9/6/11

El «juicio de Dios» a la tolerancia del Gobierno



Los indignados, frente al Congreso
"Los Indignados" ante el Congreso (EFE para LD)

El llamado 'Movimiento 15M', estaba agotando su etapa vital. Colonizado por diversas tribus urbanas, bien a su pesar, desgastados por el tiempo y la ocupación de la Puerta del Sol de Madrid en la que plantaron un campamento que causó graves perjuicios económicos a los pequeños comerciantes de la plaza, ya bastante castigados por la crisis, y fue degenerando hacia condiciones de insalubridad creciente, veían cómo las acampadas se iban disolviendo y los distintos grupos iban poniendo fecha, más o menos inmediata, en todo caso el domingo próximo como tope, era necesario revitalizar la protesta.

Hicieron lo lógico. Su acampada en la Puerta del Sol era un sinsentido. Allí está la sede de la Comunidad de Madrid; pero este órgano no tiene competencias para atender sus reivindicaciones (bastante confusas). Era el Congreso o el Palacio de la Moncloa donde debía ser escuchada su voz y podían encontrar interlocutores para sus reivindicaciones.

Ahora empieza la parte interesante de la cuestión. Pese a que la Junta Electoral Central declaró ilegal la acampada en la jornada de reflexión previa a la cita electoral y los tribunales confirmaron esa resolución, ni se fueron, ni el Ministerio del Interior cumplió su obligación de imponer, si era necesario por la fuerza. 

Muchos malpensados, consideraron que la inacción del Ministerio del Interior en cuanto al desalojo, se basaba en dos factores: por un lado, confiaban que el movimiento les diera votos. Por otro, si no ocurría, al menos molestarían «al enemigo»: el Gobierno de la Comunidad de Madrid y constituiría una suerte de venganza pírrica.

Yo no creo nada de esto, por supuesto. El Gobierno de España no puede ser jamás tan sectario y tercermundista en sus decisiones. De todos modos, ahora se pondrá a prueba mi voto de confianza.

Según las últimas informaciones, hay del orden de mil «indignados» ante el congreso, dispuestos a quedarse y a montar el campamento allí. La calle está cortada y me interesa mucho ver lo que pasa cuando Sus Señorías no puedan ser depositados ante la puerta por sus coches oficiales. Cuando pasen los días y la calle esté invadida por el olor de las cocinas que elaboran «in situ» la comida y cena de los asambleístas, cuando sientan el prurito de la picadura de alguna de las pulgas que forman parte del movimiento o se cruce una rata en su camino, como les pasaba a los comerciantes de la Puerta del Sol, se comprobará el grado de tolerancia que les merece el movimiento.

¿Los disolverán? ¿Se mantendrán tan tolerantes como el Gobierno de la Comunidad de Madrid? Pronto sabremos hasta donde llega esa tolerancia. Va a ser muy interesante seguir la evolución del movimiento en su nuevo lugar de acampada.

2 comentarios:

jano dijo...

Hoy que me deja el sistema, toca comentario.
Los indignados van cambiando de estrategia y van perfilando sus reivindicaciones, afirmándose día a día en su fuerza. Quizá, si persisten en su lucha, acabarán convirtiéndose en una fuerza política y degenerando, como lo han hecho los partidos políticos y los sindicatos, en una estructura piramidal con disciplina férrea que defiende su estatus por encima de toda idea de justicia y equidad. Pero aunque ese momento llegue o sólamente se disuelvan en la nada, siempre quedará el precedente de un descontento popular pacífico que un día dijo ¡basta!
Ahora les toca a sus señorías aguantar el tirón y, con ello, veremos la auténtica raléa de nuestros gobernantes.
Probablemente fliparemos.
Un saludo, Carmen, y enhorabuena por la entrada de ayer, que he disfrutado con emoción.

Carmen Quirós dijo...

Supongo que llegará ahí un grupo; pero la mayoría de los que pusieron en marcha este movimiento quedarán por el camino tras la colonización que han sufrido a pie de calle.

Va a ser muy interesante seguir su evolución y los acontecimientos.

Un saludo Jano.