17/9/11

Lenguas viperinas



Fotografía eleconomista.es

La foto que ilustra la entrada pertenece a un artículo de 'El Economista' en el que se sugiere la posibilidad de que Grecia venda sus islas, al menos alguna de ellas, para afrontar sus deudads.

La idea no deja de ser disparatada por numerosos motivos. Grecia es una nación en la que a la masa continental es solo una parte del territorio. El resto está constituido por islas, islotes, afloraciones rocosas... Aunque esa parte de su territorio esté aislada del tronco continental, es parte del territorio, tan inseparable, como Tesalia o Epiro. Hay islas griegas de propiedad privada; pero si se venden esas islas, será su propietario quien se embolse el dinero, no Grecia, como estado. Ningún estado, hasta donde yo sé, puede vender parte de su territorio a otro estado. Puede concederle, como hizo Carlos I para saldar sus deudas con los Függer, hacer concesiones sobre la explotación de algún bien patrimonial, como las Minas de Riotinto; pero no puede vender Mayorca o Alborán para pagar deudas. El Gobierno de Grecia no es diferente.

En segundo lugar, si Grecia vendiera hoy sus islas, garantizaría su suicidio. Uno de los principales motores de la economía griega es el turismo. Si vendiera sus islas o el Partenón, como sugieren otros, mermaría sus escasas fuentes de ingresos; porque los beneficios del sector turístico de las islas o de las visitas al Partenón, se los llevarían sus acreedores y se agravaría su problema ante la deuda que acumula. Su agricultura es de supervivencia, su industria es débil, su territorio es pobre, no puede permitirse prescindir de ninguna de sus escasas fuentes de riqueza.

Se escuchan (leen) en la Red, de ahí el título de la entrada, lenguas viperinas, entre las que no faltan algunos santones de la opinión alemana, que insinúan que la presión sobre el Mediterráneo: Grecia, Italia y España, es fruto de una vieja frustración de los norteños. 

Ellos lograron una gran cultura, una aportación innegable a los caudales artísticos europeos: músicos inmortales, filósofos, matemáticos, físicos... Disponen de paisajes maravillosos; el propio Berlín es una ciudad de belleza singular; pero no tiene un Partenón, una Alhambra, una Mérida, algo similar a  Creta y los alemanes quieren ser dueños de esos tesoros, de esa cultura que forma parte de su acervo; pero que no es obra suya, porque su historia no les permitió, en las duras condiciones climáticas de los territorios en los que se asentaron, desarrollar desde la más remota antigüedad una estructura social y una economía que les permitiera crear algo similar.

La crisis les permite colmar una vieja aspiración. Si ellos pudieran adueñarse de Grecia, de Creta, de Italia o España, dirigir sus destinos, gobernarlas y administrar estos increíbles tesoros, lo harían mejor, serían más eficaces, protegerían como no lo hemos hecho los herederos de esas ancestrales culturas los tesoros que nos legaron. 

Ellos sienten que tienen derecho a intentar salvar esos tesoros apoderándose de ellos porque nosotros somos indignos del legado de nuestra historia y es justo y necesario que sean ellos quienes lo protejan de nuestra abulia y corrupción.

¿Qué hay de cierto en todo esto? Lo ignoro. Puede que haya más de lo que los escépticos, como yo, estamos dispuestos a aceptar y menos de lo que los conspiranoicos sospechan. En todo caso, tenemos ahí la historia de Roma, amenazada y victoriosa una y otra vez a lo largo de la República, desde Mario, por la presión de los pueblos del norte que veían en las riberas del Mediterráneo un paraíso codiciado que terminaría con las penurias que soportaban en las desapacibles tierras centro y norte europeas.

Atila, procedente de los territorios del Danubio, asoló Roma y hundió el Imperio de Occidente; pero no fue capaz de tomar posesión de sus nuevos dominios, devolverles el esplendor pasado, reactivar la cultura y la civilización decadente que había permitido construir y prosperar a esa ciudad mágica y al imperio que conquistó. Su ansia de posesión se limitó a ser el caos que aniquiló toda una era.

Si hay algo de cierto en las supuestas aspiraciones germánicas, la pregunta es: ¿Berlín será el salvador de los tesoros de nuestra cultura (si logra su objetivo) o el Atila moderno que volverá a aniquilar una cultura y la obligará a transitar por una larga etapa de restauración similar a la Edad Media?

El tiempo, sólo él, nos dará la respuesta.




1 comentario:

jano dijo...

En cierto modo ingleses y alemanes ya han conquistado el Mediterráneo desde hace décadas e incluso siglos (recordemos la posesión de Menorca por los ingleses, el robo de una de las cariátides del Erecteión y algunas otras esculturas de la Acrópolis de Atenas por Thomas Bruce-conde de Elguin-para venderlo al gobierno británico o las excavaciones de Heinrich Schliemann en Troya (descubierta por su sucesor Carl Blegen), Micenas y Cnosos (cuyo palacio fue descubierto por el británico Arthur Evans).
En cualquier lugar del Mediterráneo podremos detectar la presencia de alemanes e ingleses entre los turistas y también entre los propietarios de viviendas o negocios de hostelería, tan impersonales en el aspecto y en la gastronomía que se ofrece y que nada tienen que ver con la cultura mediterránea.
De cumplirse su profecía, sería como la bomba de neutrones, que mata a los seres vivos pero no daña los edificios: quizás las obras de arte de la antigüedad sobrevivirían mejor al paso del tiempo pero el espíritu mediterráneo que las creó moriría para siempre.
Un saludo, Carmen, y un placer volver a tenerla en el blog.