17/12/11

Es mi bola de cristal



El Rey junto con Mariano Rajoy
El Rey recibió a Mariano Rajoy (APF para ABC)


El plato fuerte de la prensa se ha centrado en la especulación sobre la designación de cargos en el gobierno de Mariano Rajoy desde el momento en que se conoció el resultado de las elecciones y lo más gracioso es que todos coinciden en que la personalidad del nuevo Presidente dictamina la previsibilidad casi matemática de que las quinielas sean un fiasco, salvo en lo tocante al cargo que le reserva a Sáenz de Santa María.

Yo no voy a elaborar listas sobre titulares de carteras; pero voy a elucubrar sobre las líneas de Gobierno que va a trazar, tal vez no en el cuerpo central del discurso de investidura; pero sí en lo tocante a la línea que va a seguir.

No voy a abundar en dos de sus tres grandes directrices; porque él mismo lo ha explicado en numerosas ocasiones. Su prioridad está en la economía, la creación de puestos de trabajo y la política exterior. 

Acometerá el saneamiento de la banca, la reforma del mercado de trabajo y la implantación de todo tipo de medidas encaminadas a reactivar la economía. 

En política exterior Estados Unidos y la Unión Europea serán sus objetivos preferentes para recuperar el puesto que merecemos en el panorama internacional; para que dejemos de ser los amiguitos del alma de Chávez, Morales, los Castro y Erdogán y tengamos como interlocutores a los dirigentes de países importantes en el panorama mundial, con los que compartimos valores, aspiraciones, objetivos, mercados y cultura. 

El tercer bloque también está perfilado; pero ha pasado mucho más desapercibido. 

Mariano Rajoy ha prometido que cumplirá y hará cumplir la Ley sin contemplaciones en todos los terrenos; pero sobre todo en materia terrorista.


Van  a ser cruciales en ese terreno dos piezas: Justicia e Interior.


La figura del Ministro de Justicia, tiene que acometer una reforma completa del sistema para blindar la independencia de los jueces y garantizar que si llega tras él alguien tan dado a utilizar la Justicia para alcanzar sus objetivos como el gobierno que le antecedió, tenga las cosas muy difíciles. El otro reto que ha de afrontar son las reformas legales necesarias para lograr que España deje de ser un país en el que es muy barato delinquir; tanto para espantar el crimen organizado, como para colaborar en el éxito del otro puntal de la política de seguridad, el terrorismo. 

El Ministro del Interior es la otra pieza clave, de extraordinaria importancia en la estrategia del nuevo Gobierno. Tendrá que dirigir una cruzada implacable contra la delincuencia organizada: la de las mafias que se han instalado en nuestro país y la del terrorismo, el emergente en Galicia y el consolidado de ETA.

Puede que recupere a Mayor Oreja; tiene experiencia en el cargo y, además, ha vivido en primera fila las consecuencias del error de Aznar, que no acometió una limpieza profunda de las FFCCSSEE y gracias a eso fue posible lo ocurrido a partir del 11M. Puede que elija a otra persona. Sin duda, responderá a un perfil: el de alguien experto, gran conocedor de las interioridades de la Policía y la Guardia Civil, que le garantice una planificación de éxito en el objetivo vital: una batalla frontal contra la delincuencia y, sobre todo, el terrorismo.

Todos los analistas coinciden en un lamento amargo frente a Amaiur. La herencia envenenada, la deshonra viva de España, víctima de un Gobierno infame que usó todos los recursos del poder para devolver a los asesinos a las instituciones. Lo cuentan como si esa situación fuera algo fatídico, irreversible, contra lo que nada se puede hacer.

La realidad es que esa visión es absolutamente falsa y  ese análisis tan reproducido raya en lo ridículo hasta el punto de constituir una invitación a cuestionarse la capacidad analítica de los periodistas que sostienen estas tesis tan pesimistas.

Es cierto que la primera tarea del Ministro del Interior tiene que ser una reestructuración de cargos, tanto en la Policía como en la Guardia Civil, para asegurarse de que quienes dirijan las operaciones en los distintos niveles de mando sean profesionales rigurosos en la ejecución de su trabajo, ajenos a partidismos o intereses que centren su máxima prioridad en perseguir el delito, investigar con rigor y poner a disposición de la Justicia a los delincuentes dejando sobre la mesa del Juez un trabajo sólido y sin lagunas. 

Si el Ministro está familiarizado con los Cuerpos de Seguridad no necesitará más de un mes para remodelar las cúpulas, poner en ellas a profesionales de primer orden (que son muchos) encargados, a su vez, de reestructurar los servicios en la línea marcada por el Ministro: seleccionar los profesionales más cualificados y fiables para los cargos intermedios en la cadena de mando. Una vez finalizada esa tarea llamada a garantizar una línea de actuación impecable, el resto es sencillo.

Ya no existen las dificultades del pasado. La época en la que Francia colaboraba de forma activa en la protección a ETA está olvidada. Ahora nuestros vecinos son nuestros aliados más fieles en la lucha contra la banda. La Juez Le Vert estará encantada de colaborar con todas sus fuerzas en la erradicación de esa amenaza que ya les ha alcanzado y acogerá con el mejor espíritu todas las estrategias que le proponga España para perseguir a los miembros activos, detectar a los durmientes, localizar sus depósitos y desarticular su entramado.

Amaiur, sin el respaldo de la violencia latente de ETA, no es nada. Pueden bastar unos meses, un año, tal vez, para que la acción combinada de las fuerzas de seguridad españolas y francesas confisque el arsenal, desarticule la banda y, si no elimine, reduzca a mínimos despreciables el riesgo de que ETA pueda romper su pacto por algo tan sencillo como que no tiene suficientes armas, explosivos ni la infraestructura necesaria para resultar una amenaza a tener en cuenta.

Si los «primos de Zumosol», los que tienen a punto las pistolas y preparan las bombas destinadas a intimidar al Gobierno atentando contra la población indefensa, quedan desarmados, están detenidos y cae sobre ellos todo el peso de la Ley, tanto en Francia como en España, Amaiur no es nada. Si no se avienen a condenar el terrorismo, pueden ser ilegalizados y expulsados de las instituciones sin consecuencias; porque ya no existirá un grupo de asesinos listos para responder con sangre y muerte a lo que tacharán de una afrenta al pueblo vasco. 

Si el Gobierno entrante entra en una lucha sin tregua ni cuartel contra ETA desde el primer momento, se incauta de sus armas, detiene a los miembros de la banda y destroza su infraestructura, le bastarán pocos meses para conseguir esa «renuncia completa e irreversible al uso de la violencia» anunciada por los encapuchados, por el camino más seguro: su destrucción absoluta.

No solo es razonable el planteamiento. Es la única vía que tendrá el Gobierno para garantizar el fin del chantaje a España de los independentistas. Sin ETA, su brazo político no tiene ninguna fuerza; pero no queda ahí la cuestión. Los etarras y su entorno son intrínsecamente cobardes. Si se les priva de su herramienta de chantaje, recogerán velas a toda prisa, condenarán el terrorismo, acatarán la Constitución, pedirán perdón a las víctimas y hasta donarán órganos, si hace falta, para dejar claro que no tenían nada que ver con los terroristas. 

Recularán como alimañas y harán lo imposible por ganarse el favor de la ciudadanía; pero ese efecto se extenderá a otros territorios que acarician ideas independentistas. 

No fue el PNV el único que recogió las nueces cuando los atentados hacían temblar el árbol del que se desprendían los frutos. El independentismo catalán fue otro gran recogedor de nueces en ese escenario de sangre y muerte. Si se lamina el terrorismo, si se destruye a ETA, el tono de los independentistas va a reducirse de forma más que considerable. 

Puede que no desaparezcan por completo las reivindicaciones del «hecho diferencial»; pero se limitarán a una melodía en sordina; a una reivindicación testimonial que sólo pretende mantener la memoria de un tiempo en el que pareció posible alcanzar el objetivo, que se ha perdido; pero que ha de seguir manifestándose periódicamente, por si hay suerte, los tiempos cambian, las circunstancias crean el clima adecuado y surge de nuevo la oportunidad que acarician unas oligarquías irreductibles en su aspiración de optar por ser cabeza de ratón en un pequeño territorio, a cola de león en un proyecto de unidad más sólido y conveniente para la comunidad local; pero letal para sus aspiraciones de convertirse en personalidades de la mayor dignidad en su pequeña taifa.

4 comentarios:

jano dijo...

Carmen: sería muy importante que todas sus predicciones, o al menos la mayor parte, se cumpieran, pero yo soy más escéptico.
Rajoy es tan político como los demás y el PP es tan partido como todos los partidos políticos: puro interés. Los nacionalistas seguirán con su estrategia de "amagar y no dar" para obtener los mayores réditos y el terrorismo vasco, ahora institucionalizado, dará la batalla con la connivencia de sus paisanos, como lo ha hecho siempre.
La única diferencia es que tenemos en el poder a un partido fuerte, con mayoría absoluta, que podría utilizar la estrategia del "rodillo" para gobernar pero está atado de pies y manos por una Europa en pié de guerra económica, por una patronal que aprovecha la situación para "pintar en bastos y arrimar el ascua a su sardina" y por todo ello, con una ciudadanía que ya no puede soportar tanto sacrificio inmerecido. Lo único bueno de esta situación es que todos estamos reflexionando y de la reflexión siempre surge algo bueno.
Que así sea.

Carmen Quirós dijo...

El tiempo nos mostrará la actitud del PP ante ETA, Jano. No creo que sea muy diferente a la que siguió en la etapa de gobierno anterior; pero no son más que suposiciones. No tardaremos en ver las líneas que adoptan en materia antiterrorista.

Un saludo.

Gulliver dijo...

Coincido con usted en que esas serán sin duda las tres líneas maestras del Sr.Rajoy.
Comparto con Jano un cierto escepticismo ante los más que seguros condicionantes que la viciada política española impondrá a su acción de gobierno. Y no me estoy refiriendo sólo a los más que contrastados defectos de nuestros políticos, sino también al evidente agotamiento del modelo constitucional alumbrado en 1978.

Carmen Quirós dijo...

Va a ser muy interesante esta legislatura. Rajoy tiene que levantar de nuevo el país, poner las instituciones en orden y subvertir el proceso de ingeniería social montado por Zapatero. Coincido con usted, Gulliver, en el toque de escepticismo; pero tengo confianza en lo mucho que atacaron desde todos los frentes a Rajoy a lo largo de estos años. No les convenía como presidente del Gobierno y eso me da un poco de esperanza.

Gracias por su comentario. Un saludo.