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21/3/11

Gadafi salva al Gobierno de España



El ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco
José Blanco canta victoria (EFE)

Gadafi está siendo un aliado de gran valor en la campaña electoral. En estos días en los que parece haber reventado la presa que mantenía contenida la corrupción que campa por sus respetos en este país, que lo único que tiene el PSOE para su «tú más» al PP es un caso Gürtel, frente al 'Caso Marea', Mercasevilla, los fraudes en los fondos de empleo de la UE, etc, Muamar irrumpe como una aparición en el panorama informativo.

Es muy divertido leer la prensa; porque los paladines de la izquierda resaltan la responsabilidad (les dije que esta palabra sería el mantra de la temporada) de nuestro presidente, asumiendo sus deberes de estadista en apoyo a los aliados, como debe ser y el otro bando, que le atiza recordándole el «no a la guerra».

La noticia sensacional de que el hombre con infinitas ansias de paz ha metido a nuestro país en una guerra ha eclipsado cualquier otra información. La prensa se lanza sobre el hueso que les ha arrojado nuestro presidente gótico y no hay lugar para esos titulares de pesadilla para el PSOE en las portadas de los periódicos.

Don José está exultante. Tiene un espantajo de primera categoría para agitarlo ante los medios: se le llena la boca con frases grandilocuentes para justificar la necesidad de entrar en combate y, de paso, recordarnos la foto de las Azores, lo malo que era Aznar, lo pérfido que es el PP, tan belicista. 

Cuando el PP apoye sin reservas en el Parlamento la intervención, aún tendrá más munición: «¿Cómo no va a apoyarles el PP en una decisión así? ¿Acaso olvida el pueblo español que el PP es el heredero de Franco, el que rompió la vida idílica de la República metiéndonos en una guerra civil? ¿Acaso cabe alguna duda de que el PP lleva la guerra en el ADN y se mete en la primera que se le ponga al alcance de la mano como ocurrió en Irak?

No es raro que sus dedos hagan el signo de la victoria. Las guerras se sabe cuándo empiezan, no cuándo acaban y si hay un poco de suerte, esta se prolongará, por lo menos, hasta que pasen las elecciones del 22M.

Será la noticia por excelencia día sí, día también y tapará la información indeseable. Los votantes, impactados por las imágenes del conflicto en la apertura del telediario o la portada de la prensa, relegará al plano de lo irrelevante el destino de unos millones de euros, la pérdida de libertades, las minucias que forman parte de nuestra rutina diaria. 

Libia será nuestra estrella y el coronel Gadafi la máxima preocupación. De paso, cada día tendremos más razones para pensar que si gana el PP, entraremos en guerras nuevas de inmediato y más nos vale pensar bien lo que votamos; porque son los señores de la guerra, los jinetes de apocalipsis, lo más «pior» que nos puede pasar.

Yo creo que no sería justo que, tras un favor tan inmenso, el PSOE le regalara a Gadafi el desierto de Almería, para que pueda plantar en él su jaima y no sentirse tan lejos de sus raíces y tramitara por vía de urgencia una pensión vitalicia para él, sus adorables retoños y las dos mil vírgenes que le acompañan, protegen y cuidan como ángeles protectores.