28/12/11

Yo estuve allí



Fotografía casareal.es



Los dos discursos del Rey, en Nochebuena y el de hoy, en la apertura de la X legislatura, constituyeron un hito en la historia reciente de la Monarquía española.

La torpeza de Iñaki Urdangarín ha dañado la imagen de la Monarquía y era precisa una reacción fulminante y convincente de don Juan Carlos para establecer un cortafuegos. 

Cortafuegos esencial para el bien de todos, no nos engañemos. No ignoremos que los más fervientes luchadores contra la monarquía son los separatistas catalanes y vascos y los nostálgicos de una República imaginaria que sembró de sangre y odio España con el estallido de la Guerra Civil.

Son muchos los jóvenes que repudian la Institución bajo el pretexto de los costes, de que no es democrática y no les representa. Esas manifestaciones tienen el valor de las cuestiones que plantean niños pequeños, con todo su candor al viento, que demuestran que en su universo personal, no existía nada antes de que ellos nacieran. Es normal en esas criaturas; pero no es sano en las sociedades. Hubo un referéndum, votamos y fuimos libres al elegir.

Yo estaba allí cuando se votó el retorno a la Monarquía y puedo dar fe de que no se hizo bajo la losa de una dictadura, sino con el recuerdo fresco en gran parte de los votantes de lo ocurrido en tiempos de la República. Cada Gobierno, me contaban mi padre y mis profesores, derogaba todas las normas del anterior, fueran beneficiosas o no para el país. Eso creaba una inseguridad jurídica que perjudicaba la economía, retraía tanto a los inversores nacionales como a los extranjeros y, sobre todo, creaba un clima de crispación y enfrentamiento insalvable.

La figura del Rey estaba llamada a establecer unos mínimos de continuidad en la política de los distintos gobiernos, eliminando esas prácticas perniciosas de la República; pero lo que mejor apuntala la idea de la Monarquía como una institución beneficiosa para los españoles es una reflexión que me hizo mi padre.

La idea es: imagina una República. Imagina que elegimos como presidente a Severo Ochoa (era la figura más notable y noble en lo personal y profesional de aquellos tiempos). Si va a Estados Unidos o a Japón, no será más que uno de tantos científicos prestigiosos, el Presidente de los EEUU o el Emperador no le recibirán. Si va un rey, las cosas serán diferentes; porque pese a su radicalidad republicana, los americanos sienten reverencia por las viejas monarquías europeas y para el Emperador de Japón, el Rey de España es un par que no puede dejar de recibir sin incurrir en una grave falta al protocolo, cosa inimaginable. Lo mismo ocurrirá con las monarquías gobernantes en toda Europa, con las repúblicas de todo el mundo. Además, el heredero a la Corona estará educado desde el momento de su nacimiento para el papel que le aguarda. Hablará varios idiomas, será introducido desde su más tierna infancia en los complejos entresijos del protocolo. Aunque sea un inútil, se le entrenará para ejercer de forma airosa su papel en los complejos entresijos de la política internacional, tendrá todos los contactos que le interesan a España y la benévola aquiescencia del resto de las Monarquías que le arroparán en su papel, porque es uno de los suyos. Bajo esas ideas u otras parecidas, votaron quienes pudieron hacerlo en ese momento, eligiendo la Monarquía.

El tiempo demostró que esas cábalas de mi padre eran ciertas. Cada vez que don Juan Carlos viaja a los EEUU es recibido en el Congreso.Es una figura clave para manejar las complejas relaciones que mantenemos con Marruecos. De los países árabes a Japón, pasando por el resto del mundo, es nuestro mejor embajador, quién enjuaga los errores garrafales de algunos gobiernos en una encomiable acción diplomática que nos ha librado muchas veces del despeñadero.

No cabe duda de que merece críticas la Institución; pero la solución es articular una normativa pendiente desde hace treinta y tantos años, que regule la función de la Monarquía, marcándole unas competencias y límites claros. En ningún caso pasa por eliminar un órgano, uno de los más baratos para los españoles, que nos abre puertas imposibles de franquear si nos transformamos en una república.

La crisis actual, en la figura de Urdangarín, pasa por legislar para reforzar la Casa Real con rigor, eliminando los riesgos de que se repitan los errores que han llevado al menoscabo de su figura, fijando el marco en la transparencia de su gestión, delimitando sus competencias, dotándola de un poder adecuado para que cumpla sus funciones con eficacia cuando se enfrente a un gobierno como el que hemos sufrido en tiempos recientes; pertrechando al Rey de recursos para combatir políticas erráticas, conductas del Gobierno que pongan en peligro el bienestar de la Nación, que fomenten la corrupción y la vulneración del Ordenamiento Jurídico.

No hay ninguna necesidad de cambiar la estructura de las instituciones que nos hemos dado, si corregimos los defectos detectados en el discurso del tiempo mediante una legislación eficiente, esclarecedora, que se acomode a las circunstancias actuales; pero que mire más allá, contemple supuestos previsibles en los que la figura del Rey sea clave en la resolución de conflictos institucionales graves y le otorgue una funcionalidad y unos límites anexos que permitan desarrollar la institución en todo su esplendor.

2 comentarios:

jano dijo...

Mi querida amiga:
Su padre debía de ser un sabio y usted heredó de él el sentido común y la inteligencia que demuestra, día a día, en sus comentarios.
Sin pretender ser tan inteligente ni sabio, acabo de "colgar" un comentario en otro blog sobre el mismo tema, lo cual quiere decir que estoy totalmente de acuerdo con usted, aunque no soy especialmente monárquico.
Un fuerte abrazo, Carmen.

Carmen Quirós dijo...

Gracias por sus elogios, Jano, prueba de su grandeza, más que de mis méritos.

Yo no iría a la guerra por «servir al Rey»; pero me parece que es una organización política muy buena y lo único que tenemos que hacer es perfeccionarla.

Otro para usted, Jano.