20/10/10

Ecce homo


He aquí al hombre. Mírenle: mirada cándida, aspecto impecable (se puede discutir la elección de atuendo; pero para gustos colores). Éste es el hombre que ha salvado el final de la legislatura, conseguido el cierre del Estatuto Vasco tras treinta y tres años, el gran héroe.

Cierto que ha tenido que hacer pequeños sacrificios; pero eran por una buena causa. ¡Qué digo! Eran por LA CAUSA, lo más grande, lo más preciado, lo que da sentido a la vida de todo nacionalista y justifica la muerte de otros para alcanzar ese sueño acariciado.

No cabe duda (llevan desde la noche de los tiempos contándonoslo) que los vascos son, no personas de honor, sino la quintaesencia del honor, los vascos nacionalistas, quede claro. Los otros son buena gente, campechanos, afables, trabajadores infatigables, inteligentes porque lo llevan en los genes, a condición de que tengan cuarenta y ocho apellidos vascos, como mínimo. 

Seguro que fue consciente de que algunos españolistas indignos le tildarían de villano, oportunista y desleal con su lehendacari; pero eso es una estupidez. El lehendakari no es más que un vulgar maketo y encima de otro partido. No merece ninguna consideración. Tampoco hay que pararse en barras ridículas, como el apoyo a unos presupuestos venenosos para el resto del país. Lo importante es que el Gobierno de España le necesita y él está dispuesto a auxiliarle en estos duros momentos, a cambio, eso sí, de una pequeña concesión, nada menos que treinta y tantas transferencias, un pastizal en efectivo, la rotura de la Caja Única de las pensiones y un problema gordo para todos los demás.

No hay nadie tan feliz en este momento. «Pasaré a la historia de Euskal Herría con letras de oro». No se puede pedir mayor gloria. «Y ya que estamos, vamos a aprovechar la situación y conseguir un logro más: la protección de la marca del txacolí, chacolí, txacolín y chacolín (por si las moscas). Ese vino tan vasco que sólo lo apreciamos los vascos, tan nuestro, tan de la raza, tan unido a nuestra historia como la arena de las playas o las montañas de la tierra». Quienes sostienen que las viñas y las técnicas sean herencia de la invasión romana que apenas rozó su tierra y tuvieron que aprender el cultivo y la elaboración de los abuelos de los españoles es un infundio. Desde la noche de los tiempos cultivan las vides los vascos. De hecho, antes de que hubiera vascos en la tierra de autrigones, várdulos y caristios, ya cultivaban las vides en las fértiles tierras de Euskal Herría y fueron los griegos quienes les robaron las cepas y las técnicas de elaboración, que copiaron los romanos.

El resto del mundo mundial, cuando quiere registrar una marca, va a la Oficina de Patentes y Marcas e inicia los trámites establecidos para que se registre o acude a la que lleva los asuntos de las denominaciones de origen, que es lo que dice la ley que hay que hacer; pero Urkullu no quiere que los productores de tan excelsos caldos tengan que hacer lo que hace cualquier vulgar español, porque son vascos y ellos lo valen. Ha de ser el Gobierno quien se ocupe de realizar las gestiones precisas para ese registro. ¡Con un par!

Larga vida y honra al genio de la negociación que ha demostrado esa extraordinaria capacidad para arrancar en circunstancias tan difíciles el acuerdo alcanzado. La historia vasca le elevará al Olimpo de los Padres de la Patria Vasca. La historia, en general, puede que no lo mencione y que si lo hace, sea más como al Conde don Julián, que por satisfacer su ambición metió a España en un berenjenal de aquí te espero durante ocho siglos. Pero al final... Que hablen de mí, aunque sea mal. Eso es, seguro, lo que cuenta para él.

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