
Emilio Botín llega a la reunión (Fotografía de Alberto di Lolli para 'El Mundo)
Es obvio que no formo parte de ese grupo de personas que consideran que los empresarios son individuos maquiavélicos que solo persiguen beneficios y no les importa para nada el coste que entrañe para los demás lo que hagan para cumplir sus objetivos.
Hoy me he quedado de una pieza al leer que en la reunión de los presidentes de las más´importantes empresas de este país nuestro con el presidente del Gobierno, el vicepresidente y la ministra de Economía, la petición unánime fue que pusiera fin de forma definitiva a las especulaciones y siguiera en su puesto hasta las elecciones de 2012. ¡Ni hablar de adelanto electoral!
¿Están locos estos romanos? ¿No es cierto que uno de nuestros puntos más débiles, lo que arruina nuestra credibilidad y nos pone en riesgo de ser intervenidos es la escasa habilidad de nuestro presidente para adoptar las medidas adecuadas, su conducta errática, la incapacidad congénita que le caracteriza para analizar los problemas, buscar las causas y aplicar soluciones, no como parches, sino en forma de una serie de medidas de amplio espectro, bien coordinadas, que consigan un ajuste capaz de poner en marcha nuestra economía?
Parece que para los grandes empresarios, para aquellos que se ven más afectados, porque su actividad traspasa fronteras y la solvencia de nuestro gobierno les afecta más que a nadie, no es así. La explicación simplista que muchos esgrimen «es que les va muy bien con Zapatero» me parece estúpida. La economía es un todo. Si se destruye la pequeña y mediana empresa, si no se recupera el tejido empresarial, el desempleo crece, las obras públicas se paralizan, no se construyen casas, todo está de cabeza, el volumen de negocio de todos ellos se resiente, aunque lo compensen con su actividad en otros países.
Descartado un interés personal contrario al de todos los españoles, hay que buscar otras explicaciones. Le urgen a que termine en este plazo la aplicación de las medidas de corrección necesarias para relanzar la economía. Eso significa un desgaste creciente del gobierno; pero es evidente que si fuera otro presidente el que las aplica, ardería el país de punta a punta en huelgas salvajes que deteriorarían aún más nuestra economía. Luego en ese aspecto, sí parece razonable no hacer cambios en este momento y que sea quien propició con su política demencial la magnitud de la crisis, quien se ocupe de aplicar las medidas que crearán el marco mínimo necesario para salir de ella.
Aún así, me parece que tiene que haber algo más serio que la búsqueda de «paz social» en este año que se prevé menos malo que el 2012. El hecho de que el país esté inmerso en una guerra exterior, debe ser contemplado como un hecho más que aconseje un gobierno estable, al menos hasta que se aclare el panorama y se vea si nos hemos metido en un avispero como los anteriores o se resuelve en poco tiempo con los ataques de los aliados y el empuje de los rebeldes ganando la partida al asesino. Pero tampoco parece que sea esa la razón por la que apoyan su permanencia, no la veo como una variable que manejen en esta petición.
No se me ocurren más razones y las anteriores no tienen entidad suficiente para apoyar que continuemos en esta agonía de desgobierno, ocurrencias y declive interno y externo imparable.
La única explicación que encuentro es que esas personas, que son las que más saben de escenarios económicos, de política económica y de condiciones favorables o nefastas para la economía, manejan información que sólo ellos conocen, que les hace ver que, en el escenario en el que nos encontramos, la solución menos mala es que siga en el timón el genio de León.
Si esto es así, si él es la menos mala de las soluciones, me pregunto qué peligros desconocidos para nosotros nos acechan, qué saben los empresarios e ignoramos nosotros, para que apoyen a Zapatero hasta el final de la legislatura. Tiene que ser algo terrible; porque lo que vislumbramos los vasallos en forma de pérdida de capacidad adquisitiva, merma de nuestros ingresos, sometidos a una sangría impositiva inmensa, privados de derechos de forma progresiva, inmersos en una carencia de horizontes esperanzadores, mientras la criatura siga ahí, sostenerle en el cargo es una promesa firme de que campen por nuestras vidas los jinetes del Apocalipsis que acompañan su mandato.
