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23/3/12

Tertulia con Alsina: el fracaso del periodismo



 
Carlos Alsina (Fotografía ondacero.es)


Es frecuente encontrar artículos en los que los periodistas analizan el impacto de los 'espontáneos', gente que escribe en blogs, que participa en redes sociales, que da noticias ejerciendo una suerte de intrusismo profesional en las funciones del periodista. 

Todos coinciden en que, en medio de este caos informativo, la función del periodista es más importante que nunca; porque son los únicos que aportan rigor, análisis serios, contrastan la información, filtran lo espurio y ofrecen al ciudadano una fiabilidad absoluta, mientras que las noticias y los análisis de los intrusos son más que cuestionables.

No les falta razón en el aspecto teórico; pero en la práctica, las cosas no son así. Creo que todos tenemos una experiencia incontestable: Cuando leemos en la prensa la reseña de algún asunto que dominamos, es muy raro que encontremos rigor y profundidad en la noticia. Lo usual es que sea un cúmulo de errores que muestran que el periodista habla de oídas y con mucha ligereza.

Esa carencia se intensifica en las tertulias radiofónicas o audiovisuales. Reúnen a una serie de periodistas que debaten sobre un tema con una alegría que delata una falta de rigor preocupante. En teoría, un periodista no entra al trapo en asuntos que desconoce y, cuando tiene que hacerlo por imperativo de la actualidad, la profesionalidad del oficio debería invitarle a centrarse en las cuestiones de fondo, en los principios básicos y huir de las opiniones cuando carecen de información.

Soy adicta (lo confieso) a la Brújula, el programa de Carlos Alsina en Onda Cero, que esta noche fue todo un exponente del choque de trenes entre el rigor periodístico y la ligereza de los periodistas.

Para quienes no hayan seguido el programa esta noche, les pongo en situación. Acompañan a Carlos Alsina Pilar Cernuda, Tony Bolaño y Eduardo Peralta. Son dos los temas elegidos: la huelga general del día veintinueve y el anuncio de Mariano Rajoy, hoy en Asturias, de que mañana el Consejo de Ministros dará luz verde al Anteproyecto de Ley de Transparencia.

Les dejo el enlace al audio de la tertulia. Tras una introducción del tema, Alsina hace entrar en antena a David Cabo, uno de los miembros de la 'Coalición tu Derecho a Saber', con una larga trayectoria de lucha por el acceso a la información en la Administración Pública. La entrevista se inicia en (1:05:56) en el audio.

Finalizada la exposición del entrevistado (1:16:46) la exposición de Alsina del marco del debate se ve interrumpida por Tony Bolaño. Ante la ignorancia completa del contenido del borrador, Alsina quiere centrar el debate en el marco general, única posibilidad ante el desconocimiento de los datos. Quiere que sus contertulios entren en el fondo del asunto, analicen la importancia de una ley de ese tipo; la influencia que ejercerá en el gobierno, tanto central y autonómico como local, la conciencia de que todo ciudadano puede acceder a los datos de gestión y fiscalizar las decisiones.

Tony Bolaño no le da ocasión de establecer el marco del debate. Le interrumpe de inmediato para exponer sus enormes reservas y Pilar Cernuda se alinea de inmediato con sus planteamientos. En ambos; pero sobre todo, en Tony Bolaño, se evidencia una repugnancia inmensa ante la idea de que cualquier ciudadano pueda acceder a cualquier informe de la Administración. Uno puede llegar a sufrir una conmoción al ver a un progresista tan declarado al borde del vómito ante la idea de que la chusma pueda fiscalizar las decisiones de sus gobernantes. 

Sus argumentos tienen tanto peso como este: Su mujer trabaja en un ayuntamiento y le cuenta cosas que ponen los pelos de punta. Una ley así, hará que los vecinos se maten. 

La realidad es que, si nos atenemos a lo declarado por Rajoy y a las pretensiones que planteó la 'Coalición Tu Derecho a Saber', no habrían ocurrido muchas cosas que han pasado. Se ha ventilado mucho en la prensa el 'caso Noos' como muestra de los abusos de poder que cometieron los políticos encargando informes carísimos a determinadas personas. Urdangarín no es una anomalía. 

A veces, la complejidad de una cuestión aconseja, una vez pedido al servicio jurídico u otro órgano de la Administración correspondiente, encargar un informe de contraste otros expertos en la materia y eso es irreprochable. Sin embargo, es frecuente que despachos de abogados, empresas de ingeniería y otros profesionales con habilidades para establecer contactos, se vean favorecidos arbitrariamente por un político que les contrata para que le hagan informes innecesarios y con frecuencia vacíos de contenidos rigurosos.

Si ese político sabe que todos esos encargos van a ser públicos; porque está contratando servicios con dinero público y existe una Ley que obliga a mantener a disposición de los ciudadanos esos expedientes, para que cualquiera pueda consultarlos, se guardarían mucho de adoptar esas prácticas de favoritismo; porque saben que pueden costarles muy caras. 

Hay mil variantes de corruptelas que se erradicarían si la Administración (salvando los criterios de seguridad nacional y protección de datos personales) estuviera obligada a publicar todos los datos de contratación, los criterios por los que toma decisiones, la adopción de medidas políticas arbitrarias, cuyo único objetivo es favorecer a amigos o afines con fondos públicos. 

Carlos Alsina intentó entrar en este fondo; pero la vacuidad de los supuestos profesionales, muy reputados y respetados, por otra parte, del periodismo, abortó de modo lamentable su intento de hacer un análisis serio y todo quedó en una alucinante e increíble muestra de que esas tesis sobre la fiabilidad que representan los profesionales de la información frente a los outsiders es, cuando menos, una cuestión retórica que no tiene sustento en la realidad que constatamos los ciudadanos.

La parte positiva es que, al menos, hubo dos profesionales: Alsina y Peralta, que intentaron imponer el rigor frente a la vacuidad. 



22/3/12

Asturias enfada a Rajoy



 
Mariano Rajoy (Fotografía de diarioya.es)


Es bueno reflexionar, en lugar de dejar que dominen las emociones. El éxito suele  ir precedido de un análisis certero de la situación del momento, una revisión del pasado y una planificación realista de los pasos a dar para alcanzar el objetivo perseguido, teniendo en cuenta aciertos y errores del pasado y las circunstancias actuales y futuras, para no cometer de nuevo los mismos errores y alcanzar la meta perseguida.

Es muy probable que el Presidente aplique ese criterio u otro similar; pero el enfado que mostró en el último mitin en Oviedo, demuestra que no tiene asimilada la situación de Asturias.

Hace diez meses, Foro Asturias ganó las elecciones con un programa muy similar al del PP: austeridad, organización de las finanzas públicas, eliminación de gastos superfluos (muchos de ellos injustificados e injustificables), transparencia y creación de empleo.

Los asturianos esperábamos que esa coincidencia programática generara de inmediato una alianza entre el PP de Asturias y el Foro. Para nuestra sorpresa, desde el primer día, el PP de Asturias le declaró la guerra a Foro, se alió con el PSOE e hizo lo posible y lo imposible para boicotear al nuevo Gobierno.

Llegaron las elecciones generales. Asturias se decantó más por la necesidad del cambio de Gobierno en España, que por la defensa de sus intereses, representada por la presencia de congresistas de Foro. El PP local se creció ante lo que ellos, con la poca visión política que les caracteriza, interpretaron como una muestra de pérdida de apoyo entre los votantes del Foro y arreciaron en su guerra personal, echándole un órdago al Presidente que respondió con la disolución de la Cámara y la convocatoria de elecciones.

Cuando, tras la paliza del viaje, Rajoy se presentó en el auditorio, el aforo era escaso. El  Presidente consideró que los afiliados del PP en Asturias le habían despreciado y se mostró irritado con el desplante.

Confío que, pasada la primera reacción, recapacite. No voy a mitines y no sé si Foro lo dio ya en Oviedo o no. Tengo noticias de otras localidades donde los locales quedaron desbordados por la afluencia de público ansioso de escuchar a Cascos. 

Rajoy debería sacar las conclusiones correctas de lo ocurrido en el Auditorio: Sus afiliados están furiosos con lo ocurrido. Encuentran inaceptable la guerra que emprendió el PP contra Foro e incomprensible que Génova no haya terciado para cortar por lo sano una lucha de intereses caciquiles que estaban perjudicando de forma muy grave a Asturias.

La maniobra de enviar a Gabino de Lorenzo a la Delegación del Gobierno y a su ex-concejala de festejos, candidata incomprensible a la Presidencia, borrada del mapa, no es más que un parche mal puesto, incapaz de zanjar el escándalo y la ira que sintieron los afiliados al ver lo que estaba ocurriendo sin que Madrid hiciera nada.

El domingo veremos los resultados y tendremos datos incontestables para evaluar los efectos de esa lucha insensata abanderada por el PP local. 

Entre tanto, Rajoy debería reflexionar sobre el plantón de sus afiliados con la cabeza fría y sacar las conclusiones adecuadas. 

Asturias es una Comunidad pobre, gobernada por políticos incompetentes y adocenados que no han sabido aprovechar las etapas de crecimiento coyuntural en el entorno para superar sus crisis y crecer. Es una región despreciable, en términos electorales; porque su población es escasa y sus votos son insignificantes en el contexto nacional. 

Los asturianos somos conscientes de nuestra insignificancia; pero no aceptamos que se nos demuestre que no contamos para nada, que nos demuestren que les importa un rábano nuestro destino, proponiendo cabezas de lista de dudosa competencia, antes también de dudosa moralidad, ahora de bondad probada; pero que no resuelven los problemas que nos agobian en ninguna medida.

Rajoy debería comprender el mensaje de sus afiliados y tomar nota para que, en el futuro, aunque una Comunidad sea pobre e irrelevante, las decisiones que tome el partido respecto a ella no ofendan a sus miembros locales y la política que emprendan una vez contados los votos, merezca la más absoluta condena y cause graves perjuicios, sin que los dirigentes nacionales muevan un dedo a favor de los ciudadanos damnificados.


21/12/11

Bofetón institucional a Antigüedad





Poco hay que añadir a las imágenes. Tras años de cesión y genuflexión ante los terroristas tratándolos con guante de seda, no fueran a sentirse molestos, el ya presidente del Gobierno les ha dejado clara la situación.

Nada les debemos, ellos son los que tienen una deuda con España y tienen que pagarla. En tanto no lo hagan, el Gobierno se mantendrá firme.

No tuve ocasión de ver la cara de Antigüedad cuando respondió Rajoy a sus bravatas; pero sin duda, el arcaico personaje se habrá sentido muy sorprendido al ver que alguien, nada menos que la más alta institución del Estado tras el Rey, le plantaba cara y desmontaba la línea política de los siete últimos años. 

¡Zas! ¡En toda la boca! Y somos legión los españoles que aplaudimos con las orejas al ver al Estado poner a los terroristas en su sitio en cuatro frases.

20/12/11

El círculo virtuoso



Mariano Rajoy, recibe el aplauso desde sus filas, al terminar el discurso de investidura. | Efe
Mariano Rajoy recibe el aplauso de sus filas tras pronunciar su discurso (EFE para 'El Mundo')


Todo discurrió como cabía esperar. Mariano Rajoy no desvelará quienes serán los miembros de su equipo de Gobierno hasta que informe a don Juan Carlos de quiénes son los elegidos para ocupar las diferentes carteras y no precisará los detalles de la política de cada ministerio; porque es competencia de los titulares de las carteras establecer el detalle de las medidas y, con independencia de que el presidente electo aún no sabe el alcance real de lo que se encontrará cuando tome posesión de su cargo y en tanto no lo sepa no puede concretar líneas de actuación, compete a los ministros designados estudiar la situación de las áreas de las que se hacen cargo, analizar el estado de cosas real y trazar la línea de actuación que estimen más adecuada. 

Rajoy ha demostrado que más que respetar las formas, las tiene asimiladas con tanta intensidad que no necesita pensar: adopta de forma instintiva el gesto que corresponde a cada momento, la actitud correcta en cada situación. Es el único que efectúa el saludo protocolario al rey de modo instintivo, uniendo una leve inclinación de cabeza al apretón de manos. No violará la cortesía de que el rey sea el primero en conocer la composición del nuevo gobierno y no incurrirá en la deslealtad de comprometer las decisiones de sus ministros adelantando detalles que son competencia exclusiva de los titulares de las carteras para satisfacer a los periodistas y a los miembros de la oposición.

Se ha limitado a trazar las líneas maestras de su programa de gobierno, tal como cabía esperar y ha exteriorizado, con un despliegue notorio, esa interiorización de las formas. 

Rajoy siempre fue un parlamentario brillante; pero sus discursos fueron siempre los del jefe de la oposición a lo largo de estos años. Era fruto de esa visión interna, meridianamente clara, del lugar que ocupaba en la cámara. Interpelaba en cada intervención a la máxima autoridad del Gobierno, al que veía como la entidad superior en la escala jerárquica y, por enérgico que fuera el contenido de su discurso, su lenguaje corporal transmitía con fuerza esa visión de sí mismo como representante de una figura institucional de inferior rango.

Esa visión clara de la organización institucional que le caracteriza le trasmutó la figura en la comparecencia del día de hoy ante el Congreso. Ya no era el responsable de fiscalizar las decisiones del Gobierno, obligado a ejercer la oposición a las decisiones del Gobierno que consideraba perniciosas para España, obligado a mantener un equilibrio entre la expresión enérgica de la repulsa y el cuidado de las formas en que lo hacía; porque la reprobación a las decisiones que combatía afectaban al ámbito superior de las instituciones políticas y había que mantener una lealtad institucional para no dañarlas más aún de lo que lo hacían sus titulares.

Hoy era el protagonista de un acto del ritual de investidura cuya esencia es la exposición del ganador de las elecciones a la presidencia del Gobierno, de unas líneas maestras de acción gubernamental llamadas (en términos idílicos) a convencer a los partidos de la oposición de que el programa que ofrece a su consideración es el adecuado a la coyuntura que afronta España y trata de persuadirles para que voten su investidura. 


Las líneas que trazó fueron convincentes para quienes consideran que, el grueso del problema que enfrentamos radica en un círculo vicioso: la crisis genera inseguridad. ES cierto que ha destruido un gran bocado del pastel de creación de riqueza; peor hay otra gran parte de sector del consumo que conserva su poder adquisitivo, de empresas que capean la crisis con éxito; pero el miedo  manda,nos cohíbe a todos y contrae la demanda. Si se rompe ese círculo vicioso, si se genera confianza, entraremos en el círculo virtuoso que generará intercambios y restablecerá la normalidad en el mercado.


Eso es lo que persigue Rajoy: romper el círculo vicioso y sustituirlo por el círculo virtuoso. Su éxito dependerá de la eficacia que desplieguen los ministerios claves en la generación de confianza. Es imprescindible que el líder no los maniate de antemano con promesas frívolas y deje a su cargo  la concreción de las medidas encaminadas a romper el círculo vicioso para abrir brecha hacia el virtuoso.

En la circunstancia actual no deja de ser una cuestión de trámite, puesto que su mayoría le garantiza la proclamación como presidente, aunque vote en contra el resto de la cámara; aún así, Mariano Rajoy elaboró el discurso más adecuado para convencer a un arco parlamentario ideal, nutrido por representantes comprometidos con el interés común por encima de las particularidades puntuales para que le prestaran su apoyo.

La fortaleza de los resultados generó el porte instintivo en el candidato sensible al estatus. Nada ni nadie podía evitar su designación y su tesitura gestual fue abrumadora. Había alcanzado la condición de presidente y todo en él transmitía la  asimilación del poder. Derrochaba dominio, tanta seguridad que no tuvo empacho en dar un toque de aviso recordando, tanto a los miembros de su propio partido como a los de la oposición, que estaba acostumbrado a ser apaleado y era capaz de sobrevivir a las maniobras destinadas a convertirle en un cadáver político.

Ayer reflexioné sobre el elemento vital del discurso de investidura. No radicaba en la figura de Mariano Rajoy, consagrada por los resultados de las elecciones como Presidente del Gobierno, hiciera lo que hiciera en la sesión de investidura, como en la de Alfredo Rubalcaba, obligado a emitir un mensaje en su puesto provisional de jefe de la oposición, en la respuesta al discurso de Rajoy.

Fue cicatero, melifluo. Prometió ser una oposición leal, en tanto en cuanto el nuevo gobierno adoptara como grandes prioridades el programa del candidato derrotado. Si no pone todo su empeño en  poner en marcha un programa que repudió en nicho de votantes socialistas hasta el punto de rebajar al mínimo el nicho de votantes al partido en su historia en democracia, no le apoyará.

Ayer reflexioné sobre los misterios de los análisis que realizan los expertos de los partidos de los mensajes de sus dirigentes. Veremos si el empecinamiento de Rubalcaba en la defensa de un proyecto que ha llevado a su partido al mayor desastre electoral de la democracia, le ayuda en su proyecto. Diseñó el discurso de hoy como un guiño a su partido, más que como una respuesta a la propuesta del aspirante a Presidente. Veremos pronto esa estrategia ha surtido efecto.

19/12/11

En capilla






Se nos hizo eterno; pero el plazo ha concluido. Dentro de unas pocas horas Mariano Rajoy comparecerá ante el Congreso para desgranar su discurso de investidura.

Trazará en él las líneas maestras de su política; pero no entrará en detalles. La razón es obvia: está cumpliendo lo que prometió, no se quejará en ningún momento de la herencia recibida. Respaldó la comunicación del gobierno en funciones, que proclamó un traspaso ejemplar de funciones plegándose al mensaje; pero los miembros del equipo designado para dirigir ese traspaso ya avisaron: se les ofreció la información básica. Hay muchas cajas sensibles sin analizar y cabe prever que se haya destruido información sensible en este lapso. Eso significa que necesitarán meses de trabajo para comprobar la realidad de las cuentas públicas y cuadrar la política económica que han de abordar. Sin esos datos, es imposible enrtar en detalles.

Rubalcaba, el que lo sabe todo, probablemente ignore los datos que se ocultaron al equipo de Sáenz de Santamaría en el detalle; pero no cabe duda de que tiene claro que les han engañado y dejado un escenario mucho peor del que les han dejado entrever. Aún así, replicará conminando a Mariano Rajoy, en una edición más del ejercicio de cinismo al que nos tiene acostumbrados, a que detalle minuciosamente sus planes, logrando que vomitemos muchos españoles, como hemos venido haciéndolo al escucharle a él, al presidente que le encaramó a las cotas más altas de poder que conoció en su trayectoria política y al resto de los componentes de ese ejecutivo que se consagraron como los mendaces por excelencia de la historia de nuestra democracia; pero que lo hicieron de forma tan burda y patética, que, hasta los más fieles, acabaron por sentirse afrentados y de ahí su 110 en los resultados electorales. 

La paradoja que afrontaremos mañana es que lo más relevante de la jornada no radica en el discurso del aspirante a la investidura, sino en la intervención del gran derrotado. 

El futuro de Rubalcaba, tras su apabullante derrota, depende del éxito que coseche ante los españoles en la respuesta que le dé al candidato. Si logra hilar un discurso político de altura, tiene posibilidades de ser investido en el próximo congreso del PSOE como líder del partido, si no lo logra, está deshauciado. 

Los antecedentes predicen un gran batacazo. No cabe dentro de lo posible que, en el turno de respuesta, Rajoy replique con una frase demoledora de este tenor: «señor Pérez Rubalcaba: llevamos sobre nuestras espaldas una experiencia de años en los que el Gobierno en el que usted ostentó un poder omnímodo nos demostró que el engaño, la mentira, la fabulación, el insulto a la inteligencia más elemental, constituían la esencia de la acción gubernamental. El traspaso de poderes nos ha demostrado que mantienen esa línea de ocultación y esa es la razón por la que no puedo descender al detalle de mi programa; porque, vistos los papeles del traspaso, tengo fundados motivos para sospechar que lo que encontraré cuando tome posesión de mi cargo es mucho peor de lo que pude imaginar en la peor de mis pesadillas. Tengo una dilatada experiencia de Gobierno, señor Rubalcaba, que me permite calibrar, sobre la base de experiencias pasadas, el monto del problema que voy a afrontar. A diferencia de usted y el gobierno del que formó parte, soy honesto, franco y responsable. Mido cada palabra para ceñirla a la verdad, persigo el rigor en mi discurso y, por todas estas razones, me considero incapaz de detallar medidas en este momento; porque soy consciente de que he sufrido esa mendacidad intrínseca que caracteriza a la formación a la que pertenece usted, tengo la certeza de que las cosas están infinitamente peor de lo que nos han contado y necesito conocer el daño en toda su intensidad, antes de detallar con minuciosidad el programa adecuado para enmendar el desastre que ustedes han provocado».

Seríamos legión los españoles que aullaríamos aclamado esa respuesta; pero Rajoy nunca dirá algo así. No está en su ADN (que diría Rubalcaba) hacer sangre del contrincante de forma tan descarnada; pero hay otros caminos y Rajoy sabrá usarlos para desactivar la réplica, no ante el gran público, sino ante los analistas de PSOE, políticos curtidos en captar matices que se escapan ante el grueso de la ciudadanía y miden el nivel de la derrota sufrida por su representante usando parámetros que ignoramos los ciudadanos de a pie, incluso en los casos en los que nos pareció que un parlamentario había ganado por goleada, que decretan, de modo inapelable, que resultó perdedor y falló de modo estrepitoso a la confianza que depositó en él su partido.

Todos estamos pendientes del discurso de investidura de Mariano Rajoy. La mayoría pensamos que es determinante; pero eso es falso. Su mayoría le garantiza la investidura, incluso en el caso de que el contenido de su mensaje se centrara en relatar un cuento tradicional. Será investido, diga lo que diga y si optara por recurrir a la narrativa tradicional, si elige bien la historia, obtendría un gran éxito. Los analistas, ante la oscuridad del mensaje, saldrían en tromba a interpretar los aspectos más sutiles del cuento, pergeñarían un mensaje filosófico consistente y  le consagrarían como un gran visionario; porque ha ganado las elecciones por mayoría absoluta y eso estimula de modo notable un sentimiento de pleitesía acendrado, del que no pueden escapar ni sus detractores más virulentos en el pasado.

Rajoy no se juega nada; porque ostenta la cuota de votos  que garantiza su nombramiento para el cargo. Es Rubalcaba (110) quién tiene que protagonizar un alarde antológico en la respuesta para consolidar el liderazgo que persigue en su propio partido y todo apunta a su fracaso. Es un excelente fontanero; pero como líder, se ha revelado en exceso endeble. 

No descartemos sorpresas; pero es razonable apostar por una opción refrendada por los hechos constatados. Rubalcaba está muy por debajo de su leyenda y el discurso de investidura de Rajoy tiene muchas probabilidades de convertirse en su tumba política ante su partido.

17/12/11

Es mi bola de cristal



El Rey junto con Mariano Rajoy
El Rey recibió a Mariano Rajoy (APF para ABC)


El plato fuerte de la prensa se ha centrado en la especulación sobre la designación de cargos en el gobierno de Mariano Rajoy desde el momento en que se conoció el resultado de las elecciones y lo más gracioso es que todos coinciden en que la personalidad del nuevo Presidente dictamina la previsibilidad casi matemática de que las quinielas sean un fiasco, salvo en lo tocante al cargo que le reserva a Sáenz de Santa María.

Yo no voy a elaborar listas sobre titulares de carteras; pero voy a elucubrar sobre las líneas de Gobierno que va a trazar, tal vez no en el cuerpo central del discurso de investidura; pero sí en lo tocante a la línea que va a seguir.

No voy a abundar en dos de sus tres grandes directrices; porque él mismo lo ha explicado en numerosas ocasiones. Su prioridad está en la economía, la creación de puestos de trabajo y la política exterior. 

Acometerá el saneamiento de la banca, la reforma del mercado de trabajo y la implantación de todo tipo de medidas encaminadas a reactivar la economía. 

En política exterior Estados Unidos y la Unión Europea serán sus objetivos preferentes para recuperar el puesto que merecemos en el panorama internacional; para que dejemos de ser los amiguitos del alma de Chávez, Morales, los Castro y Erdogán y tengamos como interlocutores a los dirigentes de países importantes en el panorama mundial, con los que compartimos valores, aspiraciones, objetivos, mercados y cultura. 

El tercer bloque también está perfilado; pero ha pasado mucho más desapercibido. 

Mariano Rajoy ha prometido que cumplirá y hará cumplir la Ley sin contemplaciones en todos los terrenos; pero sobre todo en materia terrorista.


Van  a ser cruciales en ese terreno dos piezas: Justicia e Interior.


La figura del Ministro de Justicia, tiene que acometer una reforma completa del sistema para blindar la independencia de los jueces y garantizar que si llega tras él alguien tan dado a utilizar la Justicia para alcanzar sus objetivos como el gobierno que le antecedió, tenga las cosas muy difíciles. El otro reto que ha de afrontar son las reformas legales necesarias para lograr que España deje de ser un país en el que es muy barato delinquir; tanto para espantar el crimen organizado, como para colaborar en el éxito del otro puntal de la política de seguridad, el terrorismo. 

El Ministro del Interior es la otra pieza clave, de extraordinaria importancia en la estrategia del nuevo Gobierno. Tendrá que dirigir una cruzada implacable contra la delincuencia organizada: la de las mafias que se han instalado en nuestro país y la del terrorismo, el emergente en Galicia y el consolidado de ETA.

Puede que recupere a Mayor Oreja; tiene experiencia en el cargo y, además, ha vivido en primera fila las consecuencias del error de Aznar, que no acometió una limpieza profunda de las FFCCSSEE y gracias a eso fue posible lo ocurrido a partir del 11M. Puede que elija a otra persona. Sin duda, responderá a un perfil: el de alguien experto, gran conocedor de las interioridades de la Policía y la Guardia Civil, que le garantice una planificación de éxito en el objetivo vital: una batalla frontal contra la delincuencia y, sobre todo, el terrorismo.

Todos los analistas coinciden en un lamento amargo frente a Amaiur. La herencia envenenada, la deshonra viva de España, víctima de un Gobierno infame que usó todos los recursos del poder para devolver a los asesinos a las instituciones. Lo cuentan como si esa situación fuera algo fatídico, irreversible, contra lo que nada se puede hacer.

La realidad es que esa visión es absolutamente falsa y  ese análisis tan reproducido raya en lo ridículo hasta el punto de constituir una invitación a cuestionarse la capacidad analítica de los periodistas que sostienen estas tesis tan pesimistas.

Es cierto que la primera tarea del Ministro del Interior tiene que ser una reestructuración de cargos, tanto en la Policía como en la Guardia Civil, para asegurarse de que quienes dirijan las operaciones en los distintos niveles de mando sean profesionales rigurosos en la ejecución de su trabajo, ajenos a partidismos o intereses que centren su máxima prioridad en perseguir el delito, investigar con rigor y poner a disposición de la Justicia a los delincuentes dejando sobre la mesa del Juez un trabajo sólido y sin lagunas. 

Si el Ministro está familiarizado con los Cuerpos de Seguridad no necesitará más de un mes para remodelar las cúpulas, poner en ellas a profesionales de primer orden (que son muchos) encargados, a su vez, de reestructurar los servicios en la línea marcada por el Ministro: seleccionar los profesionales más cualificados y fiables para los cargos intermedios en la cadena de mando. Una vez finalizada esa tarea llamada a garantizar una línea de actuación impecable, el resto es sencillo.

Ya no existen las dificultades del pasado. La época en la que Francia colaboraba de forma activa en la protección a ETA está olvidada. Ahora nuestros vecinos son nuestros aliados más fieles en la lucha contra la banda. La Juez Le Vert estará encantada de colaborar con todas sus fuerzas en la erradicación de esa amenaza que ya les ha alcanzado y acogerá con el mejor espíritu todas las estrategias que le proponga España para perseguir a los miembros activos, detectar a los durmientes, localizar sus depósitos y desarticular su entramado.

Amaiur, sin el respaldo de la violencia latente de ETA, no es nada. Pueden bastar unos meses, un año, tal vez, para que la acción combinada de las fuerzas de seguridad españolas y francesas confisque el arsenal, desarticule la banda y, si no elimine, reduzca a mínimos despreciables el riesgo de que ETA pueda romper su pacto por algo tan sencillo como que no tiene suficientes armas, explosivos ni la infraestructura necesaria para resultar una amenaza a tener en cuenta.

Si los «primos de Zumosol», los que tienen a punto las pistolas y preparan las bombas destinadas a intimidar al Gobierno atentando contra la población indefensa, quedan desarmados, están detenidos y cae sobre ellos todo el peso de la Ley, tanto en Francia como en España, Amaiur no es nada. Si no se avienen a condenar el terrorismo, pueden ser ilegalizados y expulsados de las instituciones sin consecuencias; porque ya no existirá un grupo de asesinos listos para responder con sangre y muerte a lo que tacharán de una afrenta al pueblo vasco. 

Si el Gobierno entrante entra en una lucha sin tregua ni cuartel contra ETA desde el primer momento, se incauta de sus armas, detiene a los miembros de la banda y destroza su infraestructura, le bastarán pocos meses para conseguir esa «renuncia completa e irreversible al uso de la violencia» anunciada por los encapuchados, por el camino más seguro: su destrucción absoluta.

No solo es razonable el planteamiento. Es la única vía que tendrá el Gobierno para garantizar el fin del chantaje a España de los independentistas. Sin ETA, su brazo político no tiene ninguna fuerza; pero no queda ahí la cuestión. Los etarras y su entorno son intrínsecamente cobardes. Si se les priva de su herramienta de chantaje, recogerán velas a toda prisa, condenarán el terrorismo, acatarán la Constitución, pedirán perdón a las víctimas y hasta donarán órganos, si hace falta, para dejar claro que no tenían nada que ver con los terroristas. 

Recularán como alimañas y harán lo imposible por ganarse el favor de la ciudadanía; pero ese efecto se extenderá a otros territorios que acarician ideas independentistas. 

No fue el PNV el único que recogió las nueces cuando los atentados hacían temblar el árbol del que se desprendían los frutos. El independentismo catalán fue otro gran recogedor de nueces en ese escenario de sangre y muerte. Si se lamina el terrorismo, si se destruye a ETA, el tono de los independentistas va a reducirse de forma más que considerable. 

Puede que no desaparezcan por completo las reivindicaciones del «hecho diferencial»; pero se limitarán a una melodía en sordina; a una reivindicación testimonial que sólo pretende mantener la memoria de un tiempo en el que pareció posible alcanzar el objetivo, que se ha perdido; pero que ha de seguir manifestándose periódicamente, por si hay suerte, los tiempos cambian, las circunstancias crean el clima adecuado y surge de nuevo la oportunidad que acarician unas oligarquías irreductibles en su aspiración de optar por ser cabeza de ratón en un pequeño territorio, a cola de león en un proyecto de unidad más sólido y conveniente para la comunidad local; pero letal para sus aspiraciones de convertirse en personalidades de la mayor dignidad en su pequeña taifa.

27/11/11

Si yo fuera Rajoy





Si yo estuviera en su lugar, no tocaría la prensa ni asomaría a ningún Medio para informarme de lo que se publica: me concentraría en el trabajo diario que diseñé en el periodo en el que contemplé qué medidas tomaría si ganaba las elecciones.

No estaría ajena, sería suicida, a la información; pero tendría un equipo eficiente ocupado en el rastreo de los Medios, que filtraría las noticias de cada día y me haría llegar solo aquellas que me interesan, aislándome de la presión de los que se empeñan en marcarme ritmos que son contrarios, no ya a mis intereses, sino al interés general.

Con ese estricto grupo de noticias válidas, me movería en el diseño de mi estrategia; pero centraría el grueso de mis fuerzas en el análisis de los datos que van recabando mis colaboradores, consciente de que no son del todo fiables, que ocultan partidas y esconden trampas mortales, para elaborar mi proyecto, el que debo presentar en la Sesión de Investidura, que me conviene que sea lo más riguroso que quepa, pese a que sé que ese objetivo, con la tropa que tengo enfrente, es inalcanzable.

Esa es la única vía segura para hacer mi trabajo con tranquilidad, aislada del mundanal ruido, centrada en lo importante, a salvo de las presiones perversas (o bienintencionadas; pero letales en su ingenuidad), que reclaman respuestas y declaraciones extemporáneas en un cabeza de lista que, por ahora, no es más que un potencial; porque cabría que en un acto inimaginable en la realidad, pero posible en la configuración legal del sistema, en el momento clave, un grupo nutrido de congresistas electos por el PP decidieran votar a Rosa Díez, por poner un ejemplo, y todas las expectativas del cabeza de lista naufragaran ante una decisión  posible en el marco de las normas electorales.

Necesitamos como comer recuperar las expectativas legales que nos ofrece nuestro Ordenamiento Jurídico. Clamamos por el respeto a la Ley y las seguridades jurídicas que necesitamos para recuperar la fe en el sistema. La normativa que rige el traspaso de poderes no tacha la filtración previa de las decisiones del presidente electo sobre su equipo; pero deja claro que la buena práctica del respeto a la Ley es aquella que le reserva al Rey la primicia de la formación de Gobierno y es bueno para el extenso colectivo de españoles que sufrimos todos estos malditos años la visión de la vulneración del fondo y la forma de los actos políticos y de Gobierno, incluso de la actividad legislativa, la visión de esta resistencia numantina a las presiones que ejercen Medios «indocumentados», Medios presuntamente perversos y una fauna variopinta, en su mayoría bienintencionada.

22/11/11

Reflexiones del día después





Es muy divertido recorrer el análisis que hacen los «politólogos» de la prensa en el día de hoy, emborronando papel cantando las excelencias del presidente electo.

Las hay para todos los gustos, aunque primen las que, olvidando los palos que le dieron por su «cachaza», ven en el día de hoy las excelencias de esa estrategia de desgaste, tan poco lucida; pero tan magistral en su ejecución, que hizo posible volver contra sus enemigos el famoso cordón sanitario y la demonización de la derecha crispadora. Un genio, coinciden todos. Pues vale.

La cuestión, en mi opinión, es más simple. Imagine que es usted muy rico, que tiene tantas propiedades e intereses que necesita un equipo que administre y gestione con éxito el potencial de su fortuna. ¿Elegiría usted a un personaje frívolo, amante de los experimentos, que le ofrece encanto y afabilidad o a un individuo serio, poco imaginativo, tal vez; pero que le garantiza seriedad y rigor en la administración?

Puede que en una etapa de gran florecimiento, esté dispuesto a probar cosas nuevas; pero cuando arrecian las tempestades y su fortuna corre peligro, pasaportará al embaucador y elegirá al que demuestra que es responsable y trabajador, aunque no tenga eso que se llama carisma.

Lo del carisma es engañoso. Los medios de comunicación nos lo venden como una fórmula que aúna una dosis de belleza, una pizca de encanto, un gran lote de capacidad para enardecer a las masas y llevarlas donde pretenda prendidas en su encanto.

Eso es la teoría; pero la práctica es más prosaica. Tiene carisma aquel que, en un momento concreto, reúne todas las características necesarias para convencer a los demás de que es la persona adecuada para alcanzar los objetivos perseguidos.

Hoy muchos intentan explicar por qué se mantiene la prima de riesgo tan alta, pese a los resultados electorales y baja la bolsa. Si se siguen todas las opiniones, se puede componer un abanico muy amplio, casi exhaustivo, de las razones por las que pasan las cosas que están ocurriendo. Si se para uno a analizar los datos, aparece nítida la base del problema.

No hay liderazgos, en el sentido de que, quienes detentan el poder a la hora de tomar decisiones en la coyuntura que afrontamos, adolecen de carencias básicas, pese a que, en algunos casos, reúnan todas las condiciones para ostentar la condición de paradigma de la figura del líder.

El primer factor es el de la carencia de una preparación sólida que permita elegir el mejor equipo para atajar los problemas que aparecen. Los líderes buscan más la afinidad ideológica con los miembros de los equipos que articulan, que con la eficiencia de los elegidos en términos objetivos.

El segundo está en la pérdida de valores en la sociedad. Cada cual busca su fortuna, su minuto de gloria, su lucimiento, no trabaja en interés de la sociedad, sino defendiendo sus intereses. Esto no es malo, es la base del capitalismo; pero hasta hace unas décadas bajo esa postura egoísta y legítima de obtener el mayor beneficio de las inversiones había una postura ética que constituía una garantía de gran  valor; porque los mercaderes (da igual que hablemos de comerciantes, banqueros, intermediarios o representantes de firmas) cifraban el éxito a largo plazo de su negocio en la confianza de sus clientes, en la certeza de estos de que no les ofrecerían nada que entrañara riesgos imprevistos y en el caso de que los hubiera, serían advertidos de antemano para que pudieran decidir si les compensaba correrlos, o no.

Todo eso se ha acabado. En Europa no hay un liderazgo potente formado por dirigentes que tienen una visión amplia de los problemas que afrontamos, de las múltiples variantes que plantean, cómo enfocarlos, cómo reconducirlos para resolverlos con éxito. En Estados Unidos, las cosas no van mejor. Republicanos y Demócratas andan a la greña, más interesados en los réditos políticos que en resolver la delicada situación en la que se encuentran con el problema del déficit. Unos y otros se apresuran a echar las culpas de la crisis a otros, en lugar de concentrarse en analizar qué están haciendo mal, qué errores han cometido, siguen cometiendo y cometerán en el futuro, si no cambian de estrategia.

Ahí estriba la clave del éxito de Rajoy: ofrece la imagen de una persona honesta y sincera, que no entra en contiendas estériles, poco dado a culpar a otros de los contratiempos, que parece tener una idea muy clara de cuáles son los problemas y cuál es el camino que hay que seguir para resolverlos. No ofrece milagros, solo trabajo, fórmulas en las que cree, que saldrán bien o no, el tiempo lo dirá. Lo que no le niega nadie, ni siquiera sus peores enemigos, es la condición de honesto. Hará en todo momento (con acierto o no, insisto), lo que considere que resulta más adecuado para sacarnos del pozo, sin que distorsione su visión la ideología, los prejuicios o el ansia de alcanzar réditos personales, por encima de cualquier otro interés.

Ese es su carisma. Tras tantos años de engaños e ingeniería social, lo que queremos en el Gobierno es un señor con aspecto de contable escrupuloso que sanee las cuentas y nos diga cuáles son los problemas que van surgiendo, su alcance real, los riesgos que entrañan y qué caminos ve para resolverlos. 

No se puede pedir más. Es todo lo que necesitamos; porque los que tenemos que resolver el problema somos los ciudadanos. Los políticos sólo pueden diseñar una escenografía lo más favorable posible para que fluya la trama de nuestra labor sin obstáculos y con la mayor agilidad posible. Parece que ese apartado lo tiene claro y solo nos queda esperar para ver si es capaz de crear ese clima ideal para que nuestro trabajo y nuestro sacrificio corone las metas que perseguimos.

21/11/11

La mentira y la impostura, claves en los resultados electorales






El Partido Popular ha obtenido ciento ochenta y seis (186) escaños en las elecciones celebradas en el día de hoy.

Un grupo de analistas explica la victoria arrolladora de los populares como la obtención de una fruta madura que cae en sus manos sin esfuerzo, limitándose a largar cuerda para que el oponente se ahorque solo. Otros lo explican como el resultado de la paciencia y la perseverancia del candidato.

Yo tengo otras explicaciones. Por un lado, a lo largo de estos larguísimos siete años y medio, frente a la mendacidad y la inconsistencia del equipo que gobernaba España, Rajoy, en sus debates parlamentarios se perfiló una y otra vez como un orador brillante que enfrentaba la sensatez y el juicio certero en el análisis de los problemas a la frivolidad del Presidente pertinaz en el hábito de mentirnos a los españoles por sistema.

Los medios afines pudieron disfrazar la realidad durante mucho tiempo, tachar a Rajoy de muchas cosas y destrozar su imagen ante los ciudadanos; pero llegó la hora de la verdad, el momento en el que la crisis económica demostró que todo lo que vaticinara ese hombre gris y poco carismático eran verdades como puños y que las cosas nos habrían ido menos mal si le hubiéramos hecho caso. 


La otra clave de Rajoy fue la presencia femenina. Cospedal, Mato, Sáenz de Santamaría, Barberá... El Presidente feminista nos abochornó con la cuota: De la Vega: una verdulera infumable, incapaz de hilvanar un argumento, despachaba los trámites entre insultos y descalificaciones, sin responder nunca a las cuestiones planteadas. Magdalena, alias Maleni, el horror. Salgado, una mujer sin personalidad que aparenta un mínimo cociente intelectual, aunque viste muy bien y resulta un florero muy decorativo. Pajín y Aído, una vergüenza insufrible  para toda mujer que se respete. 


El PSOE mostraba su desprecio por las mujeres elevando a las más altas instancias ejemplares impresentables, mientras el PP, enemigo de las cuotas,  nos consolaba seleccionando un plantel de profesionales de tal nivel de competencia, que fueron capaces de sortear todas las trampas del PSOE, poner en evidencia a María Teresa y a Alfredo, diseñar campañas sin errores (al contrario que Valenciano, que ha batido todos los récords) y llenarnos de orgullo a todas las mujeres en igual medida que nos abochornaban las ninfas de cuota del PSOE.

Las circunstancias nos llevaron a entender que es mucho más importante la sensatez y la templanza a la hora de elegir al administrador de nuestro país, que la oferta tan sugestiva y engañosa de unos cambios evanescentes, cuando las maniobras de ingeniería social practicadas por nuestro Gobierno demostraron que nos habían destrozado en todos los frentes: económico, social, institucional e internacional.

Nada quedaba en pie en el imaginario colectivo. La divisa del Gobierno había sido la crispación, el enfrentamiento, las políticas excluyentes, la manipulación del pensamiento y la opinión de los ciudadanos. 

Llegó la campaña y Rajoy optó por dirigirse a los ciudadanos trazando las grandes líneas maestras de su programa. Sin demasiado detalle, consciente de que lo que podía encontrarse cuando tomara posesión del cargo podía ser tan grave que transformaría en quimeras imposibles las promesas electorales más razonables y, sobre todo, que ahora no gobernaría con la independencia normal en todo Presidente de Gobierno, sino que tendría que plegarse a las disposiciones de otros dirigentes; porque estamos intervenidos de hecho.

Frente a esa actitud tranquila, centrada en los temas que nos preocupan a los ciudadanos de a pie, Rubalcaba optó por mantener  las claves de bochorno del electorado femenino con la elección de una incompetente irredenta que le destrozó la campaña y consagró una vez más la estrategia de la crispación. 


No nos habló de su programa, de lo que pensaba hacer si era elegido, optó por explicarnos un supuesto plan oculto del PP, sacó a pasear los mostrencos de lo peor de nuestro pasado, ocultó a quien, a fin de cuentas era su último y más relevante mentor, el que le había otorgado las cotas de poder más altas que había conocido hasta que fue llamado por Zapatero, en una maniobra de deslealtad, no por natural en él menos abrumadora, al exhibir la descomposición orgánica del partido que le apoyaba amén de mantener una línea de continuismo con el «pensamiento Alicia» del gobierno en el que fue ministro plenipotenciario, que nos exasperó.

Me consta que muchos fueron hoy a votar ansiosos de darle una tunda antológica al candidato y su partido. La razón era que su campaña, tratando como idiotas a los votantes, sacando a pasear las consignas felipistas del '96: «que viene la derecha, cuidaos de ese riesgo porque van a aniquilar las prestaciones sociales, dejaros en a la intemperie y necesitáis que nosotros sigamos cuidando de vosotros para protegeros», cuando no podíamos tener más pruebas de que en sus manos corríamos peligro de que quedara aniquilado el estado de bienestar fue una bofetada difícil de soportar.

No se nos dio ocasión de patear a Zapatero; pero la campaña de su heredero generó un odio e inquina aún mayor en muchos estamentos sociales, que el que despierta el aún Presidente. El deseo de partirle la cara al candidato de PSOE nubló demasiadas mentes y eso explica el resultado.

Estoy muy contenta de que haya sufrido una derrota tan apoteósica, la que merece, la que hacía falta para enterrar la carrera política de esa figura oscura y truculenta, que, al final, resultó que ni era listo ni sabe administrar los tiempos ni es digno de temor.

Lo lamentable es que esa crispación, ese deseo de partirle la cara que experimentaron los ciudadanos de España de este a oeste y de norte a sur, resultó clave para que, en Asturias, primara la víscera sobre la razón. Era necesario que el electorado se sustrajera de ese deseo, legítimo e impecable, para considerar los problemas que tenemos con el 'Pacto de la Zorera' y votáramos en masa al único que puede dinamitarlo y devolvernos a la normalidad. 

Por desgracia, no ocurrió; pero sería muy saludable para todos que los políticos del Principado analizaran con lupa los resultados. El PSOE cosechó un éxito relativo. No sufrió un descalabro tan clamoroso como en otros sitios, gracias, entre otras cosas, al votante gijonés; pero deberían considerar que tuvieron que esconder a su líder en campaña.

El PP, en términos absolutos, también sufrió un detrimento en beneficio del Foro en la región. Hay un voto de castigo, discreto; pero evidente, a la actitud que mantienen PP y PSOE aliándose para laminar al Foro.

Se equivocarían mucho si hicieran una lectura de resultados considerando que el sentido del voto de los asturianos se centró en la política local. No tengo ninguna duda de que si Foro convocara dentro de un mes elecciones, el descalabro del PP y el PSOE iba a dejar en mantillas el éxito del PP a nivel nacional, esta vez con Foro como verdugo.

19/11/11

Jornada de reflexión






Parecía que no iba a llegar nunca el día en el que terminara la pesadilla de los candidatos en sus mitines; pero, al fin, podremos descansar de este pesado bombardeo de mensajes.

El maratón terminó con una instantánea muy clara: Mariano Rajoy no ha sido capaz de contener su euforia ante el éxito que ha ido percibiendo en cada jornada, avalado por las poco fiables encuestas y ha dejado que se le desbordara la euforia.

Rubalcaba, dejó una instantánea para la historia que rubrica su constante desacierto, intentando hacer un chiste que demuestra que no es consciente de la percepción que tenemos los españoles de nuestra situación: «Rajoy intentó ganar hace cuatro años con la niña y ahora va a intentar hacerlo con la prima».

El chiste no puede tener menos gracia; pero lo peor no es que sea malo: lo grave es que quien lo profiere no es consciente de que los españoles nos angustiamos ante la deuda que estamos contrayendo, que caerá sobre nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, hipotecando nuestro futuro durante décadas y tenemos muy claro que esa prima no es más que el fruto de la pésima política de un Gobierno en el que él fue todopoderoso.

Tanta frivolidad duele. Entendemos que esté saturado, muy cansado, que a cualquiera se le puede calentar la boca; pero hay una cosa evidente: un estadista sabe que las palabras han de ser medidas al milímetro porque son armas que se vuelven contra quien las profiere en cuanto se le da ocasión y que un político de talla no menta nunca un dato que constituye uno de sus peores lastres ante el electorado.

Tanta paz se lleven como nos dejan. Se ha acabado la campaña electoral que se inició en abril y no ha dejado de agobiarnos hasta el día de hoy. Los políticos deberían empezar a comprender que la evaluación de los ciudadanos se gesta durante muchos años, observando los aciertos y errores, las actitudes y aptitudes que han ido mostrándonos unos y otros y que en la campaña, quien no haya hecho bien sus deberes antes, no puede corregir el resultado como los malos estudiantes, con un atracón final, de mitin en mitin. 

Los ciudadanos tenemos muy claro que las promesas de campaña son cebos envenenados, mentiras flagrantes o verdades a medias llamadas a seducirnos y que el único antídoto para contrarrestar el veneno es analizar lo ocurrido cuando unos y otros no se jugaban el voto y ejercían sus responsabilidades ajenos a nosotros.

Dios (incluso los dioses pretéritos, aún los que ya no recordamos que hayan existido, si es necesario invocarlos) proteja a España. Necesitamos milagros para salir de la pesadilla en la que estamos inmersos, sin olvidar que Dios ayuda a quien se ayuda. Como decía un famoso escritor: la inspiración existe; pero debe encontrarte trabajando. Eso es lo que nos espera: trabajar como nunca para generar riqueza, crear puestos de trabajo, pagar nuestra ingente deuda y salir adelante.

11/11/11

La agenda oculta


La Puerta de Brandenburgo


La fotografía tiene como objetivo el recordatorio de la realidad. Estamos intervenidos de hecho y las decisiones políticas del Gobierno de España pasan por el eje Berlín-París.

Es muy importante tener claro este hecho porque sea quien sea el que gobierne (y esto, quien mejor lo sabe es Rubalcaba), las decisiones, sobre todo las económicas y las que afectan al ámbito laboral tendrán que tener el visto bueno del eje franco-alemán.

Dicho esto, lo más importante, voy a hacer mi apuesta sobre la agenda oculta del PP.

Recuerdo que en la campaña de 1996 el PSOE aseguraba que el PP iba a quitar las pensiones a los jubilados y que su programa económico era imposible. En aquella época, España estaba hundida por los escándalos de corrupción (como ahora), en quiebra, era imposible, a primera vista, que lográsemos cumplir los requisitos establecidos en el tratado de Maastrich para ingresar en el euro. Yo no le voté (en aquellos tiempos iba en contra de mis principios votar al PP); pero supongo que muchos de los que le votaron eran tan escépticos como yo y lo único que querían era abrir ventanas y ventilar el ambiente tan enrarecido que se respiraba en España.


El tiempo demostró que no solo no era imposible, sino que no era demasiado complicado. Ahora el PP, si gana las elecciones, sólo tiene un camino. Hemos dejado de cumplir los requisitos de Maastrich y hay que volver a recorrer ese camino. Hay que crear empleo para reflotar la economía y crear empresas. Cierto que ahora parece muy complicado usar de nuevo la construcción como motor; pero eso no sólo no es un obstáculo, sino que es bueno.


La tecnología ha avanzado mucho del '96 para acá y se han abierto campos muy prometedores que entonces no existían. Son muchos los empresarios que quieren poner en marcha proyectos y sólo necesitan que se les ofrezcan condiciones adecuadas para poner en marcha sus ideas. 


La respuesta a la cuestión de la agenda oculta es esa: volver a imponer orden, recortar gastos de modo drástico para frenar la sangría de recursos que sufrimos, que se van por el sumidero en subvenciones, ocurrencias y derroches que no generan riqueza, sólo constituyen un gasto insoportable. Devolver la salud al Estado de Derecho implantando la seguridad jurídica que ha desaparecido con los gobiernos de Zapatero y Rubalcaba y ha sido una de las causas de la tragedia económica que vivimos. 


Los dos primeros años van a ser durísimos, no debemos engañarnos. Sin embargo, los equipos del PP, si llega a gobernar, tienen una preparación ya demostrada para dar la vuelta a la tortilla; pero sobre todo, son gente que puede carecer de carisma, resultar poco simpáticos; pero, sin ninguna duda, son gente sensata que no emprenderá aventuras arriesgadas, que administrará al milímetro los recursos y pondrá orden en una economía que no ha tenido nadie que la administre durante siete largos y oscuros años.

8/11/11

La imagen en el debate




Moderados y candidatos
Alfredo Pérez RubalcabaMariano Rajoy
Fotografías del álbum de Libertad Digital sobre el debate

He elegido estas tres imágenes, sobre todo las dos de abajo, para ilustrar la parte frívola de la entrada de hoy. 

No es nuevo que ni Rubalcaba ni Rajoy prestan especial atención a su imagen y ambos están lejos de ser ejemplos de «metrosexualidad»; pero parece que el candidato del PP se preparó en un espectro más amplio que el candidato del PSOE.

Aunque en la actualidad esté muy relajado el concepto de cortesía en el vestir, se mantiene una percepción de la adecuación de la vestimenta como muestra de la actitud del individuo. Por eso, es muy importante el traje; porque transmite una actitud que, aunque no se aprecie de modo consciente por una mayoría de espectadores, sí es captada por todos como una aproximación a la persona.

Ambos eligieron un color oscuro, gris; pero hay matices. Mientras el tono elegido por Rubalcaba mostraba un aspecto apagado y ceniciento al ser captado por las cámaras, el de Rajoy muestra un brillo satinado y una gama más intensa. Si observan bien los hombros, de las chaquetas, mientras la caída de la de Rubalcaba se ondula, no se ajusta a su estructura y es demasiado grande para su complexión, la del traje de Rajoy es impecable. 

Con independencia de los gustos sobre el color de las camisas, la elección del tono azul o gris pálido por parte del candidato no es acertada; porque acentúa el aspecto ceniciento del tono de la chaqueta y el tono de la corbata no salva el problema, lo agrava al focalizar la visión en ese cuello asimétrico de la camisa, que desluce aún más la imagen. En lugar de animar el conjunto, la corbata «canta» en exceso, acentuando los fallos de elección en los tonos del conjunto, aunque es probable que ese efecto se deba a la modificación de las gamas que suelen perpetrar las cámaras. En cambio, la camisa blanca de Rajoy y la corbata azul pavo, están bien elegidas. La camisa realza el traje y la corbata. 

¿Qué importancia tiene esta tontería? Para los expertos en imagen, toda. Rubalcaba se presenta como una persona que va a su aire, que no admite ser asesorada, que no colabora como debe con un equipo que trabaja a destajo para ayudarle a alcanzar su objetivo. Rajoy, en cambio, aunque comparta su desdén, sí entiende que es importante la imagen, entiende que las pequeñas cosas pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso y acepta los consejos. Ninguno de los dos candidatos se gastó la hijuela en la ropa; pero Rajoy supo equilibrar su sentido de la sobriedad con las concesiones necesarias para presentar un aspecto adecuado. Rubalcaba compareció con aspecto «fachendoso» y eso es una falta de respeto para su equipo, más que para los espectadores.

Ambos equipos debieron tener en cuenta que el interés por el debate sería limitado. Muchos conectarían por curiosidad para ver qué pasaba durante un tiempo y pasarían a otra cadena, como mucho, al terminar la primera parte. Por ello, los quince primeros minutos serían claves: engancharían o hastiarían a muchos votantes.

En los primeros minutos, se vio a Rubalcaba muy nervioso, mientras Rajoy, si lo estaba, supo ocultarlo a la perfección y transmitió seguridad y aplomo. Para algunos, será entrañable ver al «hombre oscuro» presa de una debilidad humana; pero no por ello desaparecerá la sensación de inseguridad que transmitió con esa potente eclosión de nerviosismo. 

Un error mucho más grave fue presentarse con el programa del PP aprendido al dedillo, en lugar de acudir al encuentro para formular una defensa de su propio programa. 

Sumó uno aún mayor: adoptar la tesitura de un entrevistador o un miembro de la Cámara interpelando al ganador en el debate sobre el programa de gobierno, previo a la elección del presidente, en lugar de la de quien se siente presidente in péctore y desafía a su rival a demostrar que sus propuestas son mejores que las que él formula. 

Animó mucho el debate con esa actitud incisiva, intentando acorralar a su oponente, interrumpiéndole como lo haría cualquier entrevistador, tratando de obligarle a decir lo que él quiere que responda; pero esa táctica, tan divertida para los espectadores, fue otro error; porque le mostraba como un hombre desesperado que trata de doblegar a quien siente superior, buscando en el cuerpo a cuerpo un error que le desacredite, en lugar de barrerle con una argumentación de estadista.

La prueba de esa inferioridad es que a lo largo del primer bloque, Rubalcaba repetía una y otra vez: «cuando gobierne», «usted va a hacer», «su gobierno»... Fue tan evidente que le da por ganador de las elecciones, que su equipo debía estar tirándose de los pelos y el de Rajoy, aplaudiendo a rabiar. De hecho, en el receso debieron darle un toque; porque en la segunda parte cuidó más de acudir al modo potencial; pero el mal estaba hecho.

No vi el debate completo. Tras el primer bloque, tuve claro que no había más tela que cortar. Ninguneado por Rajoy (por lapsus o cálculo, llamándole Zapatero y teniendo que corregirse en dos ocasiones) era claro que el velocista no tenía ninguna posibilidad de lograr que el ciclista se apeara de su línea y le dejara llevarle al huerto. 

No me extrañó que un medio tan poco sospechoso como 'La Sexta' diera a Rajoy como ganador, tal como cuenta 'Expansión'. Los fallos fueron tan clamorosos en el mejor candidato del PSOE, en el hombre inteligente, astuto, que siempre lo tiene todo bajo control, que bastaban pocos minutos para tener claro que, pese a los fallos del oponente, no tenía nada que hacer frente a él.

En resumen: tal como cabía esperar, el debate no aportó gran cosa, no le dio la oportunidad al candidato del Gobierno de mostrarse como una opción ganadora o capaz, al menos, de medirse con éxito con el rival y es posible que algunos de los indecisos que perseguía el de Solares, se decidieran por Rajoy. Rubalcaba demostró tanta inseguridad e impotencia, un discurso tan alejado de las preocupaciones de los ciudadanos, que perdió más que ganó en el debate.