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24/3/11

Cástor y Pólux



Mingote-23-3-2011
Viñeta de don Antonio Mingote (ABC 23/03/2011)

Leda, la esposa del rey Tíndaro de Esparta (aunque otros autores le señalan como rey de Lacedemonia), fue seducida por Zeus trasmutado en cisne y esa misma noche yació con su esposo. Como consecuencia puso dos huevos de los que nacieron cuatro hijos: Elena y Pólux, hijos de Júpiter e inmortales y Clitemnestra y Cástor, hijos de Tíndaro,mortales.

Pólux era amante de los caballos, bondadoso y amable, de acuerdo a su naturaleza divina. Cástor era su reverso. Ambos, tras la muerte de Cástor, están unidos eternamente en la constelación Géminis.

Y la mitología se hizo carne y habitó entre nosotros. Hace siete años, un querubín con cara de no haber roto un plato, enarboló la bandera pacifista y condenó la guerra de Irak, convocó manifestaciones, desfiló tras la pancarta cuando nuestras tropas estaban ya camino de Irak, condenando la decisión del gobierno presidido por Aznar.

Entonces, muchos españoles (ya avisados por el episodio de la bandera de Estados Unidos, que pasaba ante la tribuna en el desfile del 12 de octubre, se quedó sentado ofendiendo a los estadounidenses que no asimilan la bandera a un presidente o una política, sino a la Unión) quedamos horrorizados. Era una muestra más de que el querubín tenía tanto sentido de Estado como el tonto del pueblo y era un peligro muy grave poner en sus manos una nación.

En aquella guerra no participábamos como combatientes. El tirano había sido derrocado y nuestros soldados tenían una misión clara y concreta: colaborar en la pacificación y reconstrucción del país. Además, en aquellos tiempos nuestra economía era floreciente y podíamos permitirnos el coste de la intervención.

Encaramado sobre los cadáveres de ciento noventa y dos españoles, en el peor atentado de Europa, el 11 de marzo de 2004, desde el minuto uno, el querubín maniobró para inclinar de su lado la balanza de las elecciones y consiguió su objetivo en uno de los espectáculos más tristes, bochornosos e inicuos de la historia de España.

En su discurso de investidura, condenó la guerra, habló de sus ansias infinitas de paz, extendió su manto pacifista por todo el hemiciclo y casi nos ahoga a todos los españoles con sus cursis arengas sobre su infinita bondad y pacifismo.

Tras siete años sufriendo su azote, nuestras arcas están vacías, nuestra deuda externa es ingente, nuestro tejido industrial y empresarial está devastado, tenemos más de cuatro millones de parados y un millón de ellos no reciben prestaciones porque no hay recursos. Se ha bajado el sueldo a los funcionarios, se han subido los impuestos, han encarecido los alimentos, la electricidad, los combustibles...

En los dos últimos años ha arrasado toda su política social. Su necio empeño en negar la crisis ha puesto a España al borde de la intervención y ahora es la Unión Europea la que dicta la política interna. Hemos desaparecido del panorama internacional, se ríen de nosotros hasta las gallinas y no tenemos crédito como país, gracias a la actitud cambiante de un presidente que se salta las normas a la torera, genera inseguridad jurídica y política y nadie sabe qué nueva ocurrencia nos traerá mañana.

Pólux, el que compareció en el hemiciclo para enarbolar la defensa de los desfavorecidos, la faz del pacifista, la lucha por eliminar las desigualdades y llevarnos al Edén en aquel lejano discurso de investidura, ha mutado en Cástor. Se ha convertido en un azote apocalíptico y para cerrar su ciclo agonizante, se embarca y nos lleva a una guerra que no podemos pagar, en la que no se nos ha perdido nada y que, dadas las condiciones en que se plantea, no puede ser ganada.

El genial Mingote lo resume a la perfección en su viñeta de hoy. Con un poco de suerte, mejor, con un golpe de suerte increíble, quitarán de un modo u otro a Gadafi del poder. La cuestión es: ¿Cómo podemos librarnos nosotros de este Cástor redivivo antes de que nos hunda por completo y arrase la UE?

21/3/11

Gadafi salva al Gobierno de España



El ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco
José Blanco canta victoria (EFE)

Gadafi está siendo un aliado de gran valor en la campaña electoral. En estos días en los que parece haber reventado la presa que mantenía contenida la corrupción que campa por sus respetos en este país, que lo único que tiene el PSOE para su «tú más» al PP es un caso Gürtel, frente al 'Caso Marea', Mercasevilla, los fraudes en los fondos de empleo de la UE, etc, Muamar irrumpe como una aparición en el panorama informativo.

Es muy divertido leer la prensa; porque los paladines de la izquierda resaltan la responsabilidad (les dije que esta palabra sería el mantra de la temporada) de nuestro presidente, asumiendo sus deberes de estadista en apoyo a los aliados, como debe ser y el otro bando, que le atiza recordándole el «no a la guerra».

La noticia sensacional de que el hombre con infinitas ansias de paz ha metido a nuestro país en una guerra ha eclipsado cualquier otra información. La prensa se lanza sobre el hueso que les ha arrojado nuestro presidente gótico y no hay lugar para esos titulares de pesadilla para el PSOE en las portadas de los periódicos.

Don José está exultante. Tiene un espantajo de primera categoría para agitarlo ante los medios: se le llena la boca con frases grandilocuentes para justificar la necesidad de entrar en combate y, de paso, recordarnos la foto de las Azores, lo malo que era Aznar, lo pérfido que es el PP, tan belicista. 

Cuando el PP apoye sin reservas en el Parlamento la intervención, aún tendrá más munición: «¿Cómo no va a apoyarles el PP en una decisión así? ¿Acaso olvida el pueblo español que el PP es el heredero de Franco, el que rompió la vida idílica de la República metiéndonos en una guerra civil? ¿Acaso cabe alguna duda de que el PP lleva la guerra en el ADN y se mete en la primera que se le ponga al alcance de la mano como ocurrió en Irak?

No es raro que sus dedos hagan el signo de la victoria. Las guerras se sabe cuándo empiezan, no cuándo acaban y si hay un poco de suerte, esta se prolongará, por lo menos, hasta que pasen las elecciones del 22M.

Será la noticia por excelencia día sí, día también y tapará la información indeseable. Los votantes, impactados por las imágenes del conflicto en la apertura del telediario o la portada de la prensa, relegará al plano de lo irrelevante el destino de unos millones de euros, la pérdida de libertades, las minucias que forman parte de nuestra rutina diaria. 

Libia será nuestra estrella y el coronel Gadafi la máxima preocupación. De paso, cada día tendremos más razones para pensar que si gana el PP, entraremos en guerras nuevas de inmediato y más nos vale pensar bien lo que votamos; porque son los señores de la guerra, los jinetes de apocalipsis, lo más «pior» que nos puede pasar.

Yo creo que no sería justo que, tras un favor tan inmenso, el PSOE le regalara a Gadafi el desierto de Almería, para que pueda plantar en él su jaima y no sentirse tan lejos de sus raíces y tramitara por vía de urgencia una pensión vitalicia para él, sus adorables retoños y las dos mil vírgenes que le acompañan, protegen y cuidan como ángeles protectores.