17/4/11

Un país con hambre y sed



El presidente del Gobierno y líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, durante su intervención en un mitin que se ha celebrado esta tarde en el Palacio de Congresos de Albacete
Mitin en Castilla la Mancha (EFE)


José María Aznar declaró que España va a tener dificultades para pagar la deuda. 

A  los españoles que no llevamos la venda en los ojos de la devoción al gobierno, no nos sorprendió esa noticia. Miramos con preocupación su trayectoria. Aplica parches, no medidas estructuradas; el paro sigue en aumento y el propio ministro de Trabajo declara que es factible que lleguemos a los cinco millones de parados. Sigue el goteo de cierres en la pequeña y la mediana empresa. No se hace nada para generar la creación de nuevas empresas, sigue siendo un largo, duro y costoso proceso el que se ha de seguir para emprender un negocio y cada día nos endeudamos más y a costes más altos.

No es necesario ser un lince para entender que si el país no genera riqueza, va a ser difícil afrontar los pagos. Aznar no ha dicho nada que no sepan, tanto los mercados, como cualquier español con dos dedos de frente.

Sin embargo, nuestro presidente se ha rasgado las vestiduras y le ha hecho un ruego doliente a Aznar «que me ponga las zancadillas a mí, no a España».

Rodríguez es la zancadilla por antonomasia para España. Por difícil que parezca que pueda meter la pata, consigue hacerlo siempre. Es su mayor don. Además, ya nada puede hacerle daño. No se va a presentar a las elecciones y, en consecuencia, el deterioro de su imagen de incompetente total, refrendada cada día, no tiene consecuencias. 

Pedir con voz de plañidera que le hagan daño a él es tan ridículo como sostener que las declaraciones del ex-presidente van a hacer daño a España. Si él fuera un gobernante sólido, no tendría ninguna importancia lo que diga su antecesor, frente a su palabra. Su frase sólo demuestra que él no tiene ningún crédito, mientras que Aznar, pese a que es pasado, sigue teniendo una credibilidad absoluta. Hasta para hacerse el mártir es nefasto.

Que pida a otro que no perjudique a España, siendo él el mayor de nuestros focos de perjuicio interno y exterior, no deja de ser muy divertido.

Hay un sector en España que prefiere cerrar los ojos, no ver, no saber, no enfrentar nada inquietante. El resto vivimos con hambre y sed. Ni siquiera pedimos que el causante de la mayoría de nuestros problemas, quien vació las arcas regalando dinero y nos condujo a la situación que estamos, reconozca que es la causa de todo lo que estamos viviendo. 

Nos conformamos con que nos diga: «estos son los problemas», haciendo una relación detallada, «y tenemos que aplicar estas soluciones. Son duras, cierto, pero son inevitables. No vamos a llorar por el agua derramada. Ha pasado, nos hemos arruinado y ahora hay que buscar salidas. Este es el camino».

Pero no llega. Cada día es una ocurrencia, una noticia optimista que desaparece enfrentada a la realidad. Tenemos hambre de información honrada y las palabras de Aznar, pese a todo, nos confortan. Otra cosa es la preocupación ante las dificultades que prevé, con este artista de la cuerda floja en el timón, incapaz de diseñar una política ambiciosa y bien coordinada para atajar el problema. Pero lo importante lo tenemos: nos han dicho la verdad y eso nos conforta.

1 comentario:

jano dijo...

¡Por Dios, Carmen, no más problemas!
Dejemos al bambi feliz que nos siga mintiendo con la promesa de un transatlántico moderno e insumergible como el Titanic... Ya estamos a 4000 metros bajo la superficie del Atlántico Norte, abatidos por un icebreg. Ahora sólo nos queda ir emergiendo, pausadamente y con descompresión, para que el Ni no nos produzca burbujas en las venas, que era lo que nos faltaba tras la burbuja inmoviliaria.
Un saludo, Carmen.