3/1/12

¡Que vengan los Reyes Magos!



La adoración de los Reyes Magos. B. E. Murillo

Me dirán que están viniendo; me preguntarán si mi agenda de compras de regalos no me da alguna pista. La respuesta a ambas cuestiones es sí. Sé que la noche del jueves al viernes tendré que montar el mismo escenario que organizaba cuando tenía hijos pequeños en esa noche mágica. Han crecido, se han independizado; pero no me permiten que prescinda del ritual.

Esta pincelada personal (que sabrán disculparme) tiene mucho que ver con mi llamada a los Reyes Magos. Han corrido ríos de tinta sobre esas figuras. Les recomiendo que sigan el enlace al blog de Belosticalle, apasionado estudioso de estas figuras, disfrutarán, no lo duden. Yo no voy a discutir su existencia, sino a reflexionar sobre su papel y su influencia.

¿Qué representan en realidad los Reyes? La respuesta parece fácil: magia, misterio e ilusión. De acuerdo. Pero todos sabemos que, para que vengan los Reyes con los regalos pedidos, los niños tienen que esforzarse durante todo el año en ser buenos, obedientes, estudiosos, respetuosos y educados. Cada niño, al menos en otro tiempo, afrontaba la noche de Reyes comido por los nervios, haciendo, una vez más, un análisis de su conducta. Él mismo evalúa si merece carbón, parte de los regalos o todos los regalos. Es una excelente y fácil vía para educarles en la autocrítica.

En otro plano, el de los padres, también existe esfuerzo, sacrificio y mano izquierda para manejar la ilusión de sus hijos. No sólo usan las figuras de recompensa para corregirlos a lo largo del año recordándoles que los Reyes tienen espías que vigilan su conducta y deben portarse bien. Protegen a sus hijos de la desilusión, en especial si tienen pocos medios, vigilando la redacción de la carta (para que no cometan faltas de ortografía, cosa que desagradará a los Reyes) y cuando se enfrentan a la larga lista, ajena a sus posibilidades económicas, les hacen ver que hay muchos niños, que aunque sean Magos, sus talleres tienen una capacidad de producción limitada y que si les traen todas esas cosas, otros quedarán sin regalos. Entonces el niño responderá: «bueno, que elijan ellos». No sólo les educan en la generosidad, protegen su ilusión ante la previsible decepción y salvaguardan la magia

El tercer esfuerzo será el de la coherencia. Si uno de sus hijos se ha ganado con su conducta todos los regalos que pide; pero no pueden permitírselo, harán un sacrificio para que tenga el que más desea, si es posible. Si otro no se ha esforzado para obtener la recompensa, aunque duela, no intentarán que haya una equidad «para no herir» a quien no se ha ganado sus juguetes; porque no sería justo y es muy importante que los Reyes demuestren que lo son. El último acto es menos relevante, aunque para mí es esencial: la carta que dejan los Reyes en cada zapato, justificando el motivo por el que no han dejado algunos regalos, sobre todo, cuando se aplica el criterio del mérito y el que se ha portado peor ve la diferencia entre el trato a su hermano y a él, es bueno que los Reyes le expliquen qué conductas les han movido a dejar los regalos que les ha pedido en zapatos de niños que lo merecían más

Todos estos rituales, de apariencia vanal, tienen una traslación rigurosa a la vida de una comunidad. Los seres humanos necesitan un objetivo por el que luchar; pero también la magia, el misterio y la ilusión para desplegar lo mejor de su energía. 

Necesitamos creer que en algún momento la vida nos hará un regalo, ocurrirá algo que cambiará nuestra situación a mejor y pondrá en nuestras manos lo que más deseamos. Si hemos sido educados en la tradición de los Reyes, tendremos asimilado que la magia y el misterio existen, llegarán a nosotros; pero sólo si cumplimos las reglas, si aceptamos las condiciones, nos esforzamos cada día por mejorar nuestra vida y la de quienes nos rodean, trabajamos, somos corteses, contribuimos a hacer lo más grata que quepa la vida de quienes se relacionan con nosotros, en un esfuerzo calculado por contribuir a una convivencia armoniosa en comunidad.

Necesitamos que vengan los Reyes y dejen en los zapatos de nuestra sociedad la luz de su magia en forma de certeza anidada en nuestros corazones como la luz de la Estrella, de que si hacemos lo que debemos en cada momento, aunque sea difícil, doloroso y no queramos aceptar esa ruta, acabaremos llegando a una alfombra llena de regalos: equilibrio, bienestar, confianza en nosotros mismos y el nuestra sociedad, una sabiduría nueva, valores más arraigados, satisfacción por haber co-protagonizado un esfuerzo constante e indesmayable para alcanzar la meta común. Y necesitamos explicaciones claras para tener la información necesaria sobre el estado de cosas, único modo de mantener la moral alta y saber en qué dirección vamos.

Por eso necesitamos que vengan los Reyes como nunca antes. Pero no debemos perder de vista que sólo llegarán, como deseamos, si padres e hijos o lo que es lo mismo: autoridades y ciudadanos, cumplen el trato y por eso, es vital que exijamos a quienes gobiernan, a quienes controlan la acción de Gobierno, a quienes legislan y a quienes presionan, que respeten las reglas

No podemos consentir que los intereses políticos, partidistas, de Estado, económicos o de cualquier índole relacionada con la defensa de intereses de grupos frente al interés general, malogre la llegada de los Reyes Magos.

4 comentarios:

Belosticalle dijo...

¡Vaya, querida Carmen! Vengo de visita y me encuentro ya dentro de la sala.

Disfruto con su aprecio a mis elucubraciones y comparto su reflexión.

Pero también me voy a permitir un apunte personal. Mi experiencia con los ‘Reyes’ resultó al fin traumática. Mi madre cometió la pifia de ‘sostenella y no emendalla’ algo más de lo razonable. Y lo razonable para un mito de infancia es que dure lo menos posible. Yo era un simplón, y me hizo daño.

Tampoco un drama. Ya ve que los Magos me siguen encantando.

Vaya esta pequeña confesión por un granito de incienso admirativo a su blog, que sigo con gusto y provecho.

Carmen Quirós dijo...

Yo también era muy inocente y creí en los Reyes mucho tiempo. También fue muy triste descubrir que no existían; pero mantuve una defensa numantina de los Reyes en la tradición familiar. Cuando mis hijos eran pequeños, era imposible sustraerse a Santa Claus; pero ese día llegaba un solo regalo. Reyes se montaba con toda la parafernalia y en cuanto crecieron un poco, desaparecieron los regalos de Navidad y se cerraron las fiestas con los regalos de los Reyes.

Me ha conmovido leer que encuentra algún provecho en esta página. Es usted muy grande, don Belosti.

Bate dijo...

Doña Carmen, publiqué una entada en mi blog el día de la Epifanía. "Inocencia perdida, Día de Reyes."
Mientras más tarden los niños en perder la ilusión y la inocencia en estado químicamente puao, mejor para ellos y , para nosotros. La vida es muy jodida para que encima queramos echarles a los leones antes de tiempo.

Un abrazo, y un honor que usted lea mi blog.

Carmen Quirós dijo...

Es un placer seguir su blog, Bate. No me pierdo ninguna de sus entradas.

Un abrazo.