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5/5/11

Los periodistas: uno de los problemas de nuestra democracia






Firma de la Carta de las Naciones Unidas en 1945
Fundación de la ONU en 1945 (un.org)

Uno de los requisitos para el buen funcionamiento de la democracia es que los ciudadanos reciban de forma habitual información de calidad sobre la actualidad; para que estén bien informados a la hora de formarse sus propios juicios y hacer sus valoraciones sobre los acontecimientos.

Un americano, por poner un ejemplo de una democracia sólida, no entendería nada si viniera a España. No cabría en su cabeza que un español sufriera «acoso» (mobbing para el americano) social, por militar o estar en la esfera de un partido conservador ni entendería que se tolerara que miembros de los partidos autoproclamados progresistas practicaran esa conducta.

Y sin embargo ocurre y todos somos conscientes de ello. Cuando se dice que alguien es «de derechas» no es una mera información. Significa que su ideología le señala como un individuo del que hay que cuidarse mientras que si se dice «es de izquierdas» se da por entendido que es una persona estupenda en la que se puede confiar. 

La prensa es el vehículo que apoya y difunde estas actitudes. No es extraño que lo haga desde medios como El País o Público, buques insignia de socialismo. Lo curioso es que en los medios conservadores se les suele hacer el juego. Muchos periodistas de esos medios muestran día tras día que trabajan bajo ese prejuicio, manifestando un empeño obsesivo en mostrarse «imparciales» a ultranza. Una de los síntomas de esa actitud es que cuando toca criticar al gobierno, siempre terminan excusándose, venga o no a cuento con una coletilla en la que dejan claro que son conscientes de que el PP o su presidente no lo harían mejor.

Para que tengan una idea clara de ese prototipo de periodista aterrorizado por el temor de que le consideren conservador, voy a centrarme en el artículo que publica hoy Carlos Alsina en 'La Razón'; pero antes les invito a echar un vistazo al tratamiento de la noticia de la muerte de Bin Laden en los dos periódicos reseñados más arriba, teniendo en cuenta un detalle: nuestro presidente adora a Obama y hay que dar por bueno lo que se ha hecho; pero no dejan de referirse a la legalidad de la acción usando de modo subliminal a Bush. El motivo es remachar la idea fuerza que maneja la izquierda: «EEUU es malo, imperialista. Bush es la quintaesencia de esa maldad. La derecha española es como Bush». Así, quienes no tengan suficiente información lo entenderán mejor.

El artículo de Carlos Alsina tiene todos los ingredientes de lo peor de algunos periodistas de periódicos conservadores. Sus artículos son literarios, no periodísticos. No suelen buscar información previa para darle consistencia a su redacción y siempre tratan la información como lo haría un «progresista», sin preocuparse mucho del rigor, hilando muy fino para respetar la línea editorial básica; pero dejando claro que ellos no son uno de esos rancios derechistas como Alfonso Ussía, por ejemplo, que no tiene ningún reparo en declararse conservador e incluso lo proclama con orgullo. 

Entresaco un párrafo del artículo de Alsina:

Claro que el presidente actúa conforme a la legalidad de su país, pero eso no supone que una operación ordenada por él sea legal allí donde se produce. Con semejante argumento, Bush era un garantista de tomo y lomo. He escuchado a muchos comentaristas explicar que ésta era una «acción de guerra» contra Ben Laden y que, como tal, está autorizada por el Congreso de los Estados Unidos. ¿Cabe, entonces, una acción de guerra en un país que no está en guerra (Pakistán)? 

¿Por qué digo que no cuida el rigor de sus artículos? Sigan este enlace. Sólo se necesita ir a la Wikipedia para quedar informado de que la Carta de las Naciones Unidas dice:

«Artículo 51: "Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas»


Es decir: Alsina no hubiera tenido tantos problemas de conciencia, si, además de enterarse por los periódicos de que había una autorización del Congreso de los Estados Unidos para esa operación, hubiera escrito en un buscador 'derecho internacional acciones de guerra' o algo parecido, para investigar un poco y ver existe una norma internacional que de cobertura a la operación. Entonces hubiera descubierto ese artículo que autoriza a cualquier estado miembro de las Naciones Unidas a usar su derecho a la legítima defensa y emprender las acciones que estime necesarias para tomar represalias. 

Otra carencia que muestra Alsina en su artículo (tranquilos, no voy a ponerlas todas de manifiesto) es que habla con un desconocimiento completo de la realidad del terrorismo; porque como tiene clavadas las consignas del progresista en la cabeza, tiene graves dificultades para comprender su naturaleza real.

El terrorismo, señor Alsina, no es una «acción armada», como la llamamos aquí para quitarle importancia, sino la guerra contra un estado soberano de un colectivo, sean independentistas irlandeses, vascos o Al Qaeda, con formación militar, armamento, intendencia, equipos de información, dinero, técnicos y plena capacidad para atacar al adversario en acciones destinadas a debilitarlo por medio de acciones violentas, cruentas, seguras y perfectamente planificadas para que se consiga el objetivo y el comando pueda huir y ponerse a salvo, tras atacar a la nación a quien han declarado la guerra.

Es una guerra, señor Alsina. Es la guerra moderna. Seguro que lo ha leído más de una vez en los periódicos. Bin Laden disponía de una infraestructura de células durmientes, activas, militares, técnicas... En función de los intereses de cada momento, esas células atentaban en Yemen hoy, mañana en Londres, pasado en Singapur. Su base está formada por personas que se reclutan en un país, se entrenan en secreto y quedan a la espera de que se les ordene actuar, sin que el país que alberga esa amenaza tenga conocimiento de que tiene el enemigo dentro o, aunque lo sospeche, ni lo tiene localizado con exactitud ni conoce su capacidad operativa.

Por eso es rigurosa la declaración del «diabólico» (así le ve usted, sin duda a través de sus gafitas progres) Bush, cuando declara, como repitió Obama estos días, que el atentado de las Torres Gemelas es una declaración de guerra por parte de Al Qaeda al gobierno de los Estados Unidos. No es una guerra convencional, se parece más a la guerrilla y por ese motivo, el país que combate el terrorismo de una facción concreta ha de ir a buscar el foco del peligro a otro, al lugar en el que se escondan los comandos. Le dejo un poco de información para que no se agote buscando y tenga cuatro ideas sobre el terrorismo.

Podría seguir; pero lo que persigo no es, tanto, analizar el artículo completo y las señales del complejo de un grupo de periodistas de medios conservadores, como poner de relieve el problema que representan. Tienen tan arraigados los prejuicios progresistas y es tal su ansia de demostrar que ellos también lo son, que mantienen todas sus muletillas: USA es lo peor, Bush es el demonio, la derecha española es la heredera del franquismo, impidiéndoles reflexionar con objetividad (eso que ellos dicen perseguir) para elaborar análisis serios, documentados y fiables para quienes siguen la línea editorial de su periódico. 

Pero lo peor, es que ahogados por sus complejos, son una correa de transmisión de la dictadura de lo «políticamente correcto» instaurado por los autoproclamados progresistas, que impone a los españoles qué se puede decir, qué no se puede decir; qué podemos decir; pero sólo si lo hacemos de determinada manera. Esa dictadura es una estrategia de control del electorado, que va siendo llevado a parajes mentales en los que se le imbuye la idea de que, si no adopta determinadas actitudes, si condena el aborto, por ejemplo, es un mal ciudadano, enemigo del progreso. Si critica al gobierno, es un enemigo del Estado (sin cortarse ni un pelo). Si quiere que se respeten las estructuras democráticas que se están demoliendo día a día, entra ya en la clase de los apestados, la «derecha extrema», el fascismo, el franquismo, lo peor.

Y gracias a esta situación, hemos llegado a esto. Leemos estas noticias y no exigimos la inmediata dimisión en bloque del Gobierno. Nos limitamos a encogernos de hombros, sumidos en la vergüenza, la impotencia y la más profunda tristeza.

3/5/11

El cristal roto





Un hombre contempla las imágenes de las portadas de los diarios (El Mundo)


Hay una confidencia que permanecerá indeleble en mi memoria: Tras recibir la noticia, se tomó el tiempo que necesitó para recuperar el grado mínimo de serenidad necesaria antes de decirles a sus hijos (el mayor de nueve años y el pequeño de año y medio) que ETA había secuestrado a su padre.

El pequeño era demasiado pequeño, le mantuvo al margen. La respuesta fue el llanto en todos ellos, salvo el segundo, fiel retrato de su padre. Con ocho años, sus ojos adquirieron la expresión de un anciano de vuelta de todas las batallas de la vida y le respondió: «Lo van a matar, mamá».

Ocho días después, identificaba su cadáver. El resto del grupo era consciente de que cualquiera de ellos podía ser el siguiente. Tras rendir el homenaje que todos necesitaban brindar a aquel compañero inolvidable, se tomaron por consejo de la empresa unos días de descanso, breves. Al volver, todos se reunían obedeciendo al instinto de la manada que llevamos en nuestros genes, conscientes de que la unión era el único camino para sobrellevar el drama y el miedo que nos atenazaba.

Una escena que se mantiene nítida, invulnerable al tiempo: Volvíamos a casa después de una de aquellas reuniones. Habíamos estado cinco horas reunidos con otros compañeros y sus mujeres. Cada uno exponía una hipótesis, a veces varias alternativas, en un intento de conjurar el peligro latente adelantando ideas sobre el siguiente movimiento previsible, en una ilusión vana de que si analizábamos bien las cosas, había una esperanza de conjurar el riesgo.

Eran las dos de la madrugada de una noche estrellada cuando, con la cabeza aturdida por el largo debate y el terror exacerbado, aparcamos el coche frente a nuestra casa. Cada uno salió por su puerta y mientras mi marido cerraba el coche, escuchamos un tenue roce de metal contra una superficie rugosa. Quedamos paralizados y nos miramos, compartiendo una emoción y diferentes sentimientos. Los dos tuvimos la certeza de que lo que escuchamos era el roce de un arma. Él me miraba convencido de que era la última vez que me vería, al menos en esta vida y yo entraba en un infierno, consciente de que en cuestión de segundos caería abatido por el disparo inexorable. El sonido volvió a repetirse mientras sentíamos la brisa leve de la madrugada junto al mar en nuestro rostro, con todas nuestras potencias desplegadas para que no se nos escapara ni un matiz de la escena de ese desenlace fatídico.  Aceptado lo inevitable, volvimos la cabeza a la vez y vimos una bolsa de patatas fritas, tal vez abandonada por un niño pequeño, tirada sobre el asfalto a  pocos metros. Lo que creímos que era el roce involuntario de la culata de un arma, no era más que una bolsa de patatas arrastrada por una leve brisa. Nos echamos a reír, nos cogimos de la mano y entramos en el portal con una sensación de liberación nueva. Esa noche, por primera vez en semanas, disfrutamos de un sueño tranquilo y relajado.

Al despertar, supimos que aquella inocente bolsa de patatas que nos había conmocionado, había sido un proyectil liberador. Envueltos en la burbuja del terror, no disponíamos de ningún camino útil para ajustar la perspectiva y el envase jugó un papel clave. Por un lado, nos hundió en lo más profundo del pozo del miedo durante unos segundos; por otro, tras aterrorizarnos, nos hizo ver que la semilla del miedo está en nuestras mentes, que nosotros mismos lo alimentamos y nos instalamos en lo más profundo de ese paraje, bajo la ilusión de una capacidad para controlar lo impredecible.

La bolsa de patatas fritas rompió en mil pedazos el cristal del miedo y nos inmunizó con la ayuda de la brisa, el cielo estrellado y la aceptación del destino que imaginamos en un instante eterno.

Cuento esta anécdota porque tiene una importancia clave. Hoy, tras difundirse la noticia de que Bin Laden había sido abatido, han ido apareciendo voces que ejecutan (con absoluta ignorancia del papel crucial que han adoptado colaborando con los terroristas) una labor de transmisión de la fuerza básica de estos engendros: sumir a la sociedad en un sentimiento de miedo, impotencia y fatalidad, poniendo de relieve que habrá una respuesta por parte de los radicales islamistas para vengar la muerte de su líder y que todos corremos peligro de estar en el sitio menos adecuado en el momento menos oportuno.

Están envolviéndonos en la campana de cristal del miedo y es preciso que lo tengamos presente y la rompamos de inmediato. La operación contra Bin Laden no añade ningún peligro. No se había abatido a ningún terrorista ni atacado ningún centro neurálgico de Al Qaeda cuando se produjo el atentado contra las Torres Gemelas o el Metro de Londres.

El terrorismo, llámese Al Qaeda, ETA o cualquier otra cosa, vive para matar, programa sus acciones y ejecuta sus actos propagandísticos para hacer que sintamos que estamos indefensos de forma activa, en función de sus intereses, no como reacción

Hoy no corremos más peligro que ayer o hace cinco años. Del mismo modo que por mucho que intentemos adoptar todas las medidas de seguridad imaginables para no correr riesgos, nadie está libre de que le caiga encima una cornisa desprendida o le lleve por delante un coche que ha sufrido un fallo mecánico e invadido una acera, no tenemos ninguna garantía de no vernos involucrados, de la forma más absurda e inesperada en la escena de una acción terrorista.

Aceptemos que los riesgos existen por el mero hecho de vivir y que nadie es responsable o causante de las matanzas que provoca el terrorismo, salvo los dirigentes que las planifican y ordenan ejecutar. No estaremos a salvo mientras exista esta lacra y cada baja en ese grupo de mensajeros de la muerte, es un paso adelante hacia el día de la liberación.

Rompamos el cristal. Aceptemos que es mejor morir por error, que vivir con terror y arrebatémosles el instrumento coactivo estrella que usan para dominarnos. Cuando se acepta la muerte, las posibilidades de conjurar la amenaza crecen de modo exponencial; porque ya no nos atenaza el miedo.

2/5/11

Mientras dormías



EE.UU. mata a Osama Bin Laden
Bin Laden en foto de archivo de AP

Esta noche, a las 5:45 hora española Barak Obama anunció que Bin Laden estaba muerto. 

Pocas horas antes, el Tribunal Supremo español impedía que Bildu concurriera a las elecciones.

Es obvio que el 1 de mayo de 2011 ha sido un mal día para el terrorismo. Esperemos que sea el principio del fin.

Que descansen en paz todas sus víctimas.