14/11/10

Ángeles Pedraza


Escuchó desde su casa el estampido de las bombas en los trenes el 11M de 2004 y llamó de inmediato al móvil de su hija; porque viajaba cada día a esa hora en los trenes de cercanías. No tuvo respuesta y supo que había muerto o estaba gravemente herida; porque si hubiera salido ilesa la habría llamado de inmediato. 

Ángeles Pedraza es una señora que no pierde los papeles. Me consta porque la he visto en trances muy duros y siempre mantuvo la compostura. La he visto enfrentar discusiones muy sensibles y siempre supo ser firme; pero nunca perdió los buenos modales. 

Ayer, en la Audiencia Nacional, mientras comentaba con sus vecinas de asiento la declaración de Eguiguren, fue abordada por una mujer a la que no vio venir, ni ella ni sus acompañantes, que la golpeó con bastante fuerza dos veces en el brazo, causándole un gran sobresalto y le susurró: «no lloréis por nosotros cuando nos maten». La respuesta salió en tono más alto del debido: «a nosotros ya nos han matado».

El Juez amonestó a Ángeles por levantar la voz; pero no hubo más incidentes. La protagonista del suceso, Rafaela Romero, esposa de Jesús Eguiguren, sintió la necesidad de defenderse y echarle las culpas a Ángeles de un incidente del que ella y solo ella es responsable y empezó a llover la basura y la tergiversación que surgen siempre cuando anda por el medio esta gente.

Mire, señora Romero: La diferencia entre Ángeles y usted es que ella prefiere morir a ser cómplice de asesinos y usted y su marido prefieren pisotear lo que haya que pisotear, incluida la sangre de niños asesinados por los amigos de su marido, con tal de salvar el pellejo.

Es usted tan miserable que, en su terror a ser víctima o que lo sea su marido, confunde churras con merinas, como siempre. Si les matan, señora, no será culpa de Ángeles ni de ninguna otra víctima del terrorismo. Les matarán, como lo hacen siempre, por razones estratégicas; porque la muerte de una persona concreta les conviene más que otra o porque atentar en determinado sitio sirve mejor para sus fines y allá penas respecto a los que anden por allí, aunque sean niños pequeños que van a sufrir mutilaciones horribles o una muerte prematura.

Lo que usted no puede entender, señora Romero, es que si ocurriera lo que teme, su petición es absurda; porque lo quiera usted o no, Ángeles y todas las víctimas llorarán por usted como lo hacen por todos los que mueren. 

Puede usted arrojar a sus hordas de huargos a repartir inmundicia, que es lo que mejor saben hacer; pero hay algo que nunca logrará: Ángeles Pedraza estará siempre tan lejos de usted como lo está las rosas de los coprolitos. Y eso, nada lo puede cambiar.

13/11/10

Crisis del Sáhara



No es fácil este asunto. En su momento, España era el enemigo y el Polisario ni siquiera consintió una retirada ordenada que dejara organizada la cuestión de soberanía. La ONU quedó al cargo del antiguo protectorado y Marruecos (que algo tuvo que ver en la instigación de las ansias soberanistas del Polisario) inició su estrategia para la ocupación «de facto» del territorio.

España no tiene nada que decir ni hacer sobre el Sáhara. No posee ningún título, porque así lo quisieron ellos, para protestar o enarbolar su defensa, si no es el deber moral con su antiguo protectorado.

Para complicar las cosas, es necesario mantener una buena relación con Rabat. Si quiere complicarnos la vida tiene muchas bazas a su favor, desde abrir el paso de las pateras para que inunden nuestro territorio, hasta hacerle la vida imposible a la flota pesquera que faena en sus aguas territoriales o en caladeros cercanos que, aunque no tenga jurisdicción sobre ellos, si se está pescando cerca de la línea, hace complicado demostrar que el pesquero no estaba en sus aguas territoriales y la captura, por tanto es ilegal.

Siendo cierto todo esto, un estado no puede tolerar el trato que están recibiendo sus ciudadanos en otro. No puede mantenerse en esa postura fláccida ante el asesinato de un ciudadano suyo. La presunción de inocencia es irrenunciable, más en las condiciones que se produjo.

Hay una diferencia entre tener un tacto exquisito y bajarse los pantalones. España no puede tolerar que se maltrate a un español, que se impida el ejercicio del derecho de información de sus periodistas, más cuando se autoriza a los de otras nacionalidades. En especial cuando un periodista americano recibe una paliza, es detenido y cuando muestra su pasaporte, se le piden disculpas explicando que «creían que era español». Eso, no puede tolerarlo España.

Es vergonzoso, por tanto, que en aras de la necesidad de mantener unas buenas relaciones con Marruecos, nuestro Gobierno renuncie a lo que es su principal deber: defender los españoles con toda energía y contundencia ante el gobierno marroquí y hacerle saber que considera que se considera un ataque frontal al estado español cualquier ataque hacia sus ciudadanos.

España no debe olvidar que están ahí Ceuta y Melilla y que todas las cesiones cobardes de hoy constituyen pasos difíciles de desandar en el futuro; porque la flagrante incompetencia de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores nos aboca a una situación muy comprometida en el futuro ante la defensa de la integridad del territorio español.

10/11/10

Entrevista a Felipe González



Trece años y medio. Ese es el tiempo que estuvo Felipe González Márquez en la presidencia del gobierno. Llegó con una mayoría absoluta de doscientos dos diputados en 1982. Muchos españoles vimos en su triunfo electoral una esperanza de regeneración democrática profunda. Creímos que el caciquismo, el amiguismo, los enchufes, las castas se habían terminado.

Apenas necesitó una legislatura para demostrar que no era el regenerador de la ética política que habíamos dado por hecho. Bien al contrario. Sus actuaciones demostraron pronto que no era la ética su rasgo más sólido; los escándalos por corrupción empezaron a aflorar en 1989 y no pararon hasta que perdió las elecciones.

Si creyéramos sus palabras en aquellos tiempos, fue un gobernante que no controlaba nada, que no se informaba de nada, que se enteraba de todo por la prensa. Nadie pudo probar que fuera el 'cerebro' o diera carta blanca para la creación de los GAL propuesta por un tercero; pero era obvio que un presidente no puede estar en la inopia una vez que un denominado 'grupo antiterrorista' empieza a actuar en su país.

Si hubiera tenido el valor de convocar una rueda de prensa, asumir toda la responsabilidad y dimitir en su momento, se hubiera ido por la puerta grande; porque siendo cierto que es inadmisible lo que hizo, situado en el contexto de aquellos años de hierro, del baño de sangre que estaba sufriendo el país, de la colaboración de Francia con los terroristas, el ciudadano de a pie y sobre todo, los que habían sufrido en sus carnes el terrorismo, le hubieran comprendido y perdonado.

Ese fue su error capital: careció de valor para asumir la responsabilidad que tenía y hoy queda de manifiesto al confesar, después de que su gente hubiera pasado años en la cárcel, que sí, que estaba informado, que él tomaba las decisiones. 

La escasa duda que nos quedaba a la mayoría de los españoles se ha desvanecido. Se discute en los foros qué hay tras esa declaración; por qué saca esto a relucir en este momento. Yo no tengo la respuesta; pero sí tengo un mensaje cercano suyo: ante la crisis del PSOE, militancia,militancia y militancia. Es posible que se trate de eso: de su forma de ejercer la militancia para ayudar a su partido a ganar, una vez más, las elecciones. 

Hay otra cuestión que para mí es tan grave como la corrupción que toleró durante sus mandatos: la forma en que reaccionaron él y su partido ante la pérdida de las elecciones. No se puede acusar al personaje de haberse parado en barras, cuando aspiraba a ganar las elecciones, a la hora de demoler al gobierno, anteponiendo siempre los intereses de partido a los de España. Nadie como él debía comprender que la oposición aprovechara las suculentas bazas que él les entregaba dejando que campara la rapiña hasta por la caja de las pensiones de los huérfanos de la Guardia Civil. 

Dio muestras desde el día en que perdió las elecciones de que no asimilaba la alternancia; que él y su partido sentían que era suyo el gobierno y el país, que el nuevo gobierno eran unos okupas que habían invadido su casa y les habían expulsado de ella cambiando el cerrojo y que era lícito que les odiaran e hicieran lo que fuera necesario para volver al hogar, dulce hogar del que eran dueños y señores.

Eso no pasa en ningún país democrático y si pasa en éste, es, ante todo y sobre todo, porque su actitud, su influencia y su desprecio a las leyes y al sistema en sí mismo, corrompió la democracia hasta la raíz.

Ese es su legado para la posteridad y si queremos consolidar la democracia, nuestra misión es luchar cuanto sea necesario para que desaparezca ese sentimiento de que el Estado tiene dueño y metamos de una vez en la cabeza de este tipo de políticos que la soberanía nacional reside en el pueblo y que nosotros y sólo nosotros, decidimos quién queremos que nos gobierne.

Vistazo a la prensa

He leído dos artículos en ABC que tratan de lo mismo pero no hablan de lo mismo. El primero, 'La ratonera cubana' sale de la pluma (mejor la tecla) de  Juan Velarde. Analiza las causas del giro que ha dado la política cubana dando los primeros pasos hacia estructuras capitalistas. Un análisis, como todos los suyos, ponderado, ecuánime que va a las causas, comenta los errores que percibe con imparcialidad y ponderación.

Florentino Portero en 'Fin de etapa' arranca así: «La dictadura castrista se desmorona tras años de arbitrariedad e incompetencia» para continuar con un escrito de denuncia tanto de la dictadura, como de la postura inconveniente que ha adoptado España en su defensa del régimen cubano.

Al contrario que Velarde, Portero califica, no entra en detalles que son tan importantes para que el lector entienda lo que está pasando y por qué están las cosas así. Por otro lado, sin negar la mayor: la dictadura castrista ha sido un desastre y no hay ninguna justificación para las aberraciones que se cometieron en la violación de los derechos humanos, sí que conviene matizar. 

El problema básico que enfrenta hoy Cuba va unido a la ideología comunista de sus mandatarios, que aplicaron las tesis marxistas, seguro que con la mejor intención; pero fallaron porque ignoran cómo funcionan los sistemas sociales que estimulan al individuo y son claves para generar riqueza. Fidel fue eliminando a paso rápido la propiedad privada y todo fue responsabilidad del Estado. Seguro que en ese momento creyó que las cosas funcionarían; pero no ocurrió porque no podía ocurrir. 

No está lejos este problema del que hemos padecido nosotros, tanto en el pasado como en el presente: el desconocimiento de nuestros gobernantes de cómo funcionan las cosas y por qué los idealistas fallan una y otra vez: desconocen por qué son las cosas de determinada manera, atribuyen a causas banales la adopción de determinados criterios en la tradición de gobierno, meten la mano en esos asuntos y el aleteo de esa mariposa provoca un ciclón en el sistema.

Mientras existió la URSS el problema no  fue muy grave para Cuba, porque les proveía de recursos de todo tipo. Con la caída de la URSS y el empobrecimiento de Venezuela, Cuba quedó abandonada a su suerte.

Hoy Cuba tiene dos monedas, ambas sobrevaloradas. No produce nada, importa el 80% de lo que necesita, incluyendo alimentos, pese a que tiene grandes extensiones de tierras baldías. Éste es el problema: no produce, por lo tanto no se genera riqueza y esto seguirá siendo así mientras no se produzca una modificación de la estructura económica. 

A Portero se le llena la boca exigiendo democracia. Padecemos una grave crisis de democratitis. La democracia no es más que una forma de gobierno, mucho más amplia y compleja que el mero hecho de votar cada cierto tiempo a los dirigentes políticos. La democracia necesita una base participativa en la que la mayoría de los ciudadanos se involucren, por convicción propia, en la res pública, no como políticos, sino como vigilantes de que las personas que ocupan el poder hagan lo que deben para el bien de todos y dispongan de mecanismos legales para obligarles a cumplir sus obligaciones. 

En mi opinión, se le debe exigir al gobierno cubano que respete a ultranza los derechos humanos, pero no un cambio de sistema político; porque incluso en Roma existía la figura del dictador para las ocasiones de grave crisis en las que se necesitaba afrontar un problema de gran calado. 

Cuba necesita regenerar su economía, abrir paso a la iniciativa privada, reducir al mínimo el papel del Estado, buscar el camino que sea para evitar que los ciudadanos que ganen el equivalente a 1450 € al año soporten un tipo impositivo del 50%. Cuando se recupere la economía, cuando salgan adelante empresas sólidas, cuando produzca alimentos en sus tierras para abastecer los mercados, cuando desaparezca la pobreza y exista prosperidad, entonces sí, entonces será hora de que los cubanos pongan en marcha una democracia; un sistema siempre más caro de sostener que otro más simple. 

Implantar una democracia ahora no sólo no les ayudaría, sino que incrementaría los costes del propio sistema. 

'El País' calma mis angustias sobre el asunto del Sáhara. En realidad se trata de que unos pocos simpatizantes del Polisario tomaron un campamento y el Gobierno marroquí no tuvo otra que enviar a sus soldados para que fueran casa por casa buscando a los activistas que perturbaban la tranquila vida de los residentes en el campamento. ¡Menos mal!

Luego me da un susto de muerte. Leo el titular 'Las memorias de un Presidente muy desmemoriado'. ¡No me lo puedo creer! (me dije frotándome los ojos con la entrevista de Millás a González en la cabeza). Y hacía bien no creyéndomelo. Habla de las memorias de Bush. Gracias a Dios, mi fe en 'El País' no sufre ningún quebranto. 

8/11/10

Loquillo y los trogloditas

Loquillo habla para La Gaceta. EFE

A veces uno se sorprende al tropezar con ese 'algo ' que condena en otros como observador y niega en sí mismo con un autosuficiente «yo no».

Hoy lo viví en primera persona. Odio los prejuicios, la gente que reacciona como si la hubieran agredido cuando alguien tiene opiniones contrarias, que desdeña todo lo que no coincide con su ideario en todos los órdenes y no le concede una oportunidad a un medio o grupo por el hecho de que esté tachado de tal o cual tinte político o a determinadas personas porque considera que en tal profesión o círculo, todo el mundo es así o asá.

Sucedió que uno de los participantes en el blog de Santiago González enlazó la entrevista con Loquillo. Pasé olímpicamente del enlace: La Gaceta (Intereconomía, un grupo «dudoso») y un roquero. Unos cuantos mensajes más tarde, alguien comentó que le había gustado la entrevista y en ese momento fui consciente de que si no pinché el enlace fue por pura cuestión de prejuicios.

Me encantaron las respuestas. No porque coincidan con mis criterios, sino porque me encanta la gente que tiene ideas propias, que reflexiona sobre lo que enfrenta en cada momento con mente abierta y no tiene miedo de decir lo que piensa; pese a que es «políticamente incorrecto».

Admiro esa postura por otro prejuicio. En el año setenta yo cumplí dieciséis años. En el curso 72-73 inicié la carrera de Derecho y lo primero que nos inculcaron los catedráticos era que estábamos allí para aprender a pensar por cuenta propia, a hacernos un criterio. No nos permitían tomar apuntes en clase, sólo notas puntuales sobre la explicación; porque el plan de estudios que nos habían trazado partía de un libro de texto como base a ampliar yendo a la biblioteca para consultar otros autores, estudiar posturas diversas y adquirir un criterio propio.

Eso era lo 'moderno', la esencia de la enseñanza universitaria. La formación jurídica era esencial; pero no sería nunca fiel al espíritu esencial de lo universitario si no aprendíamos a beber de fuentes diversas para llegar a conclusiones propias, única vía posible para salir de las aulas con una cultura jurídica, una capacidad de análisis, una independencia intelectual y un sentido crítico indispensable para andar por la vida en todos los órdenes. Quien no actuaba así, quien se aferraba a una idea sin pasarla por el tamiz del análisis subjetivo para formarse un criterio buscando opiniones de contraste, era un individuo romo, atrasado, trasnochado. Un troglodita, en suma.

Ese tallado intelectual no tiene vuelta atrás y por eso me fascina que en un mundo en el que esa cultura desapareció en poco tiempo y la gente evita hacer lo que se nos inculcó como irrenunciable: pensar por cuenta propia, adquirir un criterio y defenderlo sea popular o no lo que pensamos, aparezcan personas que practican esas ideas.

De todas sus declaraciones, la que más me ha gustado es esta:

-Vargas Llosa.
-Me encanta su gran jerarquía. Casi lo admiro más como persona que como escritor. Fui a Cuba en los noventa y llevaba una chupa de cuero con la imagen del Che. Y cuando vi aquello, me dije: ¿Quién me ha tomado el pelo? Las bandas de rock, prohibidas. Los rockeros me daban las cintas en un lavabo por miedo a los comisarios políticos. Y salí corriendo. Y Vargas lo denunció en un momento difícil. Parece que García Márquez es cojonudo porque apoya a Fidel y éste no porque es de derechas. ¿Estamos en párvulos o qué?

No dice nada especial, nada que sorprenda a quien analiza la situación de Cuba, su falta de libertades; pero sobre todo, sus problemas económicos sin apasionamiento, sin más ánimo que ver qué falló, por qué un país rico y próspero en otro momento, hoy ha perdido casi todas las fuentes de riqueza y la población malvive en condiciones muy precarias en las que los artículos que en otros sitios son básicos, allí son lujos. 

Estomaga ver a los defensores de ese sistema que niegan la mayor con absoluta ceguera y defienden que es impecable. Es tan raro ver a un artista criticar ese régimen, aunque sea con pinceladas anecdóticas que no entran en la raíz del problema que aparece cuando se aniquila la iniciativa privada y el Estado intenta sustituirla para crear un estado de bienestar que, en teoría, puede ser posible; pero en la práctica es inalcanzable porque la prosperidad de los pueblos siempre se asienta en la capacidad de crear riqueza material e intelectual de todos y cada uno de los ciudadanos que lo integran; que tus prejuicios te hacen releer para convencerte de que no te has perdido algo que cambia el sentido de lo que tú has entendidop.

Y sobre todo, me ha encantado descubrir que aún existen artistas lo bastante independientes para sentirse libres de expresar sus ideas. Nuevo sobresalto. Es cierto que hace mucho (que se lo pregunten a Javier Krahe) que en nuestra democracia es muy peligroso criticar al gobierno socialista; pero no es menos cierto que la quintaesencia de esas condenas al ostracismo están representadas por la dictadura franquista que creímos superada a partir del año 76. 

¿Será posible que?... ¡No! ¡No puedo creerlo! ¡No quiero creer que en el año 2010 siga sintiendo miedo a la libertad de expresión políticamente incorrecta! ¡No es posible! ¡No era esto! ¡Por Dios! ¡Si combatíamos a los trogloditas!




7/11/10

Zapatero huye de Ratzinger

 El Papa pide que Europa no arrincone a Dios y salga sin miedo a su encuentro

Mi primera crisis de fe seria corrió a cargo del Derecho Canónico. Vi en el estudio de esa asignatura una estructura de poder tan sólida y firme que me espantó. Era obvio que ese entramado solo podía tener un objetivo: el poder, el control, la perpetuación.

Más tarde, cuando sufría el azote del terrorismo en los 'años de hierro' en Bilbao, la actitud, no ya de determinados sacerdotes, sino de la estructura en bloque de la iglesia vasca, amparando el terrorismo, enconó mi ira.

Los años fueron pasando, adquirí un poco más de cultura y aprendí más cosas sobre la Roma que asimiló la cultura griega, añadió sus propios valores y creó la civilización más importante de la historia en cuanto a transmisión la filosofía grecolatina. Al tiempo,  revisé mis conocimientos de Derecho Romano y un día comprendí que la Iglesia era la heredera de ese imperio, que al organizarse había copiado con toda fidelidad su estructura, incluso en las divisiones geográficas del territorio. Sus rituales también tenían una impregnación de las grandes ceremonias de la religión romana. 

Eso me reconcilió con ella en el fondo de mi ser; porque con todos sus fallos, errores, ejercicios de prepotencia y lo que yo califiqué de ceguera y estupidez supina en muchos casos, era el contrapunto obligado, la zona sombría de una tradición más vieja que ella misma. La Iglesia había asimilado en todos sus extremos el mundo en que nació, lo convirtió en su estructura esencial, lo conservó y lo mantuvo con todas las consecuencias, tanto positivas como negativas, a lo largo de los siglos, desde el año 476 de la era cristiana hasta nuestros días.

¿Qué importancia tiene esto? Yo diría que toda. El mundo cambia; pero la Iglesia permanece fiel a esa filosofía grecolatina que es la madre de nuestra civilización. La Iglesia es más vieja como entidad que como institución. La Iglesia es la heredera directa de la Grecia clásica a través de Roma, la madre de un pueblo que supo tomar la cultura griega, enriquecerla y expandirla por toda europa, el norte de África, Asia Menor... Es anacrónica en muchos aspectos; pero es lógico que sea así, porque se mantiene fiel a un pensamiento, a unas estructuras políticas y filosóficas que entroncan con Sócrates, con Arquímedes, con la sabiduría de la antigüedad y no se puede preservar el espíritu de una cultura intacto en una estructura que arranca del esplendor de Grecia, cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo, sin resultar trasnochado en demasiadas ocasiones.

Hoy ostenta la mitra pontificia un hombre de cultura enciclopédica, filósofo brillante, teólogo eminente, de prestigio reconocido en todo el mundo. Posee carisma, dotes de liderazgo, una visión clara de los asuntos de este mundo; porque su cultura le permite analizar los problemas con mucha profundidad y datos ingentes. Ningún lider mundial tiene su talla intelectual y ese hecho, para mí, tiene mucho valor, le hace acreedor de un respeto especial; porque su talla intelectual es inmensa. 

No estoy de acuerdo con su postura en muchos aspectos; pero la discrepancia que pueda despertar, sobre todo en mí, nunca puede ser un elemento descalificador y en este mundo en el que hay tan pocas ideas y es tan raro que alguien sostenga su criterio, se convierte en admirable una persona que mantiene con firmeza sus principios. 

Ha venido a España. Para los católicos, una gran mayoría, guste o no a muchos, la figura del Papa tiene un gran valor que debe ser respetado. Para los no católicos de todo tipo, de ateos y agnósticos a practicantes de otras religiones, la talla personal de Benedicto XVI como intelectual, debe generar ese sentimiento al reconocer sus cualidades intelectuales de primer orden. En el plano político, hemos recibido a un Jefe de Estado con enorme influencia en todo el planeta.

Esas tres vertientes aglutinadas en la figura Ratzinger-Benedicto, hacen impresentable que el Presidente del Gobierno español no haya estado a pie de pista para recibirle y que no esté presente en los actos cumbre de su paso por España. Nuestro Presidente nos representa a todos, a los creyentes y los no creyentes, a los agnósticos, a los ateos, a los intelectuales que sienten necesario que las figuras de gran relieve en el mundo de las ideas reciban el trato que merece la ciencia que atesoran. 

Es impresentable que nuestro Presidente haya incumplido sus deberes de anfitrión desde el punto de vista protocolario. Pero es más grave esa deserción cuando Cáritas, una institución de la Iglesia Católica, atiende las necesidades de supervivencia de los millones de pobres que generó con su insensatez y despilfarro. Con las Hermanas de la Caridad, que dan de comer  y cenar a diario a cientos de personas, cama en sus albergues a transeuntes y sin techo. Con los Cotolengos que acogen a las víctimas de enfermedades irrecuperables y no mortales, con los centros parroquiales que acogen a los inmigrantes y tantas y tantas instituciones religiosas católicas que se encargan de que la pobreza y la carencia de recursos del Estado para atender tantas necesidades no hagan explotar este país en una ola de violencia derivada de la desesperación de un número creciente de personas que pasarían hambre o serían abandonadas a su suerte fatal si no existiera la Iglesia.

Dado el servicio que le está prestando la Iglesia Católica para mantener una paz social que no existiría si ella no se ocupara de los grandes problemas, lo mínimo que podría hacer el Presidente es tragarse sus fobias y honrar su cargo de representante elegido por sufragio universal de los españoles para honrar a la cabeza de esa organización que contribuye tanto a mantenerle en el cargo evitando revueltas de hambruna y desesperación.

6/11/10

Arcadi Espada se equivoca


Arcadi Espada defiende en su blog que Albert Vilalta solicite una indemnización como víctima del terrorismo con la brillantez que le caracteriza; pero le falla la base argumental. 

Éste es el núcleo de la premisa de la que parte:


El periódico dice que Albert Vilalta, una víctima de Al Qaeda, está en deuda con el Estado. Dice más, incluso.
«No es posible equiparar la peripecia de Vilalta con la de alguien que sufre un atentado. Él y sus compañeros -que por cierto no han pedido la indemnización- eran responsables de sus actos cuando viajaron voluntariamente a una zona que figuraba como peligrosa en los informes oficiales.»
El País Vasco, por ejemplo, otra "zona peligrosa". Y aquellos responsables de sus actos que siguieron viviendo allí, "a pesar de los informes oficiales". 

El error está en el origen del derecho no en la calidad de 'zona peligrosa' de un lugar u otro. La indemnización que reciben las víctimas de atentados terroristas en España va unida a un principio de Derecho Administrativo. 

Los ingleses lo expresaron de forma muy gráfica hace unos cuantos siglos: «Que el Rey haga; pero que pague». Ese principio de responsabilidad de la Corona por los perjuicios que derivaban de sus decisiones para los ciudadanos, cuando no están obligados por ley a soportar esos daños, se traslada poco a poco al Ordenamiento Continental, se implanta en el nuestro en la Ley de Expropiació Forzosa de 1954 y vuelve a recogerse en la Ley del Suelo de 1956, refrendando el deber del Estado de pagar, en las expropiaciones urbanísticas no sólo el valor del inmueble, sino un plus añadido: el valor de afección, el daño moral que sufre quien se ve privado de una propiedad por motivos urbanísticos. Entonces se llamaba 'Responsabilidad Civil de la Administración Pública'.

En la Ley 30/92 (que tiene un nombre muy largo y con ese epígrafe se puede encontrar en Google) se regula de forma específica la Responsabilidad Patrimonial de la Administración Pública. El principio es el mismo que implementan las leyes anteriores: Toda persona que sufre una lesión que no esté obligado a soportar por imperio legal, como consecuencia del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos, tiene derecho a ser indemnizado, salvo que se dé una situación de fuerza mayor o caso fortuito que, aún previsible, resulte inevitable, en los hechos que causaron el daño.

El Gobierno español está obligado a garantizar la seguridad de sus ciudadanos y de quienes estén en su territorio en un momento dado. Es obvio que no puede hacerlo siempre; que no puede tener un miembro de las fuerzas de seguridad tras cada ciudadano para protegerle, única forma de librarle de los violentos; pero en teoría, cuando una persona es víctima de un atentado, el Estado es responsable, porque lo dice la ley.

Su argumento sobre la peligrosidad de las zonas (bueno, el que esgrime El Periódico y en el que basa usted toda la defensa del derecho del señor Vilalta es absurdo. No se trata de que una zona sea peligrosa, sino de que todo español o persona que esté en territorio español tiene derecho a la seguridad y otra ley, La Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo (32/1999) establece en su artículo segundo el derecho a indemnización de las víctimas del terrorismo, al igual que la nueva ley de 2010. 

Consecuencia:

1.- La ley es territorial siempre en su aplicación, aquí y en Tegucigalpa. El derecho se otorga únicamente a las víctimas de actos terroristas cometidos en el territorio español.

2.- Ese derecho deriva de la obligación del Estado de proteger a los ciudadanos. Es obvio que España no puede proteger a sus ciudadanos en territorio extranjero, luego no es responsable de los daños que sufran sus nacionales en otros países.

Resulta absurdo atribuir al Estado responsabilidades por sucesos acaecidos en otros países; pero por si fuera poco, entra en juego la teoría del caso fortuito, en este caso justo por los motivos que señala El Periódico: se había declarado zona peligrosa el lugar al que habían ido y por loables que sean los motivos para unirse a esa caravana que tuvo el señor Vilalta, formaba parte del lote el riesgo, incierto; pero inevitable, si se producía. Asumió ese riesgo y viajó aceptando de forma libre y voluntaria el peligro.

No tiene ningún derecho a pedir indemnización; porque no es una víctima de un acto terrorista cometido en territorio español y además se produjo el caso fortuito imprevisble; pero inevitable que asumió.