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24/4/12

¡Dejadme en paz, idiotas!






Si apareciera el hada madrina de repente ante mí y me concediera un deseo, le pediría que me suma en un sueño que termine por esta época el año que viene; porque estoy muy cansada de leer y escuchar, no sólo estupideces, sino arengas impresentables.

Antes que ninguna otra cosa, soy ama de casa  y eso me convierte en economista de alto rango. Llevo mucho tiempo administrando unos recursos suficientes y limitados, a un tiempo. En determinadas etapas de mi vida fueron escasos y me obligaron a reducir la administración a una economía de supervivencia estricta.

La primera lección de economía que recibíamos las niñas de mi época a través de nuestra madre era muy simple: adáptate siempre a los ingresos; pero contabiliza siempre a la baja. Si ganas cien, piensa que dispones de noventa y guarda esos diez restantes con celo para disponer siempre de una reserva ante un imprevisto.

La segunda lección era que, si por cualquier circunstancia desgraciada, me veía obligada a gastar más de lo que ingresaba, pasado un tiempo me vería abocada a aplicar una política de austeridad severa para poder afrontar las deudas contraídas y afinar mi ingenio para reutilizar todo lo reutilizable, pedir a otros que me cedieran lo que para ellos era inservible y para mí útil, para restringir al máximo los gastos y poder liquidar las deudas contraídas. Una vez conseguido el equilibrio, sería momento de pensar en aplicar el remanente que apareciera cuando no tuviera que pagar créditos, para invertirlo en cosas que me ayudaran a recuperar mi economía lo antes posible.

Mi caso no es una excepción. Todos los españoles recibimos estas enseñanzas y sabemos de viejo que, cuando te arruinas, la urgencia más apremiante es saldar deudas, quedarte a cero en el plazo más breve posible y,  a partir de ahí, mantener la administración de supervivencia para reunir un pequeño capital que te permita poner en marcha algún tipo de actividad que contribuya a incrementar tus ingresos y sanear tu economía.

El Presidente del Gobierno nos lo dijo con toda claridad hace un par de días: «No hay dinero». No tenemos un euro, los ingresos que tenemos están muy por debajo del nivel que necesitamos, no para mantener el tren de vida que llevábamos, sino para financiar los gastos corrientes que se habían convertido en una rutina en nuestro día a día. No hay dinero, punto pelota.

Lo sabemos bien todos los españoles. Estamos arruinados. Y si alguno tenía dudas al respecto, Bruselas ha confirmado hoy que el Gobierno anterior mintió respecto al déficit, que el año pasado alcanzó el 8,5%.

Rajoy nos avisó en la campaña. Su intención era aplicar recortes durísimos desde el principio para recuperar el equilibrio presupuestario e íbamos a sufrir. Me parece pueril que se patalee protestando porque dijo en campaña que no subiría impuestos. Esa era su intención, si podía; pero todo dependía (y yo lo entendí así) del resultado de las cuentas que encontrara. La promesa principal, al margen de las aspiraciones, era que haría cuanto fuera necesario para recortar el déficit adoptando las medidas que su Gobierno juzgara necesarias para alcanzar el objetivo.

Hemos vivido ocho años celebrando grandes fiestas, tirando dinero a espuertas en cosas que no suponían ningún retorno a las arcas del Estado. Las hemos dejado, no sólo vacías, sino en números rojos. Estamos endeudados hasta las cejas y hay que pagar, por encima de todo, para recuperar la solvencia. Seguir el camino de Cristina F. de Kirtchner, que se pasa por el forro las sentencias que condenan a Argentina a pagar a sus acreedores es un suicidio. Hay que pagar y hay que sacar el dinero necesario para hacerlo sin remisión.

Es muy duro que sea mi bolsillo el que tiene que aportar esa cantidad. Es más duro aún que sea así, pese a que jamás voté a ZP, el gran artífice de nuestra ruina. Sería fantástico que pudiéramos gravar a quienes lo votaron uno por uno, sacarles a ellos el dinero que se necesita para afrontar los pagos y el gasto corriente; pero no es posible.

Así que acepto que me no hay otra que pechar, dejar que sangren mi menguada economía y arrimar el hombro aceptando que me obliguen a sacrificarme al máximo.

Sólo pido que me dejen en paz, que alguien ponga una mordaza a Rubalcaba, coartífice de la ruina, a Valenciano, que alza el gallo como si hubiera aportado algo positivo a nuestro país en su puñetera vida y dejen de actuar como si esto no fuera con ellos, lanzando soflamas a la insumisión.

Sé, no tengo ninguna duda, porque soy ama de casa, que todo esto es indispensable, que no queda otra que hacer sacrificios heroicos y quiero dormir durante doce meses para librarme de esa palinodia que se exige al Gobierno buscando que explique con detalle por qué se retracta de lo que prometió, cuando todos lo damos por sabido: estamos arruinados y hay que hacer lo que sea para obtener los recursos que necesitamos para salir del pozo.

Quiero dormir doce meses porque sé que cuando despierte de ese sueño, lo peor habrá pasado, aparecerán síntomas de recuperación  claros que calmarán la angustia que nos atenaza, renacerá el optimismo y, con él un gran empuje positivo que tendrá efectos extraordinarios en la recuperación de la economía. Tras los meses de desesperación en los que no vimos ni un rayo de luz, la evidencia de que los tiempos de penuria tocan fin, generará una euforia que supondrá una remontada apoteosica e increíble.

No será cosa de magia, sino una consecuencia natural de nuestra condición. Podemos ser lo más destructivo para nosotros mismos cuando sacamos al primer plano nuestro cainismo y lo más positivo y brillante cuando aparcamos nuestras diferencias y remamos todos en la misma dirección hacia un objetivo común.

Así es España, eso es lo que nos espera y por eso quiero dormir doce meses: para librarme del agobio de los numerosos corifeos implorantes y disparatados que nos desquician y abrir los ojos, en perfecto estado de revista, para sumarme al trabajo de recuperación en el que estaremos embarcados aportando mi grano de arena en la creación de riqueza.

12/4/12

Mi gratitud






A veces, la vida te besa en la boca y te gratifica, no con un premio de lotería o un hallazgo que te saca de penas, sino con el gran tesoro de la entrega a los demás.

A mí me pasó. Un día me invitaron a ayudar en un comedor social como voluntaria y cuando salí de allí, tras hora y media, sentí que mi vida era rica y fructífera, que había ocurrido algo muy importante.

Me sorprendió. Había criado tres hijos, cuidado a mis padres, desarrollado de modo modesto; pero suficiente para mis aspiraciones, una profesión; pero nunca había experimentado la sensación de utilidad que me invadió preparando las bandejas para los comensales o ayudando a recoger la vajilla una vez limpia.

Han pasado diez años como un suspiro. Se ha doblado con creces el número de personas que acuden cada día y cada noche a comer o a recoger el menú del día, junto con otros productos de primera necesidad para librarse del hambre.

La prensa presenta la alusión de Sarkozy o Putin a España como muestra representativa del daño que causó el Gobierno socialista, en la clave de una ofensa a España. Yo no lo veo así. No nos ofenden esas palabras, sino la realidad de millones de personas acudiendo al comedor social para librarse del hambre; porque el desgobierno las arrojó a la pobreza.

El vídeo que encabeza esta entrada es de Alejandro Toledo. Vio a un colega y le siguió para saludarle. Le sorprendió verle entrar en un comedor de Cáritas y salir, poco después, con una bolsa con comida. Entró en el comedor y descubrió que la clientela no eran pobres tradicionales o marginales, sino mucha gente bien trajeada los otrora llamados pobres vergonzantes, que, arruinados por la crisis negada por el Gobierno, tenían que recurrir a la beneficencia para librarse del hambre e impresionado, decidió aportar lo que estaba en su mano: un vídeo promocional para la labor de Cáritas.

Es magnífico y refleja muy bien el drama que viven hoy millones de españoles que pasaron de la cresta de la ola o la confortable suficiencia que proporciona el trabajo que te permite mantener a tu familia, a la pobreza absoluta. 

Como testigo del drama, quiero rendir homenaje a esta obra. Gracias, Alejandro. Su obra atraerá una mayor atendión sobre esas instituciones que contribuyen a paliar el efecto de la crisis sobre la ciudadanía arruinada; hará que aumenten las donaciones necesarias para sostener esta labor con una demanda creciente y muchas personas vean garantizada la triste seguridad de que, por lo menos, tendrán un plato caliente que llevarse a la boca cada día y se librarán del dolor de ver pasar hambre a sus hijos, gracias al trabajo desinteresado e ingente de una organización católica y unos voluntarios que deberíamos pagar por el privilegio de aportar nuestra ayuda a paliar ese inmenso drama.


22/11/11

Reflexiones del día después





Es muy divertido recorrer el análisis que hacen los «politólogos» de la prensa en el día de hoy, emborronando papel cantando las excelencias del presidente electo.

Las hay para todos los gustos, aunque primen las que, olvidando los palos que le dieron por su «cachaza», ven en el día de hoy las excelencias de esa estrategia de desgaste, tan poco lucida; pero tan magistral en su ejecución, que hizo posible volver contra sus enemigos el famoso cordón sanitario y la demonización de la derecha crispadora. Un genio, coinciden todos. Pues vale.

La cuestión, en mi opinión, es más simple. Imagine que es usted muy rico, que tiene tantas propiedades e intereses que necesita un equipo que administre y gestione con éxito el potencial de su fortuna. ¿Elegiría usted a un personaje frívolo, amante de los experimentos, que le ofrece encanto y afabilidad o a un individuo serio, poco imaginativo, tal vez; pero que le garantiza seriedad y rigor en la administración?

Puede que en una etapa de gran florecimiento, esté dispuesto a probar cosas nuevas; pero cuando arrecian las tempestades y su fortuna corre peligro, pasaportará al embaucador y elegirá al que demuestra que es responsable y trabajador, aunque no tenga eso que se llama carisma.

Lo del carisma es engañoso. Los medios de comunicación nos lo venden como una fórmula que aúna una dosis de belleza, una pizca de encanto, un gran lote de capacidad para enardecer a las masas y llevarlas donde pretenda prendidas en su encanto.

Eso es la teoría; pero la práctica es más prosaica. Tiene carisma aquel que, en un momento concreto, reúne todas las características necesarias para convencer a los demás de que es la persona adecuada para alcanzar los objetivos perseguidos.

Hoy muchos intentan explicar por qué se mantiene la prima de riesgo tan alta, pese a los resultados electorales y baja la bolsa. Si se siguen todas las opiniones, se puede componer un abanico muy amplio, casi exhaustivo, de las razones por las que pasan las cosas que están ocurriendo. Si se para uno a analizar los datos, aparece nítida la base del problema.

No hay liderazgos, en el sentido de que, quienes detentan el poder a la hora de tomar decisiones en la coyuntura que afrontamos, adolecen de carencias básicas, pese a que, en algunos casos, reúnan todas las condiciones para ostentar la condición de paradigma de la figura del líder.

El primer factor es el de la carencia de una preparación sólida que permita elegir el mejor equipo para atajar los problemas que aparecen. Los líderes buscan más la afinidad ideológica con los miembros de los equipos que articulan, que con la eficiencia de los elegidos en términos objetivos.

El segundo está en la pérdida de valores en la sociedad. Cada cual busca su fortuna, su minuto de gloria, su lucimiento, no trabaja en interés de la sociedad, sino defendiendo sus intereses. Esto no es malo, es la base del capitalismo; pero hasta hace unas décadas bajo esa postura egoísta y legítima de obtener el mayor beneficio de las inversiones había una postura ética que constituía una garantía de gran  valor; porque los mercaderes (da igual que hablemos de comerciantes, banqueros, intermediarios o representantes de firmas) cifraban el éxito a largo plazo de su negocio en la confianza de sus clientes, en la certeza de estos de que no les ofrecerían nada que entrañara riesgos imprevistos y en el caso de que los hubiera, serían advertidos de antemano para que pudieran decidir si les compensaba correrlos, o no.

Todo eso se ha acabado. En Europa no hay un liderazgo potente formado por dirigentes que tienen una visión amplia de los problemas que afrontamos, de las múltiples variantes que plantean, cómo enfocarlos, cómo reconducirlos para resolverlos con éxito. En Estados Unidos, las cosas no van mejor. Republicanos y Demócratas andan a la greña, más interesados en los réditos políticos que en resolver la delicada situación en la que se encuentran con el problema del déficit. Unos y otros se apresuran a echar las culpas de la crisis a otros, en lugar de concentrarse en analizar qué están haciendo mal, qué errores han cometido, siguen cometiendo y cometerán en el futuro, si no cambian de estrategia.

Ahí estriba la clave del éxito de Rajoy: ofrece la imagen de una persona honesta y sincera, que no entra en contiendas estériles, poco dado a culpar a otros de los contratiempos, que parece tener una idea muy clara de cuáles son los problemas y cuál es el camino que hay que seguir para resolverlos. No ofrece milagros, solo trabajo, fórmulas en las que cree, que saldrán bien o no, el tiempo lo dirá. Lo que no le niega nadie, ni siquiera sus peores enemigos, es la condición de honesto. Hará en todo momento (con acierto o no, insisto), lo que considere que resulta más adecuado para sacarnos del pozo, sin que distorsione su visión la ideología, los prejuicios o el ansia de alcanzar réditos personales, por encima de cualquier otro interés.

Ese es su carisma. Tras tantos años de engaños e ingeniería social, lo que queremos en el Gobierno es un señor con aspecto de contable escrupuloso que sanee las cuentas y nos diga cuáles son los problemas que van surgiendo, su alcance real, los riesgos que entrañan y qué caminos ve para resolverlos. 

No se puede pedir más. Es todo lo que necesitamos; porque los que tenemos que resolver el problema somos los ciudadanos. Los políticos sólo pueden diseñar una escenografía lo más favorable posible para que fluya la trama de nuestra labor sin obstáculos y con la mayor agilidad posible. Parece que ese apartado lo tiene claro y solo nos queda esperar para ver si es capaz de crear ese clima ideal para que nuestro trabajo y nuestro sacrificio corone las metas que perseguimos.

10/11/11

Otoño de hojas secas



El tejo de Lago


Llueve melancolía el otoño. El espíritu lucha a brazo partido con el peso de las cifras: la de paro, la de deuda... Encara con denuedo el redoble enloquecedor de los tambores que anuncian la catástrofe: la deuda griega, la crisis italiana... Se enfunda en la coraza para protegerse de una campaña que dura ya tantos meses que este final resulta agotador. Las noticias de la prensa oscilan entre la lluvia fina y la tormenta tropical que amenaza transformarse en huracán ante nuestro estupor impotente. 

El cálido olor del otoño se ha impregnado de miseria y corrupción. Se han abierto las cloacas tras la larga travesía por un paraje social en el que se cultivaron con ahínco el desprecio a los valores, al esfuerzo, al reconocimiento del mérito, a la honorabilidad, al sagrado derecho del ser humano a creer en Dios y profesar la religión con naturalidad sin que los practicantes sean etiquetados como acreedores de desprecios. Todo lo que oliera a honestidad, a defensa de valores, a exigir un comportamiento ético, quedó tachado de «cavernario», «reaccionario», «antisocial».

Se nos prohibió enorgullecernos de nuestra historia, nuestros mitos fueron vilipendiados, nuestros símbolos proscritos. Arrasaron los pilares que sostienen la civilización y se nos condenó a la apostasía de lo que fuimos y somos, por encima de todo.

Pero nos queda el tejo de Lago. Un árbol milenario, símbolo vivo de un pasado en el que las gentes se reunían en torno a él en fechas señaladas para rendir culto a los muertos, que según las creencias de aquellos tiempos, eran el refugio de las ánimas de los difuntos de la aldea. Se les hacían ofrendas y se impetraba su protección contra las inclemencias naturales o fruto de la acción del hombre, que acechaban la paz del enclave.

Junto al tejo, bajo su protección, existe una iglesia, una de tantas, que simboliza el paso del tiempo, el traslado de la fe a otras potencias sobrenaturales, dotadas de una capacidad superior a la de las ánimas queridas para proteger a las gentes; pero los devotos de hoy siguen mirando con reverencia al tejo cuando van a la iglesia y la iglesia se alía con el tejo para protegerse, a su vez, del paso del tiempo.

El espíritu reposa en este enclave perdido, empapándose del simbolismo que exuda el lugar, que los cimientos de la iglesia y las raíces del árbol extraen de las entrañas de la tierra para difundirlo como un aroma tenue y dulce de eternidad que nos recuerda que todo es efímero.

Al igual que el tejo, nuestra fuerza y vitalidad descansa en nuestras raíces. Al igual que la iglesia, superaremos todos los reveses si conservamos la solidez de nuestra cimentación. La respuesta no está en lo externo, sino en nuestra capacidad de reacción y nuestro esfuerzo.

Mientras no olvidemos quiénes somos, qué debemos hacer y seamos capaces de hacerlo, aunque cueste, nos duela, sea muy duro, ninguna tormenta será lo bastante fuerte para abatirnos. Llueve melancolía el otoño; pero lleva en su seno el germen de la regeneración.

17/9/11

Lenguas viperinas



Fotografía eleconomista.es

La foto que ilustra la entrada pertenece a un artículo de 'El Economista' en el que se sugiere la posibilidad de que Grecia venda sus islas, al menos alguna de ellas, para afrontar sus deudads.

La idea no deja de ser disparatada por numerosos motivos. Grecia es una nación en la que a la masa continental es solo una parte del territorio. El resto está constituido por islas, islotes, afloraciones rocosas... Aunque esa parte de su territorio esté aislada del tronco continental, es parte del territorio, tan inseparable, como Tesalia o Epiro. Hay islas griegas de propiedad privada; pero si se venden esas islas, será su propietario quien se embolse el dinero, no Grecia, como estado. Ningún estado, hasta donde yo sé, puede vender parte de su territorio a otro estado. Puede concederle, como hizo Carlos I para saldar sus deudas con los Függer, hacer concesiones sobre la explotación de algún bien patrimonial, como las Minas de Riotinto; pero no puede vender Mayorca o Alborán para pagar deudas. El Gobierno de Grecia no es diferente.

En segundo lugar, si Grecia vendiera hoy sus islas, garantizaría su suicidio. Uno de los principales motores de la economía griega es el turismo. Si vendiera sus islas o el Partenón, como sugieren otros, mermaría sus escasas fuentes de ingresos; porque los beneficios del sector turístico de las islas o de las visitas al Partenón, se los llevarían sus acreedores y se agravaría su problema ante la deuda que acumula. Su agricultura es de supervivencia, su industria es débil, su territorio es pobre, no puede permitirse prescindir de ninguna de sus escasas fuentes de riqueza.

Se escuchan (leen) en la Red, de ahí el título de la entrada, lenguas viperinas, entre las que no faltan algunos santones de la opinión alemana, que insinúan que la presión sobre el Mediterráneo: Grecia, Italia y España, es fruto de una vieja frustración de los norteños. 

Ellos lograron una gran cultura, una aportación innegable a los caudales artísticos europeos: músicos inmortales, filósofos, matemáticos, físicos... Disponen de paisajes maravillosos; el propio Berlín es una ciudad de belleza singular; pero no tiene un Partenón, una Alhambra, una Mérida, algo similar a  Creta y los alemanes quieren ser dueños de esos tesoros, de esa cultura que forma parte de su acervo; pero que no es obra suya, porque su historia no les permitió, en las duras condiciones climáticas de los territorios en los que se asentaron, desarrollar desde la más remota antigüedad una estructura social y una economía que les permitiera crear algo similar.

La crisis les permite colmar una vieja aspiración. Si ellos pudieran adueñarse de Grecia, de Creta, de Italia o España, dirigir sus destinos, gobernarlas y administrar estos increíbles tesoros, lo harían mejor, serían más eficaces, protegerían como no lo hemos hecho los herederos de esas ancestrales culturas los tesoros que nos legaron. 

Ellos sienten que tienen derecho a intentar salvar esos tesoros apoderándose de ellos porque nosotros somos indignos del legado de nuestra historia y es justo y necesario que sean ellos quienes lo protejan de nuestra abulia y corrupción.

¿Qué hay de cierto en todo esto? Lo ignoro. Puede que haya más de lo que los escépticos, como yo, estamos dispuestos a aceptar y menos de lo que los conspiranoicos sospechan. En todo caso, tenemos ahí la historia de Roma, amenazada y victoriosa una y otra vez a lo largo de la República, desde Mario, por la presión de los pueblos del norte que veían en las riberas del Mediterráneo un paraíso codiciado que terminaría con las penurias que soportaban en las desapacibles tierras centro y norte europeas.

Atila, procedente de los territorios del Danubio, asoló Roma y hundió el Imperio de Occidente; pero no fue capaz de tomar posesión de sus nuevos dominios, devolverles el esplendor pasado, reactivar la cultura y la civilización decadente que había permitido construir y prosperar a esa ciudad mágica y al imperio que conquistó. Su ansia de posesión se limitó a ser el caos que aniquiló toda una era.

Si hay algo de cierto en las supuestas aspiraciones germánicas, la pregunta es: ¿Berlín será el salvador de los tesoros de nuestra cultura (si logra su objetivo) o el Atila moderno que volverá a aniquilar una cultura y la obligará a transitar por una larga etapa de restauración similar a la Edad Media?

El tiempo, sólo él, nos dará la respuesta.




2/6/11

Llámame Alfredo




Rajoy, comparte un plato de pepino con Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal
Foto de familia del PP con pepino (EFE para 'La Razón')


La noticia del día en todos los periódicos es el anuncio público de Mariano Rajoy de que hará auditorías en las comunidades en las que gobernará tras las elecciones para tener un conocimiento preciso de la situación presupuestaria y contable.

Está muy bien; porque ante el problema que tenemos, lo primero es saber cuál es su alcance real, luego ver qué caminos hay para equilibrar las cuentas y reducir los gastos.

La segunda noticia, en la misma línea, son los resultados del primer trimestre en las CCAA en cuanto a cumplimiento del déficit. Me quedo con el análisis que publica Libertad Digital, porque es el más pormenorizado, aporta muchos datos y es exahustivo.

La verdad es que no parece que puedan pasarnos muchas más cosas malas. A la crisis del pepino, se suma el incendio en dos tanques de combustible en el puerto de Gibraltar, que ha contaminado dos playas de Algeciras, hasta el momento.

Carbonilla y chapapote procedente del vertido de Gibraltar en una playa algecireña. | Francisco Ledesma
Fotografía de Francisco Ledesma para 'El Mundo'

Es cierto que la súper crisis económica de Cataluña, es un problema heredado; pero eso va en el sueldo y la carga que se asume al presentarse a las elecciones, en especial cuando esa deuda heredada nace de forma directa de la política catalanista que implantó CIU durante décadas en el gobierno de la CAC.

No es de recibo, con la que está cayendo, que los políticos catalanes aprueben un presupuesto que duplica el techo del déficit impuesto para hacer frente a la crisis. 

Bruselas presiona al Gobierno español para que aplique con absoluta firmeza las medidas y meta en cintura a las comunidades ariscas. Tienen a Cataluña en el punto de mira, con especial interés; porque las veleidades catalanistas entrañan gastos abundantes e injustificables en tiempos de crisis y tiene peso sobrado para hundir, por sí sola la economía española.

Pero el Gobierno, en el día de hoy, es Alfredo Pérez Rubalcaba, demasiado ocupado en trabajar en su campaña de las elecciones generales y no cabe esperar  que haga nada que ponga en peligro apoyos a sus aspiraciones.

Lo único que le preocupa al Gobierno en el día de hoy es que los españoles llamen a su vicepresidente Alfredo y a ello dedicará durante un tiempo sus mejores energías. Y así, de ocurrencia en ocurrencia, iremos pasando el rato, mientras el faisán duerme y la deuda se dispara.

17/4/11

Un país con hambre y sed



El presidente del Gobierno y líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, durante su intervención en un mitin que se ha celebrado esta tarde en el Palacio de Congresos de Albacete
Mitin en Castilla la Mancha (EFE)


José María Aznar declaró que España va a tener dificultades para pagar la deuda. 

A  los españoles que no llevamos la venda en los ojos de la devoción al gobierno, no nos sorprendió esa noticia. Miramos con preocupación su trayectoria. Aplica parches, no medidas estructuradas; el paro sigue en aumento y el propio ministro de Trabajo declara que es factible que lleguemos a los cinco millones de parados. Sigue el goteo de cierres en la pequeña y la mediana empresa. No se hace nada para generar la creación de nuevas empresas, sigue siendo un largo, duro y costoso proceso el que se ha de seguir para emprender un negocio y cada día nos endeudamos más y a costes más altos.

No es necesario ser un lince para entender que si el país no genera riqueza, va a ser difícil afrontar los pagos. Aznar no ha dicho nada que no sepan, tanto los mercados, como cualquier español con dos dedos de frente.

Sin embargo, nuestro presidente se ha rasgado las vestiduras y le ha hecho un ruego doliente a Aznar «que me ponga las zancadillas a mí, no a España».

Rodríguez es la zancadilla por antonomasia para España. Por difícil que parezca que pueda meter la pata, consigue hacerlo siempre. Es su mayor don. Además, ya nada puede hacerle daño. No se va a presentar a las elecciones y, en consecuencia, el deterioro de su imagen de incompetente total, refrendada cada día, no tiene consecuencias. 

Pedir con voz de plañidera que le hagan daño a él es tan ridículo como sostener que las declaraciones del ex-presidente van a hacer daño a España. Si él fuera un gobernante sólido, no tendría ninguna importancia lo que diga su antecesor, frente a su palabra. Su frase sólo demuestra que él no tiene ningún crédito, mientras que Aznar, pese a que es pasado, sigue teniendo una credibilidad absoluta. Hasta para hacerse el mártir es nefasto.

Que pida a otro que no perjudique a España, siendo él el mayor de nuestros focos de perjuicio interno y exterior, no deja de ser muy divertido.

Hay un sector en España que prefiere cerrar los ojos, no ver, no saber, no enfrentar nada inquietante. El resto vivimos con hambre y sed. Ni siquiera pedimos que el causante de la mayoría de nuestros problemas, quien vació las arcas regalando dinero y nos condujo a la situación que estamos, reconozca que es la causa de todo lo que estamos viviendo. 

Nos conformamos con que nos diga: «estos son los problemas», haciendo una relación detallada, «y tenemos que aplicar estas soluciones. Son duras, cierto, pero son inevitables. No vamos a llorar por el agua derramada. Ha pasado, nos hemos arruinado y ahora hay que buscar salidas. Este es el camino».

Pero no llega. Cada día es una ocurrencia, una noticia optimista que desaparece enfrentada a la realidad. Tenemos hambre de información honrada y las palabras de Aznar, pese a todo, nos confortan. Otra cosa es la preocupación ante las dificultades que prevé, con este artista de la cuerda floja en el timón, incapaz de diseñar una política ambiciosa y bien coordinada para atajar el problema. Pero lo importante lo tenemos: nos han dicho la verdad y eso nos conforta.

28/2/11

Zapatero como Gadafi



Fotografía ABC

Nos cuenta la prensa de hoy que Gadafi declara que su pueblo le ama y está a su lado, que es una minoría manipulada por Al Qaeda y los islamistas la que está organizando las revueltas y que arreglarán esto pronto (excelente artículo de Antonio Caño desde Washington en 'El País).  Ayer aparecieron en distintos medios artículos y entrevistas en los que psiquiatras reputados hacían un análisis del tirano poniendo de relieve una personalidad paranoide, convencido de que él tiene la razón y los demás están equivocados, que a lo largo de los años se ha fabricado un mundo narcisista, egocéntrico, rígido e intolerante. (Alejandro de la Gándara y José Cabrera para 'El Mundo'). 

Desde luego, nuestro presidente no es un terrorista, aunque parece que le fascinan los terroristas y no tiene ningún empacho en tratarles como hombres de paz e interlocutores válidos. Hay una distancia entre las negociaciones del paz con ETA y Lockerbie, es evidente.

Sin embargo, la actitud de nuestro presidente es muy parecida a la del libio. El egocentrismo, la desconexión con la realidad, que niega de palabra o de obra, el narcisismo, la confianza en que los españoles le adoran a despecho de las evidencias y que aceptarán todo lo que él disponga; la rigidez de sus posturas, la permanente destrucción de quienes considera enemigos o rivales o el intento de triturarlos, cuando menos, guarda un estrecho paralelismo.

Para muestra un botón: Cuando acepta, por fin, que España está sumida en una crisis de dimensiones bíblicas, con cuatro millones setecientos mil parados, la pequeña y la mediana empresa (la fuente por excelencia de puestos de trabajo) arrasadas y el sector hostelero muy tocado por el descenso del gasto que imponen las circunstancias, no recorta gastos donde de verdad se va el dinero a espuertas. 

No dispone por ley que se reduzcan empresas públicas, fundaciones y otros comederos que no son fuentes de creación de riqueza, sino pantallas destinadas a desviar fondos públicos de forma opaca. No reduce el parque de coches oficiales, no elimina teléfonos móviles con cargo a los presupuestos, no racionaliza el gasto, no adopta medidas para revitalizar la economía. 

Opta por paralizar la obra pública, generando más crisis, tanto por el problema que supone para las empresas y la reducción de puestos de trabajo en el sector, como la supresión de una política de mejora en las comunicaciones, vital para la revitalización de la economía cuando el temporal amaine.

Opta por un ataque frontal a la hostelería con su campaña antitabaco. Vale, es muy malo y hay que obligarnos a los españoles a mejorar nuestros hábitos; pero no es el mejor momento para acometer esa medida que agudiza de forma alarmante la crisis del sector.

Cada ley que sale a escena incluye la creación de órganos de control, seguimiento o sanción. No se encomiendan las competencias a otros ya existentes, se opta por aumentar el peso muerto de los organismos del estado.


Una muestra palpable está en el informe que está rematando el Consejo General del Poder Judicial sobre el proyecto de Ley de Igualdad de Trato. Debe ser que una ley no tiene categoría, en opinión de nuestros gobernantes, si no crea, al menos, un órgano nuevo. En este caso, la Ley de Igualdad de Trato y la No Discriminación, crea un Alto Órgano, sea esto lo que sea, para que vele por la igualdad de trato. Más gasto, más despilfarro, más madera para que la crisis se mantenga pujante.


Lo gordo es que ese Alto Órgano entra en conflicto de competencias con el Defensor del Pueblo. Debe colaborar con él, eso dice la Ley; pero como señala el CGPJ, la indefinición es la pauta de la Ley. No se señala qué conductas son las que se consideran discriminadoras, no se definen los tipos (téngase en cuenta que tanto en materia penal como administrativa, cuando conlleva sanciones es obligatorio determinar con toda claridad qué conductas son punibles o sancionables con todo detalle, para garantizar la seguridad jurídica), con lo que el conflicto está servido de antemano.


Es decir: cuando andamos pelados, pidiendo créditos para atender los gastos corrientes, con la economía colectiva e individual hecha unos zorros, nuestro presidente continúa acumulando problemas, gasto, conflictos e incluso, fomentando la delación.


Si no es un paranoico ajeno a la realidad, ególatra, ensimismado en su mundo de fantasía, convencido de que la adoración de los españoles es tan ciega que vamos a soportar todo lo que disponga, que alguien me aclare cómo se puede explicar que incida día a día en conductas que están llevándole, sin remedio, a un descalabro electoral. 

5/1/11

¿Que nos están preparando?



Llevo días en un sin vivir. Cuando la huelga encubierta de los controladores nos costó a todos los españoles el 'estado de alarma', me pareció fatal; pero no dejé de admirar la astucia de nuestro vicepoderoso. 

Habían aprobado un paquete de medidas inevitable, tras tanto tirar el dinero por la ventana y había que recortar gastos. Hubiera sido mejor que obligaran por decreto a las Autonomías a reducir consejeros, consejerías, órganos que sólo existen para colocar amiguetes y otras bagatelas que seguro que supondrían mucho más rendimiento; pero ya se sabe que pagamos siempre los mismos y lo último que necesitábamos era una ola de protestas, otra huelga y la basca esa que se dedica a agredir y destrozar, suelta por las calles para impotencia y bochorno de los españoles civilizados.

Durante dos semanas los controladores fueron el enemigo público de los españoles, los malos de la película, los que ganaban un congo mientras un millón de familias no tenía ningún ingreso. Se les vapuleó de lo lindo en todos los medios, foros e incluso en persona, los que pudieron hacerlo. Aún hoy salen noticias amenazadoras sobre las acciones legales que se van a dirigir contra ellos, para que no olvidemos que el gobierno nos puede destrozar la vida si nos ponemos tontos.

Cuando la cosa no daba más de sí, apareció la Ley Sinde y durante días, lo único que interesó al país por tierra, redes y saraos fueron los piratas informáticos que están arruinando a los cineastas, a las discográficas y a los autores, no porque los productos que nos ofrecen sean tan malos que nadie está dispuesto a dar un euro por ellos, sino porque los piratas los descargan día y noche y les arruinan el negocio.

Cuando fracasó el intento y se apagaron los ecos de la disputa (cinco días, más o menos, de debate estéril) apareció la inminencia del cierre de CNN+ (que ni los que detestamos la telebasura éramos capaces de sintonizar porque era tan basura como la otra; pero con pretensiones ideológicas) y sobre todo, la entrada en vigor de la ley antifumadores, auténtica obra maestra del estilo totalitarista en la redacción de leyes, en la que se consagra lo que no se admite ni en la normativa penal: la denuncia anónima. ¡El acabose! 

Llevamos treinta y dos días, hasta este momento, que no paramos, oiga. Cada día, el gobierno, por 'b' o por 'c' nos sirve caliente en el desayuno un sobresalto nuevo para que no nos aburramos ni relajemos y hablemos de lo que ellos quieren que hablemos; para que no tengamos tiempo ni energía para hablar de lo que a ellos no les interesa que comentemos. 

No es que me queje. Estoy muy agradecida a nuestro vicepoderoso por el esfuerzo ingente (mis respetos, don Alfredo de todos los poderes y los Pérez Rubalcaba de toda la vida) que hace cada día para que esté en perfecta forma, entrenada a fondo para responder como una ciudadana ejemplar al reto que nos aguarda a todos; pero estoy agotada y sobre todo, me pregunto qué reto es el que nos aguarda, cuál es el objetivo de este incesante ejercicio de 'agit pro' intelectual que nos ayuda a sobrevolar las cosas que tanto nos afectan y tanto nos podrían hacer sufrir si reparáramos en ella con tanta intensidad como en los pros y contras de los temas que nos proponen y que él, con infinito amor y desvelo, aparta de nuestra vista. ¡Ay don Alfredo! ¡Cuanto le debe a su tierna protección nuestra cordura y estabilidad!

Yo quiero ser una ciudadana ejemplar, cumplir todos mis deberes con España, colaborar al bienestar de todos en la medida de mis fuerzas y ayudar en lo que pueda a superar la crisis que nos aqueja. Pero me gustaría saber el objetivo que me aguarda al final del entrenamiento.

Como es indiscutible que ese objetivo existe, rastreo como un sabueso perdiguero la prensa intentando encontrar un indicio de lo que nos están preparando, mientras nos entrenan para no hacer caso de lo que se nos venga encima.

En los momentos de más zozobra, cuando caigo en las garras de aquel espíritu crítico que me inculcaron en la Universidad en el tardofranquismo, para hacer de mí una ciudadana responsable que piensa por sí misma, busca información, contrasta datos y saca sus conclusiones que impregnaba la ideología universitaria necesaria para luchar con el franquismo agonizante y preparar la transición a la democracia, traiciono (lo reconozco, soy así de miserable) a nuestro bienamado vicetodopoderoso y hago recuento de datos.

Hemos terminado el año con 4.100.073 parados, un 4% más que a finales del año pasado. Nuestro presidente, que Dios guarde muchos años, nos cuenta con infinito pesar y total honestidad que en dos años, por lo menos, no empezará a crearse empleo.

Los precios de las importaciones crecieron un 9,6, los de las exportaciones un 5,6%. Mi casa a final de 2010 tiene menos valor que en el 2009; pero más que en el 2011, luego tengo menos patrimonio. 

Los sindicatos negocian «discretamente» con el Gobierno para que no haya una huelga por las pensiones. El Gobierno apuesta por las renovables y el cierre de las nucleares, con lo que seguirá subiendo el precio de la electricidad. 

Las inversiones en patrimonio en territorio español disminuyen en un 15%. El dinero huye de España. Eso sí, vienen los chinos a comprar toda la deuda que haga falta. Ya hemos alcanzado la cota máxima de deuda exterior de nuestra historia y sigue subiendo. Me pregunto cómo vamos a hacer para pagarla, si acabarán embargándome la casa los chinos para cobrar lo que les debemos.

Y de repente, abro ese artículo del ABC y me entero de que, no solo me han incrementado el IRPF 4 puntos, con lo que trabajo cinco meses largos para el Gobierno, más 2 puntos en el IVA, sino que hay mucho más. Cada vez que compro un paquete de tabaco, le entrego al Gobierno 2,60 €. En el recibo de laelectricidad, pago por la que consumo y los gastos para traerla a mi casa, el 45%; el resto son impuestos, déficit de tarifa, primas a las renovables. En la gasolinera: el impuesto sobre hidrocarburos, el IVA al 18%, impuesto de venta minorista de determinados hidrocarburos, repartido entre el Gobierno y la autonomía. En Sanidad, el céntimo sanitario.

Y ahora quieren poner una tasa a los carburantes para que cada vez que llenemos el depósito contribuyamos a sufragar un 75% de las «energías verdes». La confianza en que no va a salir adelante esta medida me ofrece muy poca credibilidad. El Gobierno necesita dinero y sólo dispone de una fuente. Me siento como un limón exprimido y a ratos, imagino que terminaremos en un «corralito» tipo Kirchner. Me daría a la bebida si no fuera porque no quiero pagar más impuestos y los de los licores espirituosos 27% o 15%. 

Vicetodopoderoso que estás en todas partes, vela por mí que estoy cayendo en una depresión. Amén (laico, por supuesto)