27/2/11

Fariseismo periodístico



Grafico Gonzalo de las Heras. Fuente: Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco.
Copiado del Blog de Edurne Iriarte 'Con Ánimo de Molestar' (ABC)

He de decir que Edurne no es la única que extrapola los fríos datos de la encuesta realizada por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco, para dotarlos de contenido y sacar conclusiones en las que todos coinciden en una santa indignación ante los resultados porcentuales que arroja la cuestión: «le importaría tener como vecino a...». El 55% de los encuestados responden que a un etarra, el 51% a una persona amenazada por ETA. De ahí deducen los periodistas que las víctimas están situadas en el mismo nivel para la población vasca que los asesinos.

Se les ha olvidado contrastar ese dato con el de otra columna: «las víctimas de cualquier acción terrorista merecen todo nuestro apoyo», el 71% de los encuestados estuvo muy o bastante de acuerdo. En la siguiente: «en ocasiones los actos terroristas pueden estar justificadas», el 59% en desacuerdo frente al 12 que están muy o bastante de acuerdo.

Es evidente que la muestra encuestada revela un apoyo mayoritario  a las víctimas, que el cincuenta y nueve por ciento de los encuestados declara de forma tajante que no existe justificación alguna para los actos terroristas y es mínima la proporción de ciudadanos, doce de cada cien, que cree que puede estar justificada.

Frente a esta evidencia, la prensa ignora el gran nivel de apoyo a las víctimas del terrorismo y de repudio a la acción terrorista y se alza presa del escándalo, rasgándose las vestiduras, acusando a los vascos de ser injustos con las víctimas y cómplices, en alguna medida, de ETA, al mostrarse renuentes a tener una víctima de vecino.

La cuestión es: ¿Por qué la prensa reacciona de este modo? ¿Por qué no contempla los datos en su conjunto y se detiene a analizar ese porcentaje que parece contradecir los índices de apoyo a las víctimas?

No tengo respuesta. Sí tengo la experiencia de lo que es convivir con el terrorismo, incluso la de ser objetivo de los asesinos. Cualquier persona que viva en el País Vasco sabe que los asesinos no se paran en barras, que les importan una higa los efectos colaterales de sus atentados; que si el método más sencillo para liquidar a la víctima es poner una bomba y cargarse toda la planta del edificio sin que les tiemble el pulso ante la evidencia de que matarán niños pequeños. Lo harán sin preocuparse lo más mínimo de llevarse por delante un puñado de vidas o integridades personales si la carnicería viene bien para sus fines.

Incluso las víctimas entienden ese temor, el riesgo que representan para su entorno, la nada desdeñable posibilidad de que, si deciden ejecutarle, no sólo acaben con su vida, sino que se carguen a ese niño que vive en el piso de abajo y que puede morir o sufrir un trauma terrible como testigo directo de su asesinato.

Pero los periodistas no. En lugar de denunciar a quienes son responsables de que la gente viva aterrorizada, bien porque sabe que puede ser asesinada, bien porque comparte edificio con alguien que lo está y eso les pone a todos en peligro, criminalizan, con absoluto fariseismo, a quienes acusan los efectos del terror que flota en el aire y prefieren mantener lejos de sí y sus familias las situaciones de riesgo. 

Una vez más, el periodismo muestra su lado peor, su actitud de connivencia con el terror, su ignorancia frívola o culpable de los hechos que somete a un supuesto análisis. Edurne Uriarte, dado su nombre y apellido, debería tener mimbres para hacer un buen análisis. Su prosa es muy buena, su trabajo brillante, con frecuencia. Lástima que como parece propio de su gremio, la brillantez de su pluma sea anulada por la pereza mental o por el ansia de despachar el artículo por la ruta más fácil, dedicándole el mínimo esfuerzo.

4 comentarios:

jano dijo...

Buenos días Dña Carmen.
Parece ser que con las víctimas del terrorismo, sea del sello que sea, ocurre lo mismo que con algunas enfermedades que han azotado a la humanidad a lo largo de la historia, especialmente las contagiosas, aunque también enfermedades no transmisibles pero con un cierto halo diabólico (la epilepsia, por ejemplo) o de culpabilidad por parte de quién las padece (las enfermedades de transmisión sexual-especialmente el SIDA- o las derivadas del abuso de sustancias). En ese sentido el terrorismo es una nueva enfermedad, constituída ya en pandemia, cuyos efectos colaterales asustan a la gente y relegan a las victimas a una especie de leprosería en la que quedan aisladas. Algo así como el vudú de ciertas culturas en el cual la víctima moría por el abandono de los demás y por el autoconvencimiento de una muerte inminente.
Me ha encantado su blog y lo seguiré con asiduidad.
Un saludo.

Carmen Quirós dijo...

Gracias por su visita, Jano. Será un placer verle por aquí en más ocasiones.

tonis dijo...

Hola, vengo de leer tu comentario en el blog del bilbaino de pro. Me ahorro los comentarios sobre este personajillo.

Cambiando de tema, se puede entender perfectamente el resultado de la encuesta si se mira desde la siguiente perspectiva: yo no querría a un amenazado de ETA por vecino porque la probabilidad de que me explote una bombona de gas en el rellano de la escalera de pronto se hace posible.

Se entiende ahora?

Saludos

Carmen Quirós dijo...

Buenas tardes, Tonis. En efecto, a usted se le entiende muy bien. Veo que a mí no; puesto que eso es lo que yo mantengo: que la presencia en el vecindario de una persona amenazada por una organización terrorista pone en peligro a todos los vecinos.

Si se hiciera esa misma encuesta en Madrid o en cualquier otra ciudad occidental, la respuesta sería la misma. Nadie quiere tener en el piso de al lado o en el de arriba a una persona amenazada por ETA, Al Qaeda o cualquier movimiento terrorista porque incrementa mucho tu propio nivel de riesgo.

Gracias por visitarme.