8/1/12

La arrogancia de la prensa y sus (presuntos) delitos


Carla Bruni replica que su fundación no recibió ninguna subvención pública

Carla Bruni (El Mundo)


Ayer y hoy fue objeto de comentarios en todos los periódicos que se hacen eco de  un artículo aparecido en el semanario Marianne, en el que se acusa a la primera dama francesa de un delito a través de una fundación creada por ella para luchar contra el SIDA. El Mundo es el único diario en español que ha publicado un mentís rotundo del Fondo Mundial negando categóricamente los hechos. Es obvia la conexión entre la campaña a las presidenciales francesas y esas informaciones que intentan poner en entredicho a unos y otros contendientes con estas noticias.

En EEUU vemos otro ejemplo: John Huntsman presenta su campaña e inmediatamente se difunde un vídeo que le veja de forma grave, rozando, por lo que parece, las lindes de varios delitos. 

En España, pese a que es delito la vulneración del secreto del sumario, estamos habituados a que se filtren, sin que se tome ninguna medida por parte de los órganos judiciales, el contenido de las investigaciones dando munición para juicios paralelos que condenan ante la opinión pública a determinados personajes, antes de que los tribunales dicten el auto de procesamiento. 

La prensa se ha arrogado tal nivel de superioridad amparado en el derecho a la información, que no ve ningún límite. La ley, la moral, la propia responsabilidad de los mal llamados «creadores de opinión», que con harta frecuencia no son más que intoxicadores de la opinión, no tienen ninguna relevancia con demasiada frecuencia en los Medios.

Se permiten decirle al Gobierno lo que han de hacer, marcar el paso de la política, imponer la tiranía de su capricho o lo que es lo mismo: que se les dé munición para que vapuleen a placer al político que llaman a la palestra.

La realidad es que la composición del Gobierno está tan bien planeada como la de las sociedades anónimas. Existen órganos dedicados de forma expresa a informar sobre las políticas del Gobierno. En este momento, ese órgano, representado por Soraya Sáenz de Santa María, procede a informar de forma exhaustiva de lo que ha acordado el Consejo de Ministros. 

Es cierto que en momentos muy concretos, cuando haya que dar cuenta de asuntos de gran calado, de políticas bien definidas y listas para aplicar, será el Presidente del Gobierno quien tenga que salir a la palestra para explicar a los españoles un plan complejo de actuación política. En otros momentos, corresponderá al ministro,  secretario general o director general, responsable de un área, sustituir a la portavoz, en función de determinadas circunstancias.

Los periodistas conocen muy bien estas estructuras y entienden los riesgos que corre quien no las respeta; porque se arriesga a un vapuleo que va a deteriorar de forma grave su imagen. No solo lo harán por razones ideológicas. Tenemos ejemplos claros, sobre todo en la prensa de derechas, que demuestran que las simpatías o antipatías personales juegan un papel muy importante y que determinados periodistas que odian a determinado político harán lo que sea para destrozarlo, aunque sea «de los suyos».

Asquea un poco esa prepotencia. Que en ocasiones sea muy divertido ver cómo ponen en la picota a alguien, no resta gravedad a unos hechos que muestran que nuestra clase periodística (o tal vez la profesión en general, porque pasa en todas partes) necesita una catarsis urgente que les haga reconsiderar su postura y se doten a sí mismos de unos límites claros en el manejo de la información. 

En tiempos de tanta crisis, son infinidad los medios que están atravesando graves problemas económicos y parte de esos problemas van unidos a la forma en que la sociedad percibe la profesión, el descrédito que acumulan diarios y medios audiovisuales con su tratamiento poco escrupuloso y sensacionalista de la información.

Hay mucho que cambiar en esta sociedad occidental que ha perdido el norte; pero dada su influencia, la prensa debe aplicarse a hacer su refundación de principios; porque la sociedad está tan harta de los desmanes políticos como de los de los Medios.


2 comentarios:

jano dijo...

Excelente comentario, Carmen.
Vivimos en la encrucijada de unos derechos ciudadanos hipertrofiados, una clase política poco o nada ejemplar y unas instituciones (entre ellas la Justicia, politizada y ávida de protagonismo mediático)que generan una inseguridad a todos los niveles en una cruel paradoja.
En el caso de su comentario, la prensa debería tener una ética mínima y la ciudadanía un sentido crítico (pasando las noticias por el tamiz de la sensatez ligado a la verdad y la presunción de inocencia) y una Justicia, sana, actuar con contundencia en los casos de difamación.
Me temo que en esa encrucijada fatídica se juntan los peores vicios personales y colectivos.
Saludos, Carmen.

Carmen Quirós dijo...

Coincido con su visión de la coyuntura, don Jano.

Un saludo.