo son nulas o muy escasas. Pérdida material y aún peor, pérdida moral. Se han ido aquellos pendientes que te regalaron tus padres, haciendo un sacrificio adicional, el día de tu boda, la mantilla de la abuela, ese recuerdo tan querido; la flor marchita que aún conservas en un sobre que te regaló tu primer novio, tus libros, tus discos, tu ropa, tu vida.

Serás afortunado en tu desgracia, si vivías en régimen de alquiler; porque si eras propietario y estabas pagando una hipoteca, aunque el inmueble ya no exista tienes que seguir pagando. Tus obligaciones no cambian con la ruina sobrevenida. Estas son esas seis mil personas que dormirán esta noche al raso y que dentro de unos días, cuando se retiren los equipos de emergencia quedarán entregadas a su suerte, a su dolor, a la pérdida de seres queridos

España necesita hoy todo ese dinero que se regaló con tanta alegría durante este ciclo político, a manos llenas. Necesitamos cada céntimo para restañar las heridas, reedificar los edificios, devolverles a esas personas el hogar que perdieron y asistirles lo necesario para albergarles con dignidad; pero no hay dinero. España está arruinada y las promesas de los políticos son humo de pajas; porque si el arca está vacía, por grande y buena que sea la voluntad la realidad se impone.

Sólo les queda la esperanza de nuestra generosidad y debemos responder con lo que podamos, poco o mucho. Si no por generosidad o altruismo, por egoísmo: porque ninguno tenemos la menor garantía de que mañana no seamos nosotros quienes suframos una catástrofe natural que nos deje en la más absoluta ruina y necesitaremos de la generosidad de otros con desesperación.

12/5/11

Día de duelo en España



Fotografía de la tragedia de Lorca tomada de Libertad Digital


Tristeza. Esa es la palabra que describe el día que le ha tocado vivir hoy a España. A las 17 horas, un terremoto de intensidad 4,5 grados en la escala Richter sacudió la región de Murcia. A las 18:45 una nueva réplica de 5 grados en la escala Richter. La ciudad ha tenido que ser desalojada ante el temor de nuevas réplicas y la cifra actual de muertos como consecuencia del terremoto es de ocho.

En los próximos días, se analizará el suceso, saldrá a la palestra el debate sobre la seguridad en las edificaciones, si se otorgaron licencias de edificación que no contemplaban en su proyecto estudios sismológicos del terreno y se pedirán responsabilidades, más que nada porque estamos en campaña y esta desgracia le viene muy bien a los socialistas murcianos para atacar al partido que gobierna en la región.

Hoy solo quiero mostrar mi pesar y mi solidaridad con los murcianos y expresar la más  profunda condolencia a las víctimas.





Fotografía de la agencia EFE que muestra el cortejo fúnebre de Severiano Ballesteros. (Tomada de ABC)


En el año 1976 del pasado siglo, España apenas contaba en el panorama deportivo internacional. Para el español medio, el golf era un deporte que practicaban los americanos e ingleses millonarios que avanzaban por la madurez y, de repente, entró en nuestras vidas una figura que venía de un pueblo pequeño de la bahía de Santander: Pedreña. Un chico de clase modesta, hijo de un jardinero del campo de golf de esa localidad, que había empezado a trabajar como caddy a los nueve años y se revelaba como una figura importante del golf ganando torneos internacionales con dieciocho años. 

Severiano Ballesteros, Seve, no solo fue un gran deportista. Lo que nos cautivó de él fue su tesón, su temple, esa fortaleza mental que le permitía afrontar las situaciones más difíciles y resolverlas con éxito para lograr el triunfo.

Nos llenó de orgullo, tanto con sus éxitos, como con la imagen sobria, discreta,  noble y sencilla que mostró toda su vida. Le debemos muchas satisfacciones de inmenso valor en la convulsa etapa de la transición en la que la incertidumbre y la crisis nos llenaban de inquietudes y temor. Él nos demostraba que no hay nada irreversible, que el empeño lo puede todo y llenó nuestra vida de horas en las que su éxito era una fuente de satisfacción que vivíamos como si fuera nuestro hermano o nuestro mejor amigo.

El seis de octubre de 2008, nos sobrecogió la noticia de su ingreso hospitalario debido a la detección de un tumor cerebral. Volvió a demostrarnos hasta qué punto podía crecerse ante la adversidad. Logró superar ese primer envite, pero la enfermedad nos lo arrebató el pasado día siete.

Hoy se celebraron sus funerales. Ya no era más que polvo en una urna; pero todos le vimos allí, en el cortejo, vestido con su polo blanco, su pantalón, su jersey azul marino y esa sonrisa brillante que era su sello. Hoy dijimos «hasta pronto» a un símbolo de lo mejor de nosotros mismos. Creo que a estas horas está disfrutando de todos los amores que le arrebató la muerte y es feliz en una nueva vida. La muerte no es el final.