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30/3/12

Urge aumentar las subvenciones a los sindicatos





La imagen de la izquierda muestra el aspecto normal de una calle de Oviedo. Estamos orgullosos de la limpieza de nuestra ciudad y la cuidamos con esmero, aunque la crisis haya reducido los servicios de limpieza y la Ley antitabaco sea un elemento clave en la mácula de las aceras, debido a la expulsión de los fumadores a la calle y el escaso civismo que muestran muchos arrojando las colillas al suelo, en lugar de llevar un recipiente para recogerlas o acercarse a una papelera para tirarlas.

La segunda muestra una serie de pequeños comercios del casco antiguo, en concreto en la calle San Juan a las nueve de la mañana. Uno de ellos es un comercio de alimentación que lucha por sobrevivir, como todos, en la crisis; con la particularidad de que constituye el último superviviente de los comercios de toda la vida en esa calle. A esa hora debía estar abierto; pero el propietario está amenazado por los piquetes. Si abre le rompen las lunas y el seguro no cubre el destrozo, con lo que, dada la estrechez que atraviesa, ese daño sería su ruina.




Pasamos a la calle perpendicular. Han pasado piquetes por allí dejando rastro. Aún es escaso; pero continuemos. El servicio de basuras no ha funcionado debido a la huelga. Todo edificio tiene cuatro cubos de basura: el negro, para la orgánica, el amarillo para los envases, el azul, para el papel y el verde para el vidrio, que se sacan en los días correspondientes. Las brigadas de basuras vuelcan sus contenidos en los camiones de forma selectiva y así se aligera su trabajo; pero cuando hay anunciadas huelgas, se opta por preservar del vandalismo los cubos y dejar las bolsas colocadas con cuidado junto al portal.



No falta un gracioso que opte por trasladar una bolsa a la plaza; pero es una travesura infantil. Damos gracias de que no la haya reventado y esparcido su contenido.





Continuemos el recorrido. La fotografía de la izquierda muestra una imagen habitual del Campo de San Francisco. Cuidado con mimo, las brigadas de jardineros lo mantienen impecable; pero hete aquí que la huelga ha animado a algún vándalo a esparcir basuras en la parcela enfrentada a la de la imagen impoluta.




McDonald's se sitúa frente al parque y son muchos los ovetenses que en días soleados y cálidos como los que estamos viviendo, llevan su comida al parque, la consumen disfrutando el aire libre y depositan religiosamente los envases en las papeleras. Las fotos son una muestra representativa del espíritu cívico de los ciudadanos.

Pero seguimos caminando para llegar ante el edificio de los sindicatos, situados justo en la acera de en frente de la esquina de poniente del Parque y éstas son las imágenes que ofrecía esta mañana su entorno:












Bajamos por la calle Toreno, la que une esa esquina con la calle principal: Uría. En la esquina de poniente está el Banco de Santander. Estaba abierto; pero los piquetes habían dejado su impronta en él:



Yo conmino desde aquí al Gobierno que elabore cuanto antes la tan demorada Ley de Huelga que garantice el derecho inalienable de los españoles a hacer huelga y manifestarse cuando lo consideren oportuno. 

Pido que esa Ley proteja a muerte a quienes deseen unirse; pero que incluya las siguientes normas:

Los sindicatos convocantes de la huelga serán responsables únicos y objetivos de todos los daños que sufran particulares, empresas, bienes públicos y privados el día de la huelga. Ningún perjudicado por un acto de vandalismo tendrá que probar que fueron miembros de los sindicatos los causantes de los daños. Basta que alguien, en un día de huelga sufra un daño en su local, para que se haga responsable a los convocantes, salvo prueba  en contrario.

Cuando se convoque una huelga, todos los establecimientos y empresas, previa reunión de sus empleados, en su caso, voten si se suman a la huelga. En caso de que el voto a secundar la huelga tenga mayoría absoluta o, en el caso de que no haya empleados, el propietario decida sumarse a la huelga, el establecimiento o empresa colocará en lugar visible una pegatina o manifiesto elaborado por los trabajadores, pegado en el interior de una de las vidrieras, para que no haya lugar  a equívocos, en la que quede patente su voluntad de secundarla.

Aquellas empresas, establecimientos o negocios de cualquier tipo. que el día señalado no tengan colocado ese distintivo, tendrán pleno derecho a abrir y serán protegidos por la policía local o nacional para garantizar su seguridad.

En caso de que no existan efectivos suficientes para esa protección, todo establecimiento que, en el momento de la apertura, vea imposibilitado el acceso por cualquier tipo de sellado en su cerradura, llamará a la policía municipal para denunciar y que quede constancia del sabotaje. Los agentes del orden entregarán una copia del acta de inspección en la que los agentes dan fe de que se impide el acceso y con ese documento, el perjudicado se presentará en la delegación de Hacienda más cercana o en la Alcaldía, si no hay Delegación de Hacienda en la demarcación, para reclamar los daños. 

Lo mismo ocurrirá si en el transcurso de la jornada de huelga, sufre daños en la integridad de su negocio: rotura de vidrieras, pintadas, colocación de pegatinas, etc., que exijan una reparación para devolver la fachada a su estado inicial.

Procederá del mismo modo si algún piquete invade su negocio y bastará la declaración de un par de testigos, en el caso de que las fuerzas del orden no puedan atender su llamada con la debida celeridad para dar fe del incidente.

La limpieza de las calles y la reparación de desperfectos en mobiliario o espacios públicos como calzadas, aceras, parques o plazas, provocados por el vandalismo, la quema de objetos o el desparrame de residuos, correrá a cargo de empresas privadas, que presentarán el informe y la factura correspondiente en la Delegación de Hacienda o el Ayuntamiento y  si no las hubiere, los servicios de limpieza municipales tasarán el sobrecoste derivado de los efectos de la huelga en sus tareas rutinarias de limpieza, para que éste tramite ante la Hacienda correspondiente el cobro de la factura.

La Hacienda Pública abonará esas facturas de forma inmediata y remitirá las cuentas de lo abonado al organismo correspondiente, para que cuando llegue la hora de entregar a los sindicatos sus subvenciones, descuente esos importes adelantados de las cantidades que han de percibir, para resarcir a la Hacienda Pública de los daños causados a los particulares en una jornada de huelga general o parcial.

Dado que los dirigentes de los principales sindicatos han anunciado que esto es el aperitivo, urge esa ley para que los pequeños empresarios indefensos, las empresas que atraviesan crisis que no pueden soportar esas movilizaciones y las que pueden; pero no tienen por qué invertir en reparar los destrozos de los vándalos y los servicios públicos exhaustos que han de reparar los daños físicos que causan en los bienes públicos, no sufran de forma innecesaria por el vandalismo que generan estas convocatorias.

Por eso pido que incrementen las subvenciones. Si los Sindicatos tuvieran que pagar hoy por las secuelas privadas y públicas derivadas de la convocatoria, el conjunto de las subvenciones y vías indirectas de ingresos no alcanzarían para cubrir los gastos derivados de la acción de piquetes y espontáneos. 

Nada gana la causa que abanderan con esos actos de vandalismo. Sólo demuestran que esas convocatorias sólo tienen como objetivo exhibir un supuesto alarde de poder que en nada nos beneficia, más en tiempos tan críticos y son una vía perfecta para que todos los antisistema, vándalos y descerebrados, se crezcan y campen a sus anchas sembrando el caos.

Cuando esas convocatorias afecten de forma directa a sus arcas, en primer lugar, cuidarán mucho de que se produzcan actos como los que ocurrieron hoy en muchas ciudades y, sobre todo, atarán corto a sus piquetes, para que hagan algo más que intimidar a quienes quieren ir a trabajar, en muchas ocasiones porque no pueden permitirse no hacerlo, en otras porque no están de acuerdo y, de este modo, se logrará que el derecho a la huelga, el derecho al trabajo y el derecho a la integridad de patrimonio privado y público, quede a salvo.






14/2/12

Los consejeros áulicos




Méndez y Toxo en la rueda de prensa (ugt.es)

Los personajes más influyentes en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, los que entraban y salían en la Moncloa como Pedro por su casa y despachaban con el Presidente, además de hacerle visitas privadas, fueron los dos máximos dirigentes de los Sindicatos UGT y Comisiones Obreras.

Confidencias, consejos, ríos de subvenciones sin cuento... El paro empezó a hacer estragos; pero parece que no era asunto suyo. Las pequeñas y medianas empresas empezaron a quebrar; pero el problema no iba con ellos. 

Hacían como que se interesaban. Cuatro años interminables de negociaciones con la Patronal, entre comidas, cenas y copas, sin llegar a ningún acuerdo, sin que se remangaran para frenar la sangría de puestos de trabajo y el drama de las familias que quedaban en la calle. 

La UE intervino. Exigió a Zapatero que tomara determinadas medidas. Los consejeros áulicos no se tomaron tampoco la molestia, ante lo que era ya una advertencia seria, de proponerle al Presidente, aunque tuvieran que puentear a la patronal, una reforma laboral seria que sirviera para frenar la deriva y atenuara los efectos de la crisis.

Intentaron, a última hora y por pura vergüenza torera un día de huelga general que constituyó un fracaso espantoso.

Ahora que el Gobierno presenta una reforma laboral, los conejeros áulicos opinan que no sirve para nada, que hay que hacer otra cosa y llaman a la sociedad a concentrarse contra los recortes.

Si hay una vía distinta; si saben qué es lo que hay que hacer, me pregunto, nos preguntamos todos los españoles, por qué no la propusieron cuando eran todopoderosos y Zapatero hubiera sacado adelante en el Parlamento su propuesta nos costara lo que nos costase.

El problema de los sindicatos es que se han desprestigiado y ahora todos nos maliciamos que lo que no vale de la reforma laboral es que merma de modo importante su influencia. Sumado ese detalle de la libertad que introduce la reforma para los pactos de empresa, sobre los sectoriales y el recorte de subvenciones, las cosas están muy negras para ellos y ni siquiera disponen ya de la fuerza de la calle para intentar remover las disposiciones que les anulan.


18/9/11

Que se sacrifique la Iglesia


rouco_varela.jpg
ENTRE 7.000 Y 10.000 MILLONES | PARA PALIAR EL DÉFICIT

¿Renunciaría la Iglesia a los fondos que recibe del Estado?



 Rouco Varela. (Fotografía eleconomista.es)


He elegido este titular porque me ha dejado de piedra. La Iglesia recibe todos los años entre siete y diez mil millones (7.000.000 a 10.000.000) de euros. Con ese dinero sostiene seminarios, parroquias, órdenes religiosas diversas que se dedican, por ejemplo, a atender albergues de transeúntes, de acogida para enfermos incurables de enfermedades invalidantes no mortales, como los Cotolengos, Cáritas, comedores de caridad, centros de enseñanza en los que tienen preferencia los más desfavorecidos sobre otros aspirantes a una plaza, residencias de ancianos...

Cierto que ninguno de esos centros puede sobrevivir con el dinero que recibe la Iglesia, en exclusiva y que hay tras ellas fundaciones mixtas: Iglesia, entes municipales, particulares o simple buen corazón de las gentes del entorno que buscan ayuda para proveer u ofrecen parte de su cosecha, de la matanza, de lo que consiguen con su trabajo para ayudarles, como ocurre en los Cotolengos, en los que, aunque aún estoy perpleja, lo he comprobado, funciona el «Dios proveerá» en sitios en los tan deprimidos como las Hurdes cuya escasa población y recursos deja claro que la labor de proveer la tiene muy complicada; pero contra la razón y la lógica, ocurre. 

El titular es pura demagogia. ¿Qué ganaríamos los españoles con la renuncia de la Iglesia a ese dinero? 

Televisión española, por ejemplo, (datos de 2008). El Estado asumió en 2007 las deudas de TVE (cuando aún tenía publicidad) por valor de 7.900 millones de euros. ¿Irían esos caudales a los que se pretende que renuncie la Iglesia a paliar el déficit de la televisión pública?

Sindicatos. No nos salen baratos los representantes de los trabajadores, tampoco. ¿Qué servicio prestan? Tienen el monopolio de la negociación de los convenios y se encargan de que un trabajador excelente que rinde en su trabajo de forma excepcional, no pueda ser compensado por la empresa y se tiene que aguantar y cobrar lo mismo que el que le sobrecarga porque no da un palo al agua. No hablemos ya de los liberados sindicales; porque aunque los habrá que se entregan a trabajar para el sindicato con denuedo, son muchos los que no sólo no aportan nada, sino que son fuentes de conflictos constantes que les hacen odiosos hasta para quienes se supone que se benefician de sus desvelos.

Los cursos de formación no necesitan mucho comentario. Estoy por conocer al primer trabajador que haya obtenido una buena formación en uno de esos cursos; pero estos son los montantes de lo percibido por los sindicatos del bolsillo de todos los españoles (incluidos los que se quedaron sin trabajo y perdieron su casa). Sólo UGT y CCOO, recibieron más que la Iglesia ese año.

¿Por qué no se les pide a los sindicatos que renuncien a los fondos que perciben por algo que no parece que traiga beneficios a los trabajadores y se le pide a la Iglesia que lo haga? ¿Por qué en este momento que es cuando más está colaborando la Iglesia y su entorno en paliar la pobreza asistiendo a los que se han quedado sin trabajo ni subsidios?

¿Les parece una buena idea esa petición?


18/1/11

De la crispación al miedo



La agresión a Pedro Alberto Cruz el pasado sábado cuando salía de su casa ha hecho correr ríos de tinta con las declaraciones de unos y otros. No deja de tener su gracia que los mismos que acusaron sin paliativos a Sarah Palin por la matanza de Tucson, pontifiquen hoy que es indecente atribuir al clima de crispación generado por la izquierda este hecho.

CCOO ha pedido que no se criminalice ni a la izquierda ni a las organzaciones sociales o sindicales por estos hechos, tras condenar con rotundidad el atentado sufrido por el consejero de Cultura. Otros sindicatos añaden que harán lo posible para cuidar de que sus legítimas reivindicaciones no den lugar a que personas violentas, que no tienen nada que ver con ellos, se aprovechen de la situación para actuar con violencia.

Tienen razón. Toda la razón. Cuando se producen tensiones sociales y se convocan manifestaciones, siempre habrá un violento o un grupo de ellos que ven el momento ideal para sumarse haciendo lo que les gusta: romper escaparates, destruir el mobiliario urbano, causar daños a empresas y entidades y el colmo de la felicidad: propinar alguna paliza.

Esas personas son responsables, los únicos responsables de esos actos. No hay vuelta de hoja.

Siendo esto cierto, está por darse la primera ocasión en la que el equipo de seguridad de una organización sindical, se encargue de fotografiar a los que ejecutan actos vandálicos aprovechando la ocasión, avisen a la policía y colaboren de forma activa con las fuerzas del orden y la Justicia para que esas personas reciban un escarmiento que les disuada, a ellos y a otros que puedan caer en la tentación de hacer lo mismo, para el futuro.

En segundo lugar, hay otra realidad, que no les es ajena por completo. El PP lleva gobernando doce años la Comunidad de Murcia y en cada convocatoria mejora sus resultados. Cuando el Gobierno de Valcárcel en cumplimiento de las medidas de austeridad aprobadas por el Gobierno central, aplica los recortes en los salarios de los funcionarios, empiezan las protestas de los sindicatos; pero lo que hace estallar el polvorín es un detalle que se localiza en las bitácoras que tienen los murcianos en Internet: el Gobierno de la Comunidad de Murcia decide aplicar un severo recorte en el número de liberados sindicales. ¡La madre del cordero! 

Ahí salen los sindicatos en estampida, a exhibir con esa maestría y gracia únicas de los sindicalistas sus estrategias de convicción. Hoy han retirado el seguimiento a los miembros del PP de la Comunidad, por lo que cuenta la prensa. Hasta ahora, todo acto público o privado en el que se contara con la presencia de alguno de los responsables políticos o de un miembro sobresaliente del PP, les convocaba 'todos a una', no sólo para abuchear e insultar, sino para el lanzamiento de objetos no contundentes pero sí desagradables como huevos o tomates. 

Habían amenazado al Presidente de la Comunidad de Murcia en al persona de su hija. No escatimaron aires de matones para intentar proteger sus derechos. 

No son responsables de la paliza. No lo son, insisto. Los únicos responsables son los que la ejecutaron.

Sin embargo son responsables de despreciar la ley, de irresponsabilidad política y comportamiento sectario, por cuanto las medidas que se han adoptado para ejecutar el plan de austeridad, de forma objetiva, son las que marcó el Gobierno Central a través de una ley aprobada en el Parlamento y un paquete adicional destinado a reducir costes sociales en época de grave crisis, recudiendo la carga que los empresarios soportan pagando sueldos a empleados que no desempeñan el trabajo para el que fueron contratados; porque están entregados en cuerpo y alma a su actividad sindical y hay que contratar otra persona para que haga lo que deberían hacer ellos.

Lo más grave no son esas responsabilidades, que no es poco.

Lo más grave es que el Delegado del Gobierno en la Comunidad de Murcia se ha mantenido impasible, ha restado importancia una y otra vez a actuaciones que están tipificadas en el Código Penal, en un claro desprecio a la Ley.

Lo más grave es que el propio Gobierno de esta nación lleva casi siete años despreciando la ley, vulnerando la Constitución, amparando a quienes violaban la ley, negociando con terroristas, humillando a las víctimas, empapando a todos los españoles en el desprecio a la Ley, a las Instituciones, a la moral y los buenos usos ciudadanos.

El Gobierno ha instaurado durante siete años la impunidad, de forma consciente y deliberada, porque eso era lo que le beneficiaba: «necesitamos más crispación». 

Si eso era así cuando las encuestas eran favorables a sus intereses electorales, no quiero ni pensar en lo que puede ser necesario ante el panorama actual que ofrecen las encuestas. 

El paso siguiente a la crispación es el miedo. El miedo nace cuando el ciudadano se siente desamparado, cuando percibe que la agresión a su patrimonio, su persona o sus valores no va a recibir el amparo que le otorga la Ley, cuando esas vulneraciones interesan al Régimen para sus fines y todos los que no están con el poder están contra él. 

Y cuando se instaura el miedo, cuando el ciudadano percibe que está desamparado, que los otros tienen el poder de la fuerza y que el voto que emita para cambiar las cosas puede ser muy peligroso, porque el nuevo gobierno se encontrará ante la revuelta permanente, la manifestación por sistema, la crispación social cotidiana, puede optar por no votar y dejar que el destino se cumpla de modo inexorable. 

El día 17 de enero fue el cumpleaños de un gran humorista, Antonio Mingote. Cierro mi entrada con una viñeta suya que resume de forma magistral el futuro que nos espera. Felicidades, don Antonio.

13/1/11

Los miopes

Foto de la Noticia
Fotografía de EFE

Hoy la bolsa española ha subido, como todas las bolsas, porque se ha publicado el dato de que el PIB ha crecido un 3,9 %en Alemania, el mayor registro de crecimiento desde la unificación.

En EEUU las noticias son halagüeñas, también. Ha reducido su déficit presupuestario, se han incrementado las ventas minoristas, han mejorado los resultados del sector manufacturero, se han mantenido o incrementado de forma moderada las ventas de automóviles y el turismo obtuvo resultados favorables en Richmond, Atlanta, Minneapolis, Kansas City y San Francisco. El sector inmobiliario no remonta y eso reduce los niveles de optimismo; pero ahí están los otros datos favorables que maneja la FED.

No son los datos alemanes, es obvio; pero llaman a la reflexión por un motivo:

USA y Alemania comparten un modelo de mercado laboral que, aunque distinto, comparte elementos comunes, de los que dos son llamativos: el principio irrenunciable de la lucha por el mantenimiento del empleo en etapas de crisis y la flexibilidad laboral.

¿A que llamo lucha por el mantenimiento del empleo? Un ejemplo: una empresa americana recibe un fuerte impacto de la crisis. Bajan de forma dramática las ventas de sus productos y debe reducir costes y volumen de producción para no acumular stocks sin salida y evitar gastos de producción, como es obvio.

¿Cómo puede lograr ajustar los costes? Debe gastar menos en salarios y debe disminuir el ritmo de producción: menos gastos en adquisición de materias primas para acometer una producción que no tiene salida en el mercado, menos gastos en consumos de energía y descenso de todo el coste del proceso.

Las alternativas son dos: despedir personal para reducir costes salariales, quedarse sólo con el personal indispensable para producir lo que está absorbiendo el mercado o negociar con su plantilla para efectuar ese ajuste sin despedir a nadie.

Lo primero que se estudia son las grandes cifras: cuánto hay que ahorrar en salarios y en costes de producción para ponerse a la capa y resistir sin grandes daños la fase más aguda de la depresión. 

Una vez que los cálculos muestran el alcance de las reducciones en gastos de salarios y el recorte en el número de horas destinadas a la fabricación, se pasa a las cuestiones de detalle, se analiza caso por caso el perfil de los empleados: si tienen hipoteca, si tienen hijos en distintas fases de escolarización... En fin, el conjunto de gastos que ha de afrontar de forma inevitable cada trabajador y se calculan, en función del sueldo que percibe cada uno, el nivel de recortes que puede afrontar sin sufrir un quebranto grave. No tiene la misma capacidad para afrontar un recorte quien gana 1.000 euros que quien gana 10.000.

Aplican los recortes más leves a los salarios más bajos y los más severos a los más altos. De forma complementaria, disponen un incremento del periodo vacacional obligatorio para todos los empleados. De este modo, rebajan el personal al nivel que necesitan para reducir la producción a los niveles adecuados.

Nadie es despedido. El cálculo de recortes está bien ajustado y el descenso en los ingresos es asumible con facilidad por los empleados, aplicando ajustes domésticos simples. A cambio, disfrutan un periodo vacacional mucho más amplio, que compensa las economías sobrevenidas, más cuando la otra alternativa era el despido en un marco de crisis galopante.

Tanto en EEUU como en Alemania, funcionan así. Los sindicatos tienen claro que lo importante es evitar los despidos, que es preferible un descenso en el salario para el empleado, que verse sin trabajo en momentos en que es difícil acceder a otro empleo. 

Hay flexibilidad en el mercado laboral, una oferta muy amplia de trabajo a tiempo parcial que permite que aquellos cuyas circunstancias personales convierten en imposible ajustarse a una jornada de ocho horas, encuentren empleo en trabajos que les ocupan dos o tres horas. Incluso hay un derecho por parte de los trabajadores a disfrutar de un número preestablecido de días en los que trabaja desde su casa, conectado mediante el ordenador que le proporciona la empresa al central y le permite desarrollar su trabajo con perfecta normalidad en días en los que amanece el niño con fiebre alta y necesitan quedarse en casa a cuidarlo; porque ha caído una nevada que ha colapsado las comunicaciones o por mil motivos más.

Ahora asistimos, entre atónitos y estupefactos, al sarao que está desarrollándose ante nuestros ojos con el intento de «pacto social» para aplicar las medidas de flexibilización del mercado laboral y la reforma de las pensiones. No hace falta ser experto en nada para entender que, si el marco previsible para el futuro es que los españoles vivan entre veinticinco y treinta años tras la jubilación, desde la perspectiva actual de nuestra economía y las posibilidades de crecimiento que cabe esperar de forma razonable, no es posible sostener el sistema de pensiones en un horizonte de quince o veinte años. 

Lo importante, lo que queremos quienes vemos que nuestros ingresos brutos sufren una disminución del 20, 30 o 48% con la aplicación de los impuestos, con la consiguiente merma de capacidad de ahorro para acumular un capital o invertir para obtener ingresos adicionales el día en que la jubilación reduzca de modo drástico nuestro nivel habitual, es que, al menos, nos garanticen que vamos a disfrutar de esa pensión que se nos prometió desde que accedimos al mercado laboral.

Si la solución es trabajar hasta los 67 años, por mucho que nos fastidie, no hay otra. La negativa cerril, sólo porque hay que abanderar una supuesta defensa de las cotas coronadas, es suicida y contraria a nuestros intereses. 

Además, todo son previsiones razonables. Quienes han trabajado en «planificación estratégica» de forma continuada tienen una experiencia demoledora: nunca se cumplen sus previsiones. Por grande que sea su esfuerzo para afinar, recabando todos los datos objetivos, matizándolos con todas las variables imaginables que puedan contemplar en ese momento, es imposible presentar un informe elaborado cinco años antes, no digamos ya diez o quince, en el que las previsiones que vaticinaron se hayan cumplido.

Por ese motivo, nuestra máxima aspiración es dibujar un escenario razonable de la situación que nos aguarda en cierto plazo y trabajar, producir, ahorrar y aplicarnos a la tarea de adoptar las medidas que hoy se muestran indispensables para que se cumplan las expectativas. Luego vendrá la realidad y nos sorprenderá con una mejora asombrosa de nuestras expectativas o un descalabro aplastante si vemos que el sistema ha saltado por los aires.

Sobran ejemplos del fracaso de los vaticinios. Según ellos, en este momento las reservas de petróleo y gas natural deberían de estar a punto de agotarse, el crecimiento de la población nos habría condenado a la hambruna hace décadas, el volumen de población de las ciudades las habría colapsado.

Aún así, todos estaríamos más tranquilos si Méndez y Toxo nos demostraran que han abandonado los modelos decimonónicos de la lucha de clases para abrazar el modelo sindical alemán o americano, regido por el principio de conservación sobre todas las cosas.

No es el caso; pero también es cierto que son tigres de papel, que sólo pueden imponerse mediante la violencia de sus piquetes salvajes y que sus servidumbres ante el poder son tantas y tan vergonzosas que todas sus acciones se limitarán a un paripé que, aunque no dejará de causar daños en momentos en los que resultan un lujo fuera de nuestro alcance, se limitarán a  una actuación testimonial que no tendrá trascendencia.

Aún así, duele que quienes tienen en bandeja la ocasión de pasar a la historia como los paladines de una renovación sindical que ayudaron a sortear una de las crisis más graves de la historia de España, opten por pasar a la posteridad como la imagen de los mastodontes anacrónicos que, en su incapacidad por evolucionar, fueron incapaces de colaborar en una política llamada a liberar a España de las deficiencias estructurales que gravaban su desarrollo y le impedían alcanzar los niveles de desarrollo y prosperidad que existían en su potencial como nación.