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27/3/11

Los empresarios y los jinetes del Apocalipsis




El presidente del Santander, camino de la reunión. | Alberto di Lolli
Emilio Botín llega a la reunión (Fotografía de Alberto di Lolli para 'El Mundo)

Es obvio que no formo parte de ese grupo de personas que consideran que los empresarios son individuos maquiavélicos que solo persiguen beneficios y no les importa para nada el coste que entrañe para los demás lo que hagan para cumplir sus objetivos.

Hoy me he quedado de una pieza al leer que en la reunión de los presidentes de las más´importantes empresas de este país nuestro con el presidente del Gobierno, el vicepresidente y la ministra de Economía, la petición unánime fue que pusiera fin de forma definitiva a las especulaciones y siguiera en su puesto hasta las elecciones de 2012. ¡Ni hablar de adelanto electoral!

¿Están locos estos romanos? ¿No es cierto que uno de nuestros puntos más débiles, lo que arruina nuestra credibilidad y nos pone en riesgo de ser intervenidos es la escasa habilidad de nuestro presidente para adoptar las medidas adecuadas, su conducta errática, la incapacidad congénita que le caracteriza para analizar los problemas, buscar las causas y aplicar soluciones, no como parches, sino en forma de una serie de medidas de amplio espectro, bien coordinadas, que consigan un ajuste capaz de poner en marcha nuestra economía?

Parece que para los grandes empresarios, para aquellos que se ven más afectados, porque su actividad traspasa fronteras y la solvencia de nuestro gobierno les afecta más que a nadie, no es así. La explicación simplista que muchos esgrimen «es que les va muy bien con Zapatero» me parece estúpida. La economía es un todo. Si se destruye la pequeña y mediana empresa, si no se recupera el tejido empresarial, el desempleo crece, las obras públicas se paralizan, no se construyen casas, todo está de cabeza, el volumen de negocio de todos ellos se resiente, aunque lo compensen con su actividad en otros países.

Descartado un interés personal contrario al de todos los españoles, hay que buscar otras explicaciones. Le urgen a que termine en este plazo la aplicación de las medidas de corrección necesarias para relanzar la economía. Eso significa un desgaste creciente del gobierno; pero es evidente que si fuera otro presidente el que las aplica, ardería el país de punta a punta en huelgas salvajes que deteriorarían aún más nuestra economía. Luego en ese aspecto, sí parece razonable no hacer cambios en este momento y que sea quien propició con su política demencial la magnitud de la crisis, quien se ocupe de aplicar las medidas que crearán el marco mínimo necesario para salir de ella.

Aún así, me parece que tiene que haber algo más serio que la búsqueda de «paz social» en este año que se prevé menos malo que el 2012. El hecho de que el país esté inmerso en una guerra exterior, debe ser contemplado como un hecho más que aconseje un gobierno estable, al menos hasta que se aclare el panorama y se vea si nos hemos metido en un avispero como los anteriores o se resuelve en poco tiempo con los ataques de los aliados y el empuje de los rebeldes ganando la partida al asesino. Pero tampoco parece que sea esa la razón por la que apoyan su permanencia, no la veo como una variable que manejen en esta petición.

No se me ocurren más razones y las anteriores no tienen entidad suficiente para apoyar que continuemos en esta agonía de desgobierno, ocurrencias y declive interno y externo imparable.

La única explicación que encuentro es que esas personas, que son las que más saben de escenarios económicos, de política económica y de condiciones favorables o nefastas para la economía, manejan información que sólo ellos conocen, que les hace ver que, en el escenario en el que nos encontramos, la solución menos mala es que siga en el timón el genio de León

Si esto es así, si él es la menos mala de las soluciones, me pregunto qué peligros desconocidos para nosotros nos acechan, qué saben los empresarios e ignoramos nosotros, para que apoyen a Zapatero hasta el final de la legislatura. Tiene que ser algo terrible; porque lo que vislumbramos los vasallos en forma de pérdida de capacidad adquisitiva, merma de nuestros ingresos, sometidos a una sangría impositiva inmensa, privados de derechos de forma progresiva, inmersos en una carencia de horizontes esperanzadores, mientras la criatura siga ahí, sostenerle en el cargo es una promesa firme de que campen por nuestras vidas los jinetes del Apocalipsis que acompañan su mandato.

28/11/10

Madrid-Barça cortina para los recortes

De izquierda a derecha: José Manuel Lara, Antoni Brufau, César Alierta, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Rodríguez Zapatero, Elena Salgado, Emilio Botín, Francisco Javier García Sanz y Borja Prado.
Zapatero promete a los empresarios acelerar las reformas.

Hay algo tragicómico en el titular de todos los diarios de hoy para la noticia de la reunión de los empresarios con el Presidente.

Es una promesa absurda; porque es, justo, lo que prometió a Merkel, Sarkozy, Obama y Jintao en mayo. Esa era su exigencia: que se pusiera las pilas; porque el país estaba en quiebra y urgía resolver los problemas cuanto antes para remontar. Se lo tomó con toda la calma del mundo y ahora se asombra de que todos piensen que España no va a cumplir.

¿Por qué hemos de dar más crédito a esta renovación del compromiso? No hay ninguna razón para creer que en esta ocasión por primera vez en su vida (al menos en su vida como Presidente del Gobierno español) vaya a cumplir la palabra dada. Hay, sin embargo, un resquicio para albergar la posibilidad de que esta vez sí vaya a ponerse (un poco, muy poco)  las pilas.

El primer poro diminuto que se abre en nuestra certeza de que no va a cumplir, es que la situación es tan seria que, incluso él, tiene que estar preocupado viendo que se va a descalabrar su partido en Cataluña, que van a perder el ayuntamiento de Barcelona y que las encuestas le muestran que ese va a ser el pistoletazo de salida de la gran debacle.

Se abre el agujerito un poco más, cuando uno imagina que, ante el nerviosismo de los mercados, tiene que recibir llamadas de todo occidente apremiándole a que se ponga las pilas y los acreedores tienen que estar tan desesperados ante el panorama de la última semana.  No sería raro que en la reunión del G20 haya tenido que escuchar mucho más de lo que estaba dispuesto a oír.

Se empieza a abrir una fisura pequeña, ante la sorprendente convocatoria del día de hoy y sus declaraciones finales. Tiene órdenes de la superioridad de hacer algo. En mayo contó que era que le habían llamado los mencionados más arriba y fue el cachondeo general. Se rieron de él hasta los abrojos de la estepa y el coste en su prestigio fue tan alto que necesita otra coartada.

Lo de acusar al PP ya no funciona, está agotado el discurso y como tiene que echarle la culpa a alguien, ahí están los empresarios para cargar con el mochuelo del paquete de medidas que, seguro, que saldrá el lunes, cuando se sepa ya qué ha pasado en Cataluña y el país esté pendiente del partido Madrid-Barça, que es una cortina muy adecuada para distraer la atención y ponerle sordina al tijeretazo que le han impuesto, una vez más, como deberes adicionales, derivados del deterioro provocado por su indolencia durante estos meses.

Una vez pasado el trago de comunicar políticas de grave contención del gasto, cuando la ira de los ciudadanos y los medios arrecie mucho, saldrá a decir por sí o a través de sus emisarios, que es que los empresarios, que son del PP en su mayoría, le exigen cumplir ese programa. Y luego, apenas hará lo justo para que parezca que hace; porque si a estas alturas no está tramitado ni el 5% de lo que se comprometió a acometer en mayo, ahora que tiene ahí las elecciones de mayo no va a ejecutar medidas tan impopulares que van a arrasar las escasas expectativas que le quedan a su partido.

Y de oca en oca, nos iremos al garete.