24/4/12

¡Dejadme en paz, idiotas!






Si apareciera el hada madrina de repente ante mí y me concediera un deseo, le pediría que me suma en un sueño que termine por esta época el año que viene; porque estoy muy cansada de leer y escuchar, no sólo estupideces, sino arengas impresentables.

Antes que ninguna otra cosa, soy ama de casa  y eso me convierte en economista de alto rango. Llevo mucho tiempo administrando unos recursos suficientes y limitados, a un tiempo. En determinadas etapas de mi vida fueron escasos y me obligaron a reducir la administración a una economía de supervivencia estricta.

La primera lección de economía que recibíamos las niñas de mi época a través de nuestra madre era muy simple: adáptate siempre a los ingresos; pero contabiliza siempre a la baja. Si ganas cien, piensa que dispones de noventa y guarda esos diez restantes con celo para disponer siempre de una reserva ante un imprevisto.

La segunda lección era que, si por cualquier circunstancia desgraciada, me veía obligada a gastar más de lo que ingresaba, pasado un tiempo me vería abocada a aplicar una política de austeridad severa para poder afrontar las deudas contraídas y afinar mi ingenio para reutilizar todo lo reutilizable, pedir a otros que me cedieran lo que para ellos era inservible y para mí útil, para restringir al máximo los gastos y poder liquidar las deudas contraídas. Una vez conseguido el equilibrio, sería momento de pensar en aplicar el remanente que apareciera cuando no tuviera que pagar créditos, para invertirlo en cosas que me ayudaran a recuperar mi economía lo antes posible.

Mi caso no es una excepción. Todos los españoles recibimos estas enseñanzas y sabemos de viejo que, cuando te arruinas, la urgencia más apremiante es saldar deudas, quedarte a cero en el plazo más breve posible y,  a partir de ahí, mantener la administración de supervivencia para reunir un pequeño capital que te permita poner en marcha algún tipo de actividad que contribuya a incrementar tus ingresos y sanear tu economía.

El Presidente del Gobierno nos lo dijo con toda claridad hace un par de días: «No hay dinero». No tenemos un euro, los ingresos que tenemos están muy por debajo del nivel que necesitamos, no para mantener el tren de vida que llevábamos, sino para financiar los gastos corrientes que se habían convertido en una rutina en nuestro día a día. No hay dinero, punto pelota.

Lo sabemos bien todos los españoles. Estamos arruinados. Y si alguno tenía dudas al respecto, Bruselas ha confirmado hoy que el Gobierno anterior mintió respecto al déficit, que el año pasado alcanzó el 8,5%.

Rajoy nos avisó en la campaña. Su intención era aplicar recortes durísimos desde el principio para recuperar el equilibrio presupuestario e íbamos a sufrir. Me parece pueril que se patalee protestando porque dijo en campaña que no subiría impuestos. Esa era su intención, si podía; pero todo dependía (y yo lo entendí así) del resultado de las cuentas que encontrara. La promesa principal, al margen de las aspiraciones, era que haría cuanto fuera necesario para recortar el déficit adoptando las medidas que su Gobierno juzgara necesarias para alcanzar el objetivo.

Hemos vivido ocho años celebrando grandes fiestas, tirando dinero a espuertas en cosas que no suponían ningún retorno a las arcas del Estado. Las hemos dejado, no sólo vacías, sino en números rojos. Estamos endeudados hasta las cejas y hay que pagar, por encima de todo, para recuperar la solvencia. Seguir el camino de Cristina F. de Kirtchner, que se pasa por el forro las sentencias que condenan a Argentina a pagar a sus acreedores es un suicidio. Hay que pagar y hay que sacar el dinero necesario para hacerlo sin remisión.

Es muy duro que sea mi bolsillo el que tiene que aportar esa cantidad. Es más duro aún que sea así, pese a que jamás voté a ZP, el gran artífice de nuestra ruina. Sería fantástico que pudiéramos gravar a quienes lo votaron uno por uno, sacarles a ellos el dinero que se necesita para afrontar los pagos y el gasto corriente; pero no es posible.

Así que acepto que me no hay otra que pechar, dejar que sangren mi menguada economía y arrimar el hombro aceptando que me obliguen a sacrificarme al máximo.

Sólo pido que me dejen en paz, que alguien ponga una mordaza a Rubalcaba, coartífice de la ruina, a Valenciano, que alza el gallo como si hubiera aportado algo positivo a nuestro país en su puñetera vida y dejen de actuar como si esto no fuera con ellos, lanzando soflamas a la insumisión.

Sé, no tengo ninguna duda, porque soy ama de casa, que todo esto es indispensable, que no queda otra que hacer sacrificios heroicos y quiero dormir durante doce meses para librarme de esa palinodia que se exige al Gobierno buscando que explique con detalle por qué se retracta de lo que prometió, cuando todos lo damos por sabido: estamos arruinados y hay que hacer lo que sea para obtener los recursos que necesitamos para salir del pozo.

Quiero dormir doce meses porque sé que cuando despierte de ese sueño, lo peor habrá pasado, aparecerán síntomas de recuperación  claros que calmarán la angustia que nos atenaza, renacerá el optimismo y, con él un gran empuje positivo que tendrá efectos extraordinarios en la recuperación de la economía. Tras los meses de desesperación en los que no vimos ni un rayo de luz, la evidencia de que los tiempos de penuria tocan fin, generará una euforia que supondrá una remontada apoteosica e increíble.

No será cosa de magia, sino una consecuencia natural de nuestra condición. Podemos ser lo más destructivo para nosotros mismos cuando sacamos al primer plano nuestro cainismo y lo más positivo y brillante cuando aparcamos nuestras diferencias y remamos todos en la misma dirección hacia un objetivo común.

Así es España, eso es lo que nos espera y por eso quiero dormir doce meses: para librarme del agobio de los numerosos corifeos implorantes y disparatados que nos desquician y abrir los ojos, en perfecto estado de revista, para sumarme al trabajo de recuperación en el que estaremos embarcados aportando mi grano de arena en la creación de riqueza.

5 comentarios:

jano dijo...

Duerma usted, Carmen querida, pero no se nos tire el mar, como Alfonsina, que sus seguidores y demás familia la echaríamos mucho de menos.
No sé cuando, en la terrible vigilia que nos espera y que ya hemos iniciado, veremos la recuperación económica de nuestro país; pero cuando llegue me temo, en mi melancolía Becqueriana, que:
Volverán los oscuros Psocialistas, del Gobierno sus nidos a colgar...
Y cuando vuelva a brillar el sol y haga un día maravilloso ¡seguro que vienen ellos a jodérnoslo!
No tenemos arreglo.

Carmen Quirós dijo...

Estamos de acuerdo, don Jano. Los socialistas son nuestro instrumento de suicidio colectivo periódico.

No se preocupe, que lo de morir ahogada me espanta. Aquí estaré dando guerra mientras el cuerpo aguante.

Un abrazo, Jano.

gorkataplines dijo...

Doña Carmen, sería necesaria una siesta de varias generaciones para ver a un partido socialista y a los más de siete millones de votantes que ha tenido -de la extrema izquierda ni hablo- que se asemejen a sus colegas europeos. Aunque también es probable que eso jamás llegara a ocurrir. Así que si despierta usted dentro de un año se encontrará la misma miseria que ve ahora, pero seguramente agravada.

Hay que tener morro para arruinar a un país moral y económicamente, dejar un 8.5 de déficit y más de 5 millones de parados y pedir a los arruinados que se echen a la calle para protestar por el apretón de cinturón que indefectiblemente les viene.

Pero morro no les falta y la democracia se la ha sudado siempre. Sólo quieren recuperar el poder que siempre han considerado que les PERTENECE, y para ello todo vale. Miedo me dan y aunque sea triste decirlo la emigración es una opción que no tenemos que descartar en absoluto.

Un saludo.

Asturianín dijo...

Escribió usted, Dª Carmen:

...lo más positivo y brillante cuando aparcamos nuestras diferencias y remamos todos en la misma dirección hacia un objetivo común.

Con la oposición que tenemos, remar todos en la misma dirección se convierte en una utopía. Como muy bien han dicho los que han comentado antes que yo, volverán a aprovecharse del desgaste para acaparar el poder. Volverán a gastar lo que no tenemos. Volverán a arruinarnos. Espero no verlo. O, de verlo, espero ser lo suficientemente "vieyín" como para no enterarme.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces (y las que haga falta) en la misma piedra.

Un pesimista abrazo.

Carmen Quirós dijo...

La esperanza es lo último que se pierde, señor Taplines. Con un poco de suerte, la izquierda seria, que existe, aunque esté anulada por la banda de gamberros, logrará imponerse y regenerar el partido. Ya sé que esto es creer en los Reyes Magos; pero por soñar...

Asturianín, estamos de acuerdo. Al menos en esta legislatura, no hay nada que hacer. La suerte es que durante cuatro años, el PP gozará de mayoría absoluta; pero el desgaste va a ser tremendo y el futuro se presenta oscuro a más no poder, salvo que la suerte nos acompañe y España despegue antes de lo previsto.

Muchas gracias por sus aportaciones. Un abrazo.