18/11/11

Comederos



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Manifestación por el fin de los recortes en la TPA. (Mario Rojas para 'El Comercio')

El coste de la televisión pública del Principado de Asturias (TPA) ascendía a cuarenta millones de euros, en números redondos, anuales. 

Los trabajadores del ente audiovisual ganan muy poco y están muy inquietos con la situación de recortes que aboca al cierre; pero cuando hablas con ellos y hurgas un poco te ofrecen esta información:

El problema de los costes radica, ante todo, en un abanico de productoras. No son los equipos propios de la TPA quienes se encargan de rodar los productos que exhiben, aunque tienen capacidad para ocuparse de la mayoría, sino una serie de empresas que venden a la cadena sus productos. Esas productoras están muy vinculadas a las formaciones políticas principales del Principado, en especial al PSOE (insisto en que transmito lo que me cuenta una persona que trabaja en el medio) y si el coste de la producción, por citar una cifra, es de dos euros, lo vende a diez a la TPA.

No me sorprende. He tenido ocasión de escuchar testimonios sangrantes pidiéndome consejo profesional ante una situación de nepotismo escandalosa. Envíe usted a su hijo a estudiar a un centro privado en el que lo forman en periodismo audiovisual y medios. Costéele un posgrado en un prestigioso centro, pongamos americano, que le da ocasión de trabajar con primeras espadas y adquirir una experiencia extraordinaria. El chico vuelve a Asturias con su santa inocencia, monta una empresa, convencido de que con sus referencias se comerá el mundo y descubrirá que no tiene opción ni  a vender fotografías para folletos; porque el coto está copado y no se le va a dar entrada en el festín, salvo que tenga contactos potentes con quien tiene mando en plaza.

La lista de cotos es interminable. Ese es el problema que enfrenta Cascos. Intenta romper esta dinámica de nepotismo y se encuentra, como es lógico, ante una oposición en la que PSOE, PP, e IU (en menor grado; pero también como parte del reparto de prebendas) ponen patas contra pared frente a una política que amenaza un tejido clientelar muy elaborado.

El Niemeyer, al que espero dedicar una entrada o más, cuando termine de reunir datos, es el último episodio de una trama en la que las instituciones públicas son utilizadas con fines privados para beneficio de unos pocos en el Principado de Asturias.

2 comentarios:

jano dijo...

Sí, querida Carmen, tiene toda la razón.
El caciquismo político de la Autonomía no tiene límites y sí muchos premios para los perroflautas sumisos que lamen la mano de quien les alimenta y se alimenta bien. Ya le comenté el otro día la corruptela en el campo que yo trabajo. La ubre de la vaca asturiana ya no da para más succión de tanto mamón.
Un saludo.

Carmen Quirós dijo...

Hemos de aceptar nuestra responsabilidad como ciudadanos porque no hemos sido capaces de generar una sociedad participativa que ponga coto a tanto desmán. Un saludo, Jano.