1/6/11

La trastienda de la crisis del pepino



La senadora de Sanidad de Hamburgo, Cornelia Prufer-Storks
Cornelia Prüfer-Storks (EFE para La Razón)


La responsable de sanidad de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storks, fue quien desencadenó la «crisis del pepino» al atribuir a los pepinos importados de Almería la infección por Escherichia coli que estaba causando un brote epidémico en la ciudad.

Ante la aparición de los síntomas de una epidemia, se ordenó tomar una muestra de productos susceptibles de ser portadores. Se cogieron de forma aleatoria cuatro pepinos. Todos ellos estaban contaminados. La curiosidad es que de esos cuatro ejemplares, tres procedían de España y uno de Holanda. Ese dato debió aconsejar cautela; pero se optó por transmitir en una rueda de prensa que la causa de la epidemia eran pepinos contaminados procedentes de Andalucía.

Hoy ha quedado demostrado que no era cierto, que el bacilo que se encuentra en las heces de los enfermos es una variedad común en el norte de Europa, rara en España y que no corresponde a la que se detectó en esos cuatro pepinos de la muestra.

A estas alturas, la exculpación no impide que el cierre de mercados europeos como el alemán, el belga, el del Reino Unido, el austriaco o el ruso, hayan supuesto graves pérdidas para los productores y perjudicado el prestigio de nuestros productos.

No vamos a entrar en la penosa reacción de nuestro Gobierno. Damos por descontado que, si estamos en manos de Rosa Aguilar, Leire Pajín, Trinidad Jiménez, el desaparecido Zapatero y el muy ocupado Rubalcaba, toda esperanza de una protesta enérgica e inmediata que hiciera recular a los alemanes es ilusoria.

Lo relevante de este asunto es lo que está tras la precipitada denuncia: la guerra en el mercado de productos hortofrutícolas. 

España es un gran competidor para los países del norte. Tiene capacidad para producir grandes cantidades de hortalizas y verduras en sus invernaderos, mediante la conjunción de varios factores: un clima benigno, de inviernos suaves en el Mediterráneo, que proporcionan suficiente insolación a las plantaciones para lograr cosechas en pleno invierno, unas condiciones climáticas, en especial una insolación potente y prolongada que genera sabores más intensos y complejos en las hortalizas y frutas y un riesgo casi nulo, como ocurre en el norte de Europa, de que los fríos vientos del norte, si no arruinen la cosechas, adelanten el final del verano en perjuicio de los cultivos de huerta, sumado a una capacidad añadida de competir en precios con los productores centro y norte europeos.

En primavera se desatan siempre estas guerras. Los países del sur consiguen la cosecha en sazón antes que los del norte, inundan sus mercados de productos de gran calidad, más baratos y más precoces que los autóctonos y los campesinos locales se resienten de esa competencia.

No es extraño, por lo tanto, que a la menor oportunidad de frenar la competencia, se aproveche a toda prisa sin ninguna reserva. Por ese motivo, es importante que la política del Gobierno, más que a proporcionar ayudas, se oriente a generar las condiciones más favorables para que los agricultores españoles acometan labores de infraestructura adecuada para afrontar con éxito los reveses que deriven de esas guerras y se minimicen los daños cuando un episodio como el que marcó esta crisis consiga una victoria transitoria que les cause grandes pérdidas.


2 comentarios:

jano dijo...

La gestión de la crisis de los pepinos españoles por parte de Alemania, con la pasividad inicial de España, es increible. No puedo creer que la sanidad alemana no sepa que E. Coli es una enterobacteria normal en el intestino humano y que existen cepas patógenas, productoras de enterotoxinas (termolábiles, termorresistentes o ambas) o invasoras de la pared intestinal, todas ellas causantes de infecciones intestinales (la famosa "venganza de Moctezuma" de los que viajan a Méjico) o de sepsis graves. Detectar una bacteria en cualquier producto no esterilizado es una auténtica gilipollez porque es una verdad de Perogrullo, mientras no se detecte una cepa patógena que haga saltar la alarma y obligue a tipificar la cepa, y compararla con la causante de la infección en los afectados.
Como bien dice, se trata de una burda campaña para frenar la competitividad merecida de las frutas y hortalizas españolas, favorecida por la incompetencia de unas ministras y un gobierno español, más incompetente ahora por la situación que atraviesa, que no ha sabido reaccionar a tempo y a tono y que no exigirá con contundencia las responsabilidades de esta campaña tan mezquina.
Un saludo, Carmen.

Carmen Quirós dijo...

Cuando te toman por el pito del sereno, pasan estas cosas, Jano. Mucha UE y mucha historia; pero en estas épocas empiezan a entrar los productos autóctonos en los mercados del norte, porque la cosecha es más tardía que aquí (que ya llevamos más de un mes haciendo menestra) y cada cual defiende lo suyo. Un saludo.