19/9/11

Orégano o estragón


Nicolás Redondo. (parlamentoeuzcadi.net)


El artículo de Nicolás Redondo en 'El Confidencial' es la piedra clave de mi discurso. Comparto sus reflexiones y son la base que articula mi entrada de esta noche.

Hace un tiempo, una persona a la que considero parte del estricto círculo de mis amigos, que estimo y respeto, me soltó una frase lapidaria: «He comprendido que hay que votar con pragmatismo y es lo que haré en lo sucesivo».

Esa revelación que sufrió ella en tiempos recientes, aunque su pragmatismo es distinto del mío, es algo que yo percibí hace mucho tiempo. No hay que votar a alguien porque te resulte simpático; porque sea el líder de la ideología que prefieres o en la que militas, sino pensando en un bien superior, general. Algunos cifran ese hito en la única opción que tienen para ocupar un cargo; pero el único pragmatismo real en materia política es elegir al que ofrece mayores garantías de configurar un equipo de gobierno competente en beneficio de todos.

No nos engañemos. Estamos sumidos en un cúmulo de crisis que se  retroalimentan unas a otras y complican, en consecuencia, la salida. Sea quién sea el ganador de las elecciones, su libertad para adoptar medidas será limitada; porque estamos intervenidos aunque no se reconozca de modo oficial y serán Alemania y Francia quienes tendrán la última palabra en las decisiones que tome nuestro Presidente del Gobierno, con la complicación de que al ser humano le gusta mucho controlar e, incluso en el caso de que nuestro Presidente presente un programa infalible para capear la crisis, sufrirá la compulsión de corregir: «no le pongas estragón a la receta, añade orégano». Por mucho que argumente el Presidente que es preciso ese toque aromático del estragón que traslada al paladar la dulzura de la hierba recién cortada y le hará levitar, mientras el golpe seco del orégano causará desagrado y arruinará el plato, el que manda no se bajará de la burra, porque a él le encanta el orégano y detesta el estragón, aunque el 98% de la parroquia prefiera el sabor del estragón.

No estoy segura de que el grueso de la ciudadanía llamada a votar tenga clara la gravedad de la crisis. La mayoría, ni siquiera sabe que estamos intervenidos y, por lo tanto, sujetos al capricho del que manda. Muchos no entenderán el planteamiento de Nicolás Redondo; pero quiero desarrollarlo.

Estamos intervenidos. Insisto: Estamos intervenidos de hecho. Somos tan grandes que hay que disimular; porque si se reconociera oficialmente esta realidad, el euro se hundiría; pero el propio Rajoy, vencedor hipotético por mayoría absoluta en las elecciones del 20N, lo ha reconocido: todas sus decisiones de gobierno, si gana las elecciones, estarán supervisadas por Francia y Alemania, o lo que es lo mismo: su política estará tutelada y no hay ninguna garantía de que el tutor maneje estrategias más acertadas que las suyas.

Un segundo palo en las ruedas del Estado español está en los nacionalismos. La campaña de Rubalcaba ha abandonado al ciudadano medio, incluyendo al socialista sensato, intentando rebañar votos en la izquierda marginal. El objetivo es que el PP no tenga mayoría absoluta y en esa campaña comulga con catalanes y vascos.

Si es complicado gobernar bajo la supervisión del ego del Canciller alemán o el Primer Ministro francés que salgan de las urnas en las próximas convocatorias, sumar las imposiciones de catalanes y vascos a quienes les importa un ardite España y sólo buscan su cuota provinciana, convertirá el acto de gobierno en dantesco. 

Sólo hay un camino para luchar con la crisis: que el PP logre la mayoría absoluta, pueda legislar, aplicar medidas desesperadas de contención del gasto, incentivación de la iniciativa privada y atracción de inversores  con la independencia que les otorga la mayoría. En 2015, o antes, si resulta un fiasco, podremos elegir otras opciones; pero, por ahora, dado que no hay manera de esquivar los efectos de la intervención, nuestra única opción es laminar las exigencias insolidarias y perniciosas de los nacionalistas para tener una oportunidad de imponer orden en las cuentas y relanzar nuestra economía. 

No podemos engañarnos: la situación que encontrará Rajoy es mucho peor de lo que afrontó Aznar en su momento. La mayoría de las palancas que usó Aznar, ahora son ineficaces o inviables. Aún así, es obvio que la izquierda, tal como demuestra el candidedo (©Santiago González) en su campaña, no tiene ninguna propuesta viable para frenar la caída por el precipicio en la que estamos inmersos, habrá  que darle una oportunidad a «los otros», a los que obraron el milagro de trasladarnos de la penuria a Maastrich, en un par de años. 

La fe y la esperanza obran milagros. No hay recetas mágicas; pero basta que se reestablezca el Estado de Derecho, para que la confianza en un país reverdezca y prospere de forma asombrosa. Rubalcaba y el 11M demuestran que nunca recuperaremos el Estado de Derecho bajo su mandato, luego las opciones de voto, quedan muy acotadas. Rosa Díez puede ser una opción; pero es dudosa. Ojalá todos los votantes socialistas optaran por ella; porque tiene una visión de Estado que supera por cuerpos al candidedo; pero lleva sobre sí demasiados errores de sumisión para aglutinar un lote grueso de votos independientes y la mejor opción que puede conseguir es convertirse en una fuerza de suficiente peso para resultar clave en un gran pacto de Estado.

No tiene ninguna posibilidad de barrer a Rubaldedo; porque ha cometido demasiados errores; pero ojalá la tuviera y se transformara en la segunda fuerza del país. Sería lo mejor que nos podría pasar.


4 comentarios:

Rubín de Cendoya dijo...

Muy buen comentario, no sé si es tan pragmático con ese deseo final, pero buen comentario.

Carmen Quirós dijo...

Gracias, Rubín. Un abrazo.

jano dijo...

La idea de votar al partido/político más cualificado para llevar al país por el buen camino parece, en principio, de Perogrullo, pero ya sabemos que la víscera cuenta mucho en las urnas. El problema principal en la situación actual, que nadie acaba de entender muy bien, es quién o qué partido será el más indicado para levantar el país, que como bien dice, está intervenido y con las fichas de dominó a punto de caernos encima.
Opciones no tenemos muchas y Rajoy parece ser la más adecuada, tras descartar a Alfrededo sin tener que pensar mucho. Pero la situación de Rajoy es mucho más complicada que la de Aznar porque nuestro futuro ya no depende sólo de nosotros y, enlazando con sus "Lenguas viperinas", podríamos sufrir el ataque deliberado de los bárbaros para controlar nuestro patrimonio y someter nuestras voluntades de pueblo mediterráneo. Un auténtico lío en este laberinto europeo que espera el hilo de Ariadna para salir de él.
Un saludo, Carmen.

Carmen Quirós dijo...

Buena reflexión. Un saludo, Jano.