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24/5/11

El gran secreto de Asturias: el «paisano»




Cascos recibe el aplauso de los miembros del comité directivo de Foro, con Enrique Lanza en primer término.
Fotografía tomada de httpe://www.lne.es./



Trece periódicos. Son mi fuente de datos, si no diaria, cotidiana, en mi intento de informarme en amplio espectro. Líneas editoriales conservadoras y progresistas, diarios económicos y locales. Lo que abunda no daña, aunque pueda saturar un poco en ocasiones.

Hoy ocurre eso: estoy saturada. Tenía claro desde ayer que hoy tocaba entrada local, análisis (en la modesta medida de mis posibilidades) de los resultados de las elecciones en Asturias. He leído mucho al respecto;  llegué a sentirme saturada de sesudas informaciones de expertos analistas con una categoría que no alcanzaré yo en mil vidas; pero me sentí muy insatisfecha; porque ninguno entró en el meollo de la cuestión.

Asturias no ha querido ser, menos aún reivindicarse (aunque fuera por pura estrategia de marketing) como una comunidad con rasgos diferenciales. Ningún asturiano tolera esa política y prueba de ello es que el Partido Asturianista tiene tanto futuro como un vendedor de hielo en el polo.

Lo innegable es que cada provincia, región o comunidad de este país tiene unas características propias, que suelen plasmarse en arquetipos. A los asturianos nos definen como nobles, socarrones, y acogedores. Creo que es ajustado el cliché; pero requiere matizaciones. Es cierto que somos nobles, solemos ponernos en la piel de otros, procurar ser honestos con nosotros mismos y con los demás y somos sinceros por naturaleza (con las numerosas y obligadas excepciones a la regla) aunque esa franqueza no sea siempre entendida, valga Fernando Alonso como ejemplo.

La socarronería es un humor refinado que se sustenta en una mirada crítica, un tanto escéptica, un punto ácida, que nos lleva a contemplar con agudeza lo que se intenta ocultar, para comentar que «el rey está desnudo» con enorme regocijo y ningún pudor a la hora de desvelar las vergüenzas.

Somos acogedores. Procuramos arropar a los que se trasladan por trabajo u otras razones a nuestra tierra; quizás porque pensamos que si fuera nuestro caso, sería muy duro vernos lejos de nuestra tierra, nuestra familia, nuestra gente y nos lanzamos a enjugar esos sentimientos abriendo nuestras casas, nuestras peñas de amigos, mimando al extraño en un intento de consolarle del paraíso perdido, a base de afecto, atención e integración, pese a que en muchos casos esos sentimientos imaginados no tengan nada que ver con la realidad.

En Asturias hay ideologías, como en todas partes. Hay gente que se ha adscrito a la corriente conservadora y gente que se ha alineado con la de izquierdas en todo su espectro. Cuando votan son fieles a sus idearios; pero es importante introducir un matiz. Por encima de ideologías y fidelidades, hay una figura en el imaginario asturiano que concita una unanimidad de aprobación capaz de superar la ideología y ese tótem es «el paisano».

El paisano en Asturias no es un individuo que ha nacido en el mismo lugar que otro, que vive y trabaja en el campo o que no es militar ni religioso, tal como reza en la definición del término en la RALE. En la jerga interna, paisano es un hombre (o mujer) cabal, honesto con los demás, más allá de sus flaquezas puntuales (que sea mujeriego o sufra la tacha de vicios menores). La clave del concepto «paisano» es la honestidad frente al mundo, el alarde constatado de una conducta preclara en el respeto a los compromisos adquiridos que convierten su mera palabra en un acta pública, su honradez intachable en el desempeño de sus funciones, su honorabilidad contrastada, que, pese a las debilidades evidentes que haya demostrado, garantizan que responderá con total honradez a la confianza depositada en él.

Francisco Álvarez-Cascos conquistó en su fase de Ministro de Fomento esa imagen de paisano ante los asturianos. Por eso clamamos por él y por eso castigamos a Gabino de Lorenzo por oponerse a aceptarlo como líder tras apoyarlo con todas sus fuerzas en la fase inicial. Gabino ha recibido un voto de castigo por esa mudanza que percibimos los asturianos como una muestra de defensa del «duernu» que tanto nos exasperaba; pero que no es extrapolable a resultados futuros una vez que ha recibido su castigo.

El resultado de las elecciones en el ámbito autonómico es una respuesta a la figura mítica del paisano. Vimos en Cascos el paradigma y lo votamos por esa razón. Dieciséis escaños: diez arrebatados al PP, seis entregados por la izquierda; porque el paisano está por encima de la ideología en el imaginario popular.

Es ni más ni menos, alguien de palabra, alguien en el que se puede confiar y tanto la derecha como la izquierda en esta comunidad en la que estamos tan ahítos de magüetos y mazcayos, que necesitábamos un paisano: alguien, pese a que nos desagradaran algunos aspectos de su personalidad, que nos ofreciera la mayor confianza en su palabra, su honradez y su capacidad.

Esa es la clave del prodigio que asombra a los extraños: Francisco Álvarez-Cascos, con todas sus debilidades, conquistó ante el electorado la condición de paisano y por eso, sólo por eso, aglutinó un montón de votos que antepusieron a su ideología la condición de persona cabal, competente, de fiar y merecedora de un voto de confianza rotundo. El electorado asturiano decidió que, sólo un paisano podría quebrar la dinámica de pactos secretos de las fuerzas vivas locales que intuíamos (tal vez sin base) como el más potente foco de corrupción, única explicación para el «Caso Marea» y decidiéramos que nuestro líder era el paisano.

No hay ningún misterio digno de protagonizar sesudos estudios del fenómeno. Todo se reduce a algo simple y familiar para nosotros: tropezamos un paisano y nuestros genes nos obligaron a votarlo. Ni más, ni menos. 

23/5/11

Del DRY, pasando por el fin del mundo, al FAC



José Luis Rodríguez Zapatero, durante su comparecencia tras conocer los resultados. | Afp


Hoy es un día para la historia. Es la primera vez desde el comienzo de la democracia que no ganan todos los partidos que se presentaban a las elecciones.  Ese hecho, por sí mismo, es un hito histórico.

La verdad es que daba entre risa y grima, convocatoria tras convocatoria, escuchar las declaraciones de los perdedores sobre lo buenos que habían sido sus resultados. Por una vez, el PSOE, por boca de su Secretario General declara que han perdido las elecciones. ¡Campeón!

En lo que no aprueba es en el arranque de los agradecimientos. Una vez más ha querido resaltar que las elecciones se celebraron con absoluta normalidad,  sin incidentes. ¿Se imaginan a Merkel, Sarkozy y Obama diciendo eso a sus votantes? Creo que pensarían que se habían fumado algo.

Además no eran unas elecciones convocadas en un clima normal, que muchos españoles estaban aterrorizados. Bueno, españoles y no españoles, que había noticias fidedignas y dignas de todo crédito de que iba a acabarse el mundo ayer mismo. ¡Menudo susto! Y además... ¿Esto es  normalidad? ¿Y esto? 

Lo que más me preocupaba a mí del fin del mundo era que nos iba a privar del gustazo de darle un buen par de cachetes bien dados al Presidente y sus cuates. Hoy los analistas que cubrían las elecciones, incluso el propio Zapatero, achacaban los resultados a la crisis, a la gestión de la crisis, al paro, a las circunstancias... Puede que tengan razón, pero mi motivo para alegrarme de la debacle de la banda del desgobierno es LA FRIVOLIDAD. Se portaron desde el principio como una banda de adolescentes gamberretes, siguieron haciéndolo cuando cayó sobre nosotros la crisis y siguen en ello, sin pensar que sus gracias suponían y siguen siendo causa de  desgracias dramáticas para cientos de miles de familias. 

España les ha dado hoy una manta de votos que les ha dejado deslomadosLo que disfruté viendo los resultados no está escrito, aunque parezca que sí. Hubiera sido muy triste que se hubiera acabado el mundo ayer, privándome de darme este gustazo y lo peor: me imaginaba al divino cejas riéndose de mi y de otros muchos por toda la eternidad y diciendo: «¿Ves como daba lo mismo?» La verdad, hubiera sido una faena.

Estos días pasados tuvo mucho eco y se analizó por activa y por pasiva la aparición del movimiento DRY y su eventual influencia en las urnas. Al final no ha quedado nada claro que hayan tenido ninguna influencia en los resultados. La participación fue similar, quizás unas décimas inferior a la de 2007, así que no  hay motivos para atribuirle resultados a favor o en contra. Lo que apenas se habló es de algo parecido, en cuanto al deseo ferviente de un cambio en Asturias, cuando se barajaba la elección de candidatos a estas elecciones, que dio lugar a un movimiento mucho más pequeño y discreto que paso a contarles. 

Asturias quería a Francisco Álvarez-Cascos como candidato y tras una batalla campal entre las taifas del PP nacional y el PP asturiano (no unas contra otras, sino todas a un tiempo), nos metieron a una señora concejal del Ayuntamiento de Oviedo con una imagen de incompetencia que puede que estuviera de todo punto injustificada; pero nos cayó el alma a los pies viéndonos en manos otra vez de políticos incapaces de hacer la 'o' con un canuto, carentes de la experiencia profesional necesaria para ofrecernos un mínimo de confianza en que serían capaces de trazar una política capaz de sacarnos de la crisis de '73 (sí no leen mal, hablo de la del siglo pasado) de la que aún no nos hemos recuperado. 

Entonces, un pequeño grupo de asturianos en el que había algunos abogados, montaron un partido: «Foro Asturias», llamaron a Cascos, se le eligió en asamblea como candidato por el partido y se pusieron a trabajar. No tuvieron mal  olfato. Muchos pensábamos que el único capaz de ilusionar a una mayoría, al margen de derechas, izquierdas, centro y libres por la vida, era él. 

Bien. Puede que el DRY no haya tenido ningún efecto en los resultados de las elecciones. El FAC sí lo ha tenido. Ese grupo de hombres y mujeres que, como los resistentes de Covadonga del 722 dijeron: «estamos hartos de que nos toméis por el pito del sereno, nos friáis a impuestos, no resolváis nada y solo traigáis gastos y problemas» y se alzaron en armas contra los emires del sultanato. 

El resultado es que ha ganado las elecciones, ha superado en un escaño al PSOE, por séis al PP, gobernará, sin duda, en coalición con ellos; pero Asturias, nos guste o no el carácter y las formas de Cascos, ha elegido su candidato, que es lo que importa en democracia.

Ahora nos queda rezar para que el ex-general secretario del PP  no nos decepcione mucho más de lo necesario. Veremos lo que pasa; de momento, tenemos a nuestra Mater ancestral, nuestra protectora, esa Virgen de la cueva que es más que un símbolo religioso, que es la protectora de los asturianos creyentes, agnósticos, ateos, blasfemos o píos. Le rezaremos con todo nuestro corazón y que salga el sol por Antequera. Les dejo con su himno, merece la pena escucharlo y leer el texto. Al menos a mí, me emociona.





6/3/11

Francisco Álvarez-Cascos, elegido candidato por el FAC





'El reformismo del Foro', por Juan Neira
Francisco Álvarez-Cascos durante su intervención. (Fotografía Joaquín Pañeda. 'El Comercio) 


Quienes seguimos con atención el Foro Asturias Ciudadano, tenemos en la información que proporciona hoy la prensa local, en especial 'El Comercio' donde Juan Neira Estrada firma una excelente crónica de lo ocurrido en el Congreso  celebrado ayer, una visión esperanzadora.

La gran noticia es que la asamblea fue abierta, que pudo participar todo el mundo y que se aprobaron varias propuestas con las que no estaba de acuerdo el ex General Secretario

Resulta una novedad este funcionamiento en un partido y tengo que decir que me inspira un agrado profundo. Cierto que es una paliza dar la palabra a todos los asistentes que quieran participar. Algunas intervenciones son vacuas, otras interminables, otras exhiben un candor que raya la simpleza y otras valiosas; pero incómodas. Se pierde mucho tiempo; pero ese es el camino y eso es lo que queremos los votantes: que nuestra voz suene, que no quede ahogada por una estructura de partido que cocina las propuestas de antemano, decide quién y quién no puede hablar y nos transmite la sensación de que no hay lugar en el monolito infranqueable de los partidos lugar para poner sobre el tapete nuestras opiniones, nuestras aspiraciones, nuestras inquietudes.

Sobran opiniones mucho más autorizadas que la que pudiera dar yo, de curtidos analistas políticos que estudian la situación y aventuran los resultados de las urnas. Yo no voy a entrar en eso; no tengo competencia para esos análisis y me parece una pérdida de tiempo.

Prefiero ir a otro asunto, mi visión de las campañas de los partidos como votante. Me harta que el candidato dedique el grueso de su tiempo a hablar de los otros. En este caso concreto, si yo pudiera hacer llegar mi voz a quienes diseñan la campaña, les pediría que cambien el disco.

Lo que denunció ayer Cascos: la entente entre PP y PSOE Asturias en plan: «yo no te piso el callo, tú no me lo pisas a mí, vamos a repartirnos las canonjías y ayudarnos a vivir lo mejor posible» lo sabemos todos los asturianos. Puede que muchos sepan incluso más que el señor Cascos. No me parece el mejor camino para ganar votos reincidir en un estilo que nos tiene hartos.

Lo que queremos oír los votantes son nuestros problemas reales en la boca del candidato, comprobar que tiene un conocimiento profundo de las dificultades que afrontamos. Eso es vital; porque sólo puede intentar resolverlos quien conoce el mal.

Los problemas no tienen ideología, sólo son realidades que desvelan a unos y encorajinan a otros. Si yo fuera candidata y tuviera que dar un mitin en las Cuencas, no les hablaría de los rivales, sino analizaría los problemas más graves que enfrentan esos concejos. Les contaría que sé que la minería pasa un mal momento y que su futuro no es alentador; pero que voy a poner en marcha planes para revitalizar la economía, adoptar políticas que fomenten la implantación de empresas con más futuro y posibilidades.

Si tengo que dar un mitin en la costa, comentaría el problema que representa para Asturias la carencia de estructuras portuarias adecuadas para la flota asturiana, que sólo dispone de Avilés y suele tener que acudir a puertos de otras comunidades, como el de Burela, para venderlas.

A los campesinos y ganaderos les hablaría de los planes que tengo para relanzar los cultivos, que se intensifique la producción de alimentos y ganado lo más selecto posible, para potenciar las marcas de calidad y crear otras, para favorecer su contacto con los mercados, para que sea sencillo, por remoto que sea el lugar en el que viven y trabajan, acceder al mercado.

Y así, uno a uno. Cuando uno escucha un discurso en el que se abordan sus problemas, ve que el político entiende lo que pasa, por qué pasa y se le ve dispuesto a intentar buscar soluciones, sale mucho más satisfecho que cuando va a un mitin en el que todo se reduce a atacar a los oponentes y dedicar unos pocos minutos a vaguedades sobre los problemas generales, que valen lo mismo para Las Hurdes que para Madrid y se le pide el voto para que se los solucione, sin aclarar nada sobre el programa que ha diseñado para resolverlos.

Sería estupendo que la novedad del Congreso se trasladara a ese otro terreno, dejara a un lado al funcionario y la concejal y se dedicara a ofrecernos un discurso centrado en sí mismo, en sus proyectos, en lo que piensa hacer y cómo piensa hacerlo.

Estoy convencida de que si habla directamente con los ciudadanos de lo que les preocupa y centra en ellos toda su atención y energía, los resultados serán sorprendentes; porque cuando alguien te demuestra que va a trabajar duro para conseguir que tengas trabajo, que tus hijos tengan un futuro en nuestra tierra, que va a corregir tantos desajustes, al menos una parte importante de ellos, creo que tendrá muy poca relevancia la ideología. Ya hemos tenido socialismo a paladas y hemos visto lo inútiles que son los del PP asturiano. 

Asturias quiere un líder. Cascos ha demostrado que es un político eficiente y si sabe llevar a los ciudadanos el mensaje de que trabaja para ellos y por ellos, sin restarles un ápice de protagonismo y atención mencionando a otros, creo que tiene muchas posibilidades de conseguir que el ansia de liderazgo que alienta cada asturiano esté por encima de siglas e ideologías.