8/11/11

La imagen en el debate




Moderados y candidatos
Alfredo Pérez RubalcabaMariano Rajoy
Fotografías del álbum de Libertad Digital sobre el debate

He elegido estas tres imágenes, sobre todo las dos de abajo, para ilustrar la parte frívola de la entrada de hoy. 

No es nuevo que ni Rubalcaba ni Rajoy prestan especial atención a su imagen y ambos están lejos de ser ejemplos de «metrosexualidad»; pero parece que el candidato del PP se preparó en un espectro más amplio que el candidato del PSOE.

Aunque en la actualidad esté muy relajado el concepto de cortesía en el vestir, se mantiene una percepción de la adecuación de la vestimenta como muestra de la actitud del individuo. Por eso, es muy importante el traje; porque transmite una actitud que, aunque no se aprecie de modo consciente por una mayoría de espectadores, sí es captada por todos como una aproximación a la persona.

Ambos eligieron un color oscuro, gris; pero hay matices. Mientras el tono elegido por Rubalcaba mostraba un aspecto apagado y ceniciento al ser captado por las cámaras, el de Rajoy muestra un brillo satinado y una gama más intensa. Si observan bien los hombros, de las chaquetas, mientras la caída de la de Rubalcaba se ondula, no se ajusta a su estructura y es demasiado grande para su complexión, la del traje de Rajoy es impecable. 

Con independencia de los gustos sobre el color de las camisas, la elección del tono azul o gris pálido por parte del candidato no es acertada; porque acentúa el aspecto ceniciento del tono de la chaqueta y el tono de la corbata no salva el problema, lo agrava al focalizar la visión en ese cuello asimétrico de la camisa, que desluce aún más la imagen. En lugar de animar el conjunto, la corbata «canta» en exceso, acentuando los fallos de elección en los tonos del conjunto, aunque es probable que ese efecto se deba a la modificación de las gamas que suelen perpetrar las cámaras. En cambio, la camisa blanca de Rajoy y la corbata azul pavo, están bien elegidas. La camisa realza el traje y la corbata. 

¿Qué importancia tiene esta tontería? Para los expertos en imagen, toda. Rubalcaba se presenta como una persona que va a su aire, que no admite ser asesorada, que no colabora como debe con un equipo que trabaja a destajo para ayudarle a alcanzar su objetivo. Rajoy, en cambio, aunque comparta su desdén, sí entiende que es importante la imagen, entiende que las pequeñas cosas pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso y acepta los consejos. Ninguno de los dos candidatos se gastó la hijuela en la ropa; pero Rajoy supo equilibrar su sentido de la sobriedad con las concesiones necesarias para presentar un aspecto adecuado. Rubalcaba compareció con aspecto «fachendoso» y eso es una falta de respeto para su equipo, más que para los espectadores.

Ambos equipos debieron tener en cuenta que el interés por el debate sería limitado. Muchos conectarían por curiosidad para ver qué pasaba durante un tiempo y pasarían a otra cadena, como mucho, al terminar la primera parte. Por ello, los quince primeros minutos serían claves: engancharían o hastiarían a muchos votantes.

En los primeros minutos, se vio a Rubalcaba muy nervioso, mientras Rajoy, si lo estaba, supo ocultarlo a la perfección y transmitió seguridad y aplomo. Para algunos, será entrañable ver al «hombre oscuro» presa de una debilidad humana; pero no por ello desaparecerá la sensación de inseguridad que transmitió con esa potente eclosión de nerviosismo. 

Un error mucho más grave fue presentarse con el programa del PP aprendido al dedillo, en lugar de acudir al encuentro para formular una defensa de su propio programa. 

Sumó uno aún mayor: adoptar la tesitura de un entrevistador o un miembro de la Cámara interpelando al ganador en el debate sobre el programa de gobierno, previo a la elección del presidente, en lugar de la de quien se siente presidente in péctore y desafía a su rival a demostrar que sus propuestas son mejores que las que él formula. 

Animó mucho el debate con esa actitud incisiva, intentando acorralar a su oponente, interrumpiéndole como lo haría cualquier entrevistador, tratando de obligarle a decir lo que él quiere que responda; pero esa táctica, tan divertida para los espectadores, fue otro error; porque le mostraba como un hombre desesperado que trata de doblegar a quien siente superior, buscando en el cuerpo a cuerpo un error que le desacredite, en lugar de barrerle con una argumentación de estadista.

La prueba de esa inferioridad es que a lo largo del primer bloque, Rubalcaba repetía una y otra vez: «cuando gobierne», «usted va a hacer», «su gobierno»... Fue tan evidente que le da por ganador de las elecciones, que su equipo debía estar tirándose de los pelos y el de Rajoy, aplaudiendo a rabiar. De hecho, en el receso debieron darle un toque; porque en la segunda parte cuidó más de acudir al modo potencial; pero el mal estaba hecho.

No vi el debate completo. Tras el primer bloque, tuve claro que no había más tela que cortar. Ninguneado por Rajoy (por lapsus o cálculo, llamándole Zapatero y teniendo que corregirse en dos ocasiones) era claro que el velocista no tenía ninguna posibilidad de lograr que el ciclista se apeara de su línea y le dejara llevarle al huerto. 

No me extrañó que un medio tan poco sospechoso como 'La Sexta' diera a Rajoy como ganador, tal como cuenta 'Expansión'. Los fallos fueron tan clamorosos en el mejor candidato del PSOE, en el hombre inteligente, astuto, que siempre lo tiene todo bajo control, que bastaban pocos minutos para tener claro que, pese a los fallos del oponente, no tenía nada que hacer frente a él.

En resumen: tal como cabía esperar, el debate no aportó gran cosa, no le dio la oportunidad al candidato del Gobierno de mostrarse como una opción ganadora o capaz, al menos, de medirse con éxito con el rival y es posible que algunos de los indecisos que perseguía el de Solares, se decidieran por Rajoy. Rubalcaba demostró tanta inseguridad e impotencia, un discurso tan alejado de las preocupaciones de los ciudadanos, que perdió más que ganó en el debate.

2 comentarios:

jano dijo...

Carmen, totalmente de acuerdo con usted en lo que fue el debate, aunque yo no esperaba otra cosa.
Cuando vi a ambos contrincantes en el inicio, vestidos con tonos y hechuras de traje tan parecidos, tuve la sensación de contemplar a dos candidatos a delegados de curso de un colegio británico, exponiendo sus respectivos programas. No caí en los detalles que usted describe tan brillantemente porque los hombres no solemos fijarnos en esas menudencias, pero fui siguiendo su descripción y le doy la razón.
El debate "face to face", mostró a un Rubalcaba con el rabo entre las piernas como no podía ser de otra manera y resultó totalmente inútil, pues si algo hizo bien Zapatero, por primera vez en nuestra cuarentona democracia, es haber puesto de acuerdo a todo el país, incluídos sus acólitos, en que esto tiene que cambiar.
Un saludo, Carmen.

Carmen Quirós dijo...

Puede que también los acólitos de ZP estén de acuerdo con que hay que cambiar esto; pero lo que calló Rbcb cuando intentaba desacreditar el programa del PP reduciéndolo a la condición de máscara de otro infinitamente peor, es que gane quien gane, quien va a gobernar en España son Alemania y Francia, gracias al «pensamiento Alicia» que nos ha gobernado, que Rubalcaba compartió con el resto del equipo y que, por lo que se ve, mantiene.