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17/5/12

Gente pequeña con alzas



Javier Fernández  (Antena 3)



«Habemus Papam». Por fin, el largo camino de las elecciones ha terminado y  hay un acuerdo.

La parte positiva es que me parece justo que la fuerza más votada en las urnas ocupe la presidencia del Principado. Es lo justo y no puedo por menos aplaudirlo.

Otro aspecto positivo es un rasgo de Javier Fernández que le presenta como una persona honrada que en nada estaba de acuerdo con la «elasticidad» de muchos de sus compañeros de partido. Quienes le defienden resaltan la oposición frontal que le hizo a Areces por razones éticas. No es poca cosa.

La parte negativa... Bueno, no se alarmen, no voy a hacer recuento exhaustivo. 

Empecemos por lo anecdótico: el retrato que nos ha dejado el PP de Asturias, trabajando infatigable en la tarea de impedir que Álvarez-Cascos ejerciera el poder que le otorgaban los votos, primero y negándose, ya en los tiempos más recientes, a darle una sola oportunidad de acceder a la presidencia.

Muchos se han devanado lo sesos intentando comprender esta actitud. La respuesta es muy sencilla. Hay demasiadas cosas bajo las alfombras y si se levantan, los dos grandes partidos verán expuestas sus vergüenzas por igual. Hay grupos afines a ambos partidos que se han beneficiado de modo legal, en la mayoría de los casos; pero absolutamente inmoral en todos. Hay intereses de personajes afines a unos y otros, con mucho poder, que no van a tolerar que ningún político les desmonte tinglados muy rentables.

Esta es una explicación, simple, elemental; pero clave. Los personalismos de determinadas figuras locales o nacionales, las rencillas, los piques personales fueron el «y además...»; pero la alianza invencible PP-PSOE está en los arcanos de una necesidad común de impedir que salgan a la luz, se entregue documentación a la fiscalía o a los juzgados o se desmonten las tramas que derivan mucho dinero público a manos privadas sin vulnerar la ley o sí, en algunos casos.

Lo que votamos muchos asturianos fue ventilación, agua, jabón y mucha lejía. Quien más, quien menos, todos teníamos noticias de alguna trampa, corruptelas, favores a determinadas personas o grupos, que colmaban nuestra paciencia. Es cierto que teníamos dos candidatos con fama probada de honrados: Javier Fernández y Francisco Álvarez-Cascos. La razón de muchos para preferir a Cascos sobre Fernández es una cuestión de carácter.

Ventilar, limpiar y desinfectar los interiores de la Administración y la Junta, lo sabíamos de antemano y lo comprobamos a lo largo de estos meses, no era tarea fácil. Con el debido respeto y a mero título descriptivo, necesitábamos una «bestia parda», un político con mucho carácter, que no se dejara intimidar por las amenazas y la campaña que iba a tener que soportar si intentaba el baldeo.

Javier Fernández no da ese perfil. Cascos, aunque acabó perdiéndolo, gracias a la colaboración activa del PP con los grupos de resistencia, no se arrugó ante la campaña mediática impía que lanzaron los medios que se verían gravemente perjudicados si se hacía limpieza. Javier Fernández ni siquiera va a intentarlo (en mi opinión). Intentará, no me cabe duda, limitar en lo posible esas prácticas poco éticas; pero no cabe esperar en una persona tan introvertida y poco amante de la confrontación un intento serio de saneamiento.

Podemos tener grandes sorpresas. A veces, la formación académica de dos personas, la forma en que moldea el pensamiento  una carrera, genera un grado de entendimiento y complicidad entre dos personas en apariencia muy distantes  ideológicamente. Aunque es poco probable, Cascos y Fernández comparten esa estructura mental. Ambos son ingenieros, aunque de distintas ramas. Si Javier Fernández quiere proceder a un saneamiento profundo y no se siente con fuerzas, no es descabellado aventurar que busque, para ese fin, la alianza con Cascos. 

Sin duda, aunque posible, es más probable que nada de eso ocurra. Lo que tendremos, en un momento en el que necesitamos de forma perentoria una mente imaginativa y brillante que encuentre caminos para reflotar nuestra economía, es ese funcionario que, en su momento, fue Consejero de Industria del Principado. Pasó por ese puesto tan importante sin pena ni gloria. La mayoría ignora que estuvo ahí; no se notó, no hubo ningún éxito relevante. Fue invisible su tarea, no se vio ninguna mejora, nada pasó que le destacara.

Ahora será Presidente, gracias a UPyD y, sobre todo, al PP. Y esta tierra, llena de personas muy grandes, se verá, una vez más condenada a la pobreza por los liliputienses. La gente pequeña del PP de Madrid, la gente pequeña del PP de Asturias y, sobre todo, los diminutos Rosa Díez y Nacho Prendes.

Prendes es Abogado de profesión. Se supone que el primer requisito para el ejercicio de esta profesión es saber redactar un escrito, dotarlo de forma y contenido, estructurar las ideas, sentar premisas y desarrollar razonamientos.

UPyD se mostraba muy orgulloso de su documento para el pacto. Excuso analizarlo. Juzguen por sí mismos si esto puede ser aprobado (no digo ya redactado) por un jurista medianamente competente. 

Pero lo que me ha humillado han sido las declaraciones de Rosa Díez. Ella es la salvadora de Asturias. Gracias a ella ya no nos intervendrán. Y lo mejor: lo que le preocupa a la lideresa de UPyD es modificar la ley electoral. Está encantada y muy en línea con su mentalidad fashionista, nos brinda la deslumbrante oportunidad de ser tan fashionistas como ella (¡Oh, gloria bendita!) estrenando un look que copiará pronto toda España, gracias a ella.

El inmenso ombligo de Rosa Díez no ve el paro, la pobreza, las nulas posibilidades que tenemos de salir de la miseria con los bueyes que nos da para arar. No ve ningún problema importante, ningún gran desafío, salvo cambiar la ley electoral. No puede batir al PP en pequeñez; pero alcanza mucha más nota de la que consiguió nunca en las numerosas ocasiones en las que ella y su ombligo se presentaron como cabezas de alguna elección, a veces con unos zapatos-guante que son una muestra perfecta de su nivel en todos los terrenos.

14/2/12

Los trabajos de Asturias



El candidato socialista al Principado, durante la entrevista en la sede de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. | ángel gonzález
Javier Fernández durante la entrevista (Ángel González)


Ayer, lunes 13 de febrero de 2012, publicó 'La Nueva España' una entrevista con Javier Fernández que da un titular de portada.

«Cascos ha sido un test de estrés que Asturias no ha podido soportar»

Vayamos por partes. ¿Qué significa «test de estrés? En principio es un término médico. El estrés es aquella situación en la que un individuo sometido a tensiones variadas o situaciones límites desarrolla un cuadro patológico que incluye dificultades para la concentración, alteraciones del sueño, fatiga, ansiedad... El test de estrés no es más que un cuestionario en el que la persona va respondiendo a preguntas tales como «pérdida de apetito» con diversas opciones que van de 'nada' a mucho o extremadamente'. De este modo, el profesional puede valorar el grado estrés que está somatizando el paciente para determinar la gravedad de su estado y los riesgos que le acechan, que, en el caso más grave pueden consistir en infartos o derrames cerebrales masivos.

Del campo de la medicina ha pasado, por analogía al de la banca, las centrales nucleares y otros campos en los que se somete a una serie de pruebas a los objetos de estudio para ver su capacidad de resistencia y respuesta a una serie de situaciones que van de leves a límite para establecer un protocolo de medidas destinadas a corregir todos los puntos débiles que aprecian en el funcionamiento de la instalación o entidad a fin de garantizar que responda sin grandes daños a las situaciones verosímiles más extremas que pueda afrontar.

Todo lo que ha hecho Cascos en Asturias fue pedir las cuentas, tratar de poner orden y recortar gastos, como primera medida. La reacción del sistema ante algo que parece tan razonable fue una reacción histérica del resto del arco parlamentario, que llegó a aprobar una ley para arrebatar competencias en materia de recortes al ejecutivo y conseguir que todo intento de limitar el gasto fuera aprobado por la cámara.

Javier Fernández debería saber que el Parlamento regional no es Asturias. Ni siquiera se parece a Asturias. Asturias es un territorio habitada por gente trabajadora y honrada, que intenta levantar la economía de su tierra a pesar de los políticos. 

Así pues, el test de estrés no lo ha sufrido Asturias, sino sus instituciones políticas y el titular recoge con prístina claridad la evidencia de que no lo ha superado.

Eso quiere decir que, en contra de lo que postula Javier Fernández, la situación es gravísima. Si nuestro organismo político no es capaz de asimilar la entrada de un nuevo partido y su reacción a un hecho de absoluta normalidad democrática es que todo el establecimiento previo se convierte en anticuerpos que trabajan unidos para expulsarlo, es evidente que todos ellos tienen que irse a su casa; porque no están preparados para servir a Asturias como merece y es su deber.

Por último, una prueba más de que toma la parte más ínfima por el todo, es que Asturias sigue en pie. No se han derrumbado las montañas, ni quebrado las instituciones. La vida sigue en sus ciudades y pueblos con perfecta normalidad y lo máximo que ha ocurrido es que los asturianos hemos ahondado en el convencimiento de que nuestro principal problema, es la casta política.

Asturias superó el test de estrés, diga lo que diga Javier Fernández con absoluto éxito. Quienes no solo no lo superaron, sino que sucumbieron de forma aplastante demostrando que la democracia para ellos es solo una palabra que justifica su cargo son los políticos. Y creo que es algo que tendremos que arreglar pronto los asturianos.

17/10/11

Fernández y Fernández y los otros lópeces




Isidro y 'Cherines'
Mercedes Fernández e Isidro Fernández Rozada (M.R. 'El Comercio')

En estos tiempos procelosos en el que los lópeces aliados con los Pérez de toda la vida nos amargan la vida con pantomimas impresentables, no tiene precio el artículo del genial Faustino F. Álvarez en 'El Comercio', al que pertenece la foto que muestra a Fernández y Fernández en amigable charla, incluso armoniosa imagen, en la que los estilos de ambos políticos se muestran muy conjuntados. Pese a que en el fondo es muy triste, el análisis de la noticia de la designación de los dos vetustos próceres de la política asturiana para liderar las candidaturas al Congreso y al Senado, merece ser leído; porque la risa es un milagro en estos aciagos tiempos y no se debe desperdiciar la ocasión.

El PP se la jugó en Asturias cuando, ignorando el clamor popular (que no significa cercano o militante del PP) designó a la infumable candidata (de cuyo nombre no quiero acordarme) descartando a Álvarez-Cascos. La consecuencia irrelevante es que el PP se dio un batacazo. La relevante que aunque tenemos a Cascos en la presidencia, su mayoría es tan corta que en cualquier momento puede ser derribado por «el pacto del duernu» y eso es malo para Asturias porque significa que seremos condenados a seguir lejos de toda oportunidad de progreso y crecimiento.

Más, si los rumores que corren por los mentideros se confirman en los próximos meses. Yo les cuento y ustedes me dicen si les parece plausible o no. 

Si estuviéramos en un país democrático auténtico, en el caso de que el PSOE perdiera las elecciones se retiraría con honor, dejaría que los otros gobernaran, se aplicarían a su deber de ejercer la oposición a toda medida que no les parezca que beneficia al país y se reservaría la agitación callejera para los casos en los que sea necesario que la ciudadanía muestre al Gobierno su oposición tajante y fundada. Es decir, sería la excepción.

No es el caso. Ya vemos cómo se empieza a calentar la calle para darle una bienvenida calurosa al PP. Da  igual que una mayoría rotunda de españoles, hartos de estos lunáticos, elijamos al PP. Al día siguiente de tomar posesión, el nuevo Gobierno tendrá montada una huelga, sin considerar las pérdidas económicas que conlleva, más sangrantes cuando la economía está hundida.

Esta es la advertencia que le está lanzando el PSOE  al PP: «nos vas a ganar por goleada; pero si quieres evitar que la calle arda, vas a tener que darnos cuotas de poder». Rajoy sabe que esto es así y ya tiene preparado el esquema de un gran pacto con la oposición (o lo que es lo  mismo, con el PSOE) para que se estén, si no quietos, razonablemente tranquilos.

A cambio de la paz social, el PP le entregará al PSOE dos comunidades insignificantes: Asturias y Extremadura. En ambas fue muy ajustado el resultado. Ambas comparten un nivel de población que las convierte en irrelevantes en el terreno electoral. Son pobres y no tienen otra que aguantarse.

No sé qué perspectivas de desarrollo le esperaban a Extremadura bajo el gobierno de un equipo del PP. Tampoco sé qué grado de éxito podría cosechar Cascos en nuestra tierra; pero vemos que está poniendo orden, fiscalizando las cuentas, ya empieza a pagar facturas pendientes y, por lo menos, vemos un rayo de esperanza.

Si se cumplen los vaticinios, esa débil esperanza se apaga. Estaremos en manos de Fernández, Fernández y Fernández, seguiremos igual de mal o peor y podremos adoptar el lema «Lasciate ogni speranza», como muestra de sumisión al destino. Los más optimistas pueden consolarse pensando que una vez más, hemos contribuido a la salvación de España librándola de las hordas invasoras, esta vez de los perroflautas y antisistema, manejados por el PSOE. Triste consuelo; pero consuelo, al fin. 

También podría ser que esa maniobra fuera la espoleta que ponga en pie de guerra a una Asturias muy harta de enjuagues entre socialistas y peperos y que en las próximas elecciones la sangría de votos que sufrieron ambas formaciones a costa del Foro, pero sobre todo el PP, se convierta en hemorragia. No conviene torear más de lo que podemos tolerar a los asturianos. Ya lo demostró el primer error. El segundo, podría ser la puntilla para el partido de los Fernández.