24/11/10

Lasciate ogni speranza voi ch'entrate

Un pasajero pasa junto a un cartel de la huelga en una estación de autobuses de Lisboa

Cartel de la huega general portuguesa en 'La Razón'

El cartel que figura en la puerta del infierno de Dante significa: «Abandonad toda esperanza los que entréis aquí».

El cartel de la huelga portuguesa: «Huelga general. Espera a ver lo que pasa» es la antesala del «abandonad toda esperanza».

España y Portugal, al igual que Irlanda, Grecia y otros países de la UE han estado recibiendo desde su incorporación a la eurozona fondos estructurales de cohesión para que mejoraran sus sectores agrarios, de comunicaciones y en general, para que dispusieran de fondos para modernizarse, obtener las estructuras necesarias para iniciar un camino que las acercara, incluso las igualara (en un rapto de optimismo) con los países más avanzados de la UE.

Portugal, hay que reconocerlo, invirtió esos fondos en lograr esas mejoras: construyó autopistas, modernizó aeropuertos, construyó otros y sentó las bases indispensables: buenas comunicaciones, para su desarrollo. 

El problema es que los fondos te proporcionan los caudales para hacer cosas; pero a partir de ahí, hay que recurrir a recursos propios para mantenerlas. Un gran aeropuerto, una autopista, unas infraestructuras modernas, conllevan gastos cuantiosos. No basta usar los fondos estructurales: hay que acompañarlos de una política que genere el volumen de recursos necesarios para sostener el gasto que llevan aparejado.

Ninguno de estos países dispuso del tiempo necesario antes de que la crisis hiciera temblar los cimientos del sistema para que esas políticas (cuando se aplicaron) se consolidaran lo suficiente para que el país tuviera capacidad de mantener una fortaleza suficiente ante las circunstancias adversas.

Una de las cosas que distinguen a Alemania del resto de los países, al menos a la parte de ese país que fue la Alemania Occidental antes de la reunificación, es su estructura social. Los alemanes se implican en los problemas, los sindicatos negocian con pleno sentido común, si van mal las cosas y hay que apretarse el cinturón, negocian los recortes mínimos; pero no ponen en peligro la economía con posturas que acabarán por hundir la empresa.

Grecia dio una lección de estupidez suprema como país, cuando tuvo que pedir ayuda para no quebrar y en lugar de asumir que tienen problemas, que están en la ruina y que lo más urgente es solucionar el la situación, sumó a lo que ya tenía encima una sangría más que irresponsable con huelgas generales en las que, como siempre, no faltaron numerosos actos vandálicos que aún perjudican más la economía individual y colectiva.

Portugal sigue el mismo camino. Al borde de la intervención, responde al intento (no vamos a discutir si se puede hacer mejor o de otra manera) con una huelga general, que, por suerte, fue pacífica; pero aún así supone una grave pérdida económica en un momento de crisis acuciante.

Me pregunto si nosotros vamos a ser los siguientes en dar muestras de estupidez supina. Si es así, estamos perdidos. La economía europea tiene un límite. Rescatar cuatro países, uno de ellos del tamaño del nuestro, va a poner en peligro el euro, si no lo hace desaparecer. Supongo que, en su momento, estudiarán los efectos del rescate y si ven que las cosas van a ponerse muy negras optarán por abandonarnos a nuestra suerte. 

Cuando un país se comporta con la irracionalidad que han mostrado Grecia y Portugal, con la contumacia que muestra el nuestro en no corregir los problemas estructurales, en no pactar con las autonomías un sistema que permita reducir gastos, reducir órganos redundantes e innecesarios, meter tijera en suma, en todo lo que ni es necesario, ni sirve para otra cosas que personas que no hacen nada, literalmente, ocupen cargos retribuidos, con frecuencia de modo espléndido, la conclusión es demoledora: Lasciate ogni speranza voi ch'entrate.

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