22/1/11

Firmado ante notario





El PP ha celebrado estos días una convención en Sevilla, pistoletazo de salida de la pre campaña electoral que sufriremos en los próximos meses y el titular de la jornada es la promesa de Mariano Rajoy de reducir, como mínimo, el 50% de los cargos políticos en la Administración.

Lo quiero por escrito y ante notario, señor Rajoy; porque esa es una de las primeras cosas que hay que hacer para recortar los gastos. Ahí sí que se ahorra una pasta gansa y no congelando pensiones. Incluso le exigiría llegar al 100%; porque los cargos políticos no suponen ningún beneficio para los españoles, no aportan nada positivo a la Administración y solo sirven para acomodar a los paniaguados de los partidos, con suculentos salarios que no tienen ninguna justificación.

Vientos oscuros se ciernen sobre el panorama electoral. El pasado miércoles el Senado aprobó prácticamente por unanimidad (235votos a favor y sólo 5 en contra) la reforma de la Ley Electoral de 1985. 

No he tenido acceso al proyecto de reforma; pero hay una reseña en LD que da pistas. La nueva ley afecta a las televisiones y radios  privadas, las obliga a someterse a las mismas normas de pluralidad y neutralidad, que obligan las públicas.

Las Juntas Electorales se convierten en órganos competentes para programar y controlar los contenidos de las tertulias y las entrevistas que se realicen en radio y televisión, en tanto estén vinculadas con la campaña, al igual que el contenido de los informativos.

Torbellinos de imágenes se desencadenan en mi cabeza rescatando de los arcanos de mi memoria la neutralidad con que han venido actuando las cadenas públicas hasta ahora en las campañas electorales. Si se va a obligar a las privadas a seguir la misma línea, esto va a ser dantesco. 

Asombro sin límites ante la certeza de que el PP ha apoyado esta ley que supone una nueva vulneración de la Constitución en uno de los derechos fundamentales, el articulo 20, que blinda la libertad de expresión e información.

Una nueva censura encubierta. Va a ser muy interesante ver los grados de manipulación que presenciaremos y los hitos que acaecerán cuando las Juntas Electorales tomen posesión del papel de los antiguos censores franquistas en este incremento en la campaña de ataque a los medios de comunicación.

Las elecciones municipales y autonómicas van a ser una toma de contacto muy interesante (puede que también espantosa) con lo que vamos a vivir en la campaña de las generales. 

Murcia puede ser el laboratorio en el que se está preparando la acción que se extenderá a las autonomías y municipios que pierda el PSOE. Si el problema de Murcia se extiende a todos los feudos que gane el PP, será una muestra clara de lo que nos espera si los socialistas pierden las elecciones generales. 

Temo que la violencia callejera, las huelgas constantes, las agresiones y las descalificaciones se conviertan en el pan de cada día. Confiemos en que los informes agoreros que nos vaticinan ese futuro no sean más que el fruto de una visión catastrofista de unos lunáticos y que la desaparición de este gobierno suponga una pronta eliminación de la división entre españoles que tanto se aplicaron a practicar nuestros actuales gobernantes. 

No sería sensato ignorar que esa política, la única que ha  mantenido con perfecta coherencia y eficacia nuestro gobierno desde el primer momento, sigue haciéndolo y lo llevará hasta el final de la legislatura, ha generado el caldo de cultivo perfecto para que opere el agit pro con perfecta eficacia. Aún así, quiero creer que si el PSOE sufre el descalabro previsible en las urnas, aborde de forma inmediata un borrado total del panorama de las camarillas que han apoyado esa política y tome el control el ala sensata, moderna y civilizada del partido. 

A fin de cuentas ellos y sólo ellos son responsables de la elección de este castigo que sufrimos los españoles, del nombramiento de Zapatero, primero como Secretario General del partido y luego como candidato a la Presidencia del Gobierno. Han estado dos legislaturas completas riéndole las gracias, colaborando en la tarea de destrucción social, económica, ética y de convivencia del país.

Ahora nos deben lealtad, respeto a nuestro incuestionable derecho a elegir a quien consideremos adecuado para regir nuestros destinos. Eso es la democracia que dicen llevar en sus genes y si el dictador Aznar y su partido supieron aceptar el resultado de las urnas, ellos no pueden ser menos. Su genética lo exige y los españoles se lo imponemos.

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