31/1/11

Desde la noche de los tiempos




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El invierno tiene un simbolismo propio para la humanidad desde las etapas más remotas. El frío, la escasez de alimento, las enfermedades asociadas a las inclemencias del tiempo, las largas noches y la frecuencia de días plomizos, se conjugan para asociarlo a la imagen de un tiempo en el que se ha de invocar el favor de los dioses de la fecundidad, mediante rituales de purificación y protección. 

El primer ritual en esta línea  en el calendario de fiestas romanas, eran las amburbia o amburbiales, que se celebraban según unos autores antes de los idus de enero y según otros, el dos de febrero y tenían como objetivo primordial purificar el entorno de la urbs, mediante un ritual llamado a conjurar la enfermedad y los peligros que la acechaban. La diosa rectora de esta ceremonia era Démeter y la víspera, las mujeres la acompañaban en busca de su hija Perséfone  formando un cortejo portador de teas encendidas. 

Las lupercales se celebraban el 15 de febrero y tenían connotaciones similares: un ritual de purificación y fertilidad, en este caso, de un pronunciado carácter individual, mientras la fiesta anterior invocaba la protección colectiva.

Es probable que ambas fiestas dejaran tras sí una tradición folclórica como germen de una festividad cristiana: la Virgen de la Candelaria, en la que la presencia de la luz, ahora de velas, que en algunos lugares tienen distintos colores según la petición que deban alumbrar: quedar encinta, contraer matrimonio o recuperar la salud, entre otras. En ella, desde luego, aparecen rituales populares en los que se entremezclan elementos de ambas fiestas.

Tal vez debamos celebrar en todo el país la fiesta de La Candelaria con el mayor fervor, sea en el ritual cristiano, sea en los de las festividades romanas; porque hay mucho que implorar: que los dioses nos libren, como colectivo y como ciudadanos individuales de la catástrofe que se cierne sobre nosotros y de los demonios que nos afligen en forma de políticos nefastos. 

Y es que hoy sucedió que nuestro nunca bien ponderado presidente, en la clausura de la convención autonómica del PSOE, pidió que en 2011 no se hable del partido ni de la candidatura. Ahora toca hablar de España y centrarse en adoptar las medidas para superar la crisis. Es tiempo de reformas. 

El problema es que, como siempre, frente a ese optimismo y esas ganas de trabajar por el país que le han entrado de repente, surgen voces que nos desalientan. 

ABC publica hoy una entrevista a Jurgen  Donges, académico del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia, ex-presidente del Consejo de Expertos en Economía de Alemania (de los denominados «Los Cinco Sabios») y tras escuchar al señor Rodríguez decir que lo importante son las reformas, va y nos baja la moral diciéndonos que las reformas de pensiones y cajas de ahorros llegan tarde pero van en una dirección más o menos correcta. O sea, que lo estamos haciendo tarde y mal.  

Y por si esto fuera poco, declara sin cortarse lo más mínimo:

«Los mercados financieros estarían más tranquilos si el líder político de España fuera otro, uno que entienda cómo funciona una economía social de mercado, que tenga capacidad de gestión y que acepte los condicionamientos que para la política económica nacional emanan de la pertinencia del país a la zona euro».

Se puede decir más alto, pero no más claro: España tiene en el timón un dirigente que no entiende cómo funciona una economía social de mercado, que no tiene capacidad de gestión y no acepta los condicionamientos que emanan para la política económica nacional de la pertenencia a un país de la zona euro. 

Como ha quedado claro que no toca hablar de los planes del presidente, que va a quedarse hasta el final y se verá si repite intento, pues eso: encendamos velas, antorchas, recorramos nuestras ciudades buscando a la hija de la Gran Madre para ganar su favor, salgamos luego al alfoz para recorrer la periferia y terminemos con el sacrificio ritual, vayamos bajo la higuera a sacrificar un perro y un macho cabrío y hacer tiras los cueros desollados  o adoptemos el ritual de La Candelaria (después de todo no tienen por qué pagar los animales con su vida lo que causamos nosotros con nuestro voto). Lo que sea; pero no podemos desaprovechar una ocasión de conjurar el favor de los hados para que nos libren de tanto mal. Amén.


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